El Panteón de los Marqueses de Moya en peligro – Carboneras de Guadazaón, provincia de Cuenca

© William Navarrete

De la carretera que enlaza a Cuenca con Teruel (la N-420) surge, imponente en su monumentalidad, lo que se conoce como Panteón de los Marqueses de Moya, que no es más que la antigua iglesia del convento de Santa Cruz, construido en 1500 por la orden de los Dominicos. Se encuentra en el pueblo de Carboneras de Guadazaón, provincia de Cuenca.

El convento desapareció y sólo ha quedado como testigo de aquellas gloriosas épocas en que España se constituía como reino unificado esta iglesia de planta de cruz latina y única nave con bóvedas de crucerías en donde reposan los primeros Marqueses de Moya. Por ello, se le conoce también como Panteón de los Marqueses de Moya, personajes claves para la historia contemporánea de España y hoy un tanto olvidados, a pesar de haber tenido importancia capital en la Reconquista y también en el descubrimiento de América. A estos personajes, Andrés Cabrera y Beatriz de Bobadilla, la corona de Castilla debe mucho. Gracias a las influencias del primero se concretó el primer viaje de Cristóbal Colón ante una titubeante Isabel de Castilla, por ejemplo. Por sus múltiples e importantes servicios fueron ennoblecidos ambos con Marquesado de Moya y Señorío de dicha villa de la región de Cuenca.

Pero sucede que este patrimonio de incalculable valor se encuentra hoy en peligro. Sobrevive si acaso (y se le puede visitar) gracias a la abnegación de los voluntarios. La fachada y muros laterales del noble edificio están agrietadas. El arco que separa el vestíbulo del resto de la nave está visiblemente rajado. Las vigas que servían de contrafuerte al espacio delantero fueron retiradas para utilizarlas en la restauración de la iglesia del pueblo y, en consecuencia, los muros se separan lenta y progresivamente hasta que un día el derrumbe de la nave se produzca y con él el de la fabulosa portada renacentista, una de las más bellas que he visto en la región. Y todo ello, muy a pesar de la intervención en 2015 para consolidar el tejado, de la que se hacía eco con bombos y platillos la Diputación de Cuenca en el diario ABC.

De más estar decir que las famosas tablas de Juan de Borgoña que decoraban los altares no queda nada pues se las llevaron al Museo Diocesano de Cuenca. En su lugar colocaron unas reproducciones de mala calidad, auténticas chapuzas, que a penas permiten suponer el esplendor de los originales ausentes.

Es la Iglesia propietaria del Panteón y poco hace por su salvaguarda. El título lo posee hoy la Casa de Alba que, como Poncio Pilato, se lava las manos y arguye tener poco que ver con un monumento que ya no poseen.

Mientras tanto, entre bretes y burocracias de a quién le corresponde restaurarlo, el Panteón, de espléndida y altiva presencia, espera a que un milagro lo salve del derrumbe y a que se le dé nueva vida a su espaciosa nave, tan deslucida después de tantos escarnios y expolios.

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Este fabuloso ensayo sobre los orígenes del pueblo puede adquirirse en la entrada del Panteón de los Marqueses de Moya. Documentos para la historia de Carboneras de Guadazaón.

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