El arte de la entrevista / libro de Olga Connor

Durante mi estancia en Miami, mi querida amiga Olga Connor me obsequió con una de esas fiestas memorables que ella suele hacer para festejar la salida y presentación de mi novela Deja que se muera España (Tusquets, 2017) en Books and Books.

Allí también me dedicó un ejemplar de su reciente y enjundioso libro: El arte de la entrevista, en donde compila más de 50 entrevistas a personalidades tan variadas y valiosas como Oscar Hijuelos, Eugenio Evtushenko, Ellen Goodman, Octavio Paz, Rita Moreno, María Kodama, Olga Guillot, René Touzet, José Triana, Almudena Grandes, entre muchos más.

Agradezco a Olga que haya incluido entre tantos ilustres la entrevista que me hiciera en 2014 con motivo de la salida de Fugas (Tusquets), mi segunda novela.

Por Deja que se muera España, con Olga Connor, Juan Cueto-Roig, Irela Ferrer, Germán Guerra, Isaac Rodríguez, Rosie Inguanzo, Fausto Canel, y muchos más que no están en las fotos porque quedaron borrosas.

 

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Deja que se muera España / por Juan Cueto

Una reseña de Juan Cueto-Roig sobre mi novela Deja que se muera España (Tusquets, 2017), después de la presentación de Books and Books de Coral Gables, por Grace Piney.

La reseña en Cubaencuentro. Pulsar aquí:

Deja que se muera España / William Navarrete / Cubaencuentro

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Presentación “Deja que se muera España” en Books and Books / Miami

He quedado muy satisfecho con la presentación de mi reciente novela Deja que se muera España (Tusquets, 2017) en la hermosa librería Books and Books de Coral Gables. La sala repleta de amigos y más de 20 primos y primas (sala repleta), un momento único para retomar el hilo roto de nuestra historia común, de los orígenes, de los azares y, sobre todo, del afecto y de la literatura.

Lo más frustante es no poder dedicar un aparte a cada uno porque, como se sabe, en esas presentaciones no da casi tiempo para revertir todo el cariño que se recibe. Pero mi gran satisfacción es el intercambio entre todos, que se vean y compartan, y que de ahí salgan planes y futuros encuentros.

Sin que falte la cena de más de 20 amigos y parientes (dos grandes mesas completas) en el Versailles, nuestro templo gastronómico del South West.

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Présentation de “Lueurs voilées du Sud” à la Maison de l’Amérique Latine de Paris

Presentación ayer en la Maison de l’Amérique Latine de París de la edición bilingüe de mi poemario Lumbres veladas del Sur/Lueurs voilées du Sud, originalmente publicado sólo en español en Valencia (2008) y, ahora, en francés y español por las ediciones Oxybia, en Grasse (también en el Sur).

Presentación a cargo de Eyda Machín y de su asociación Livres-et-Lieux. Gracias a los muchos amigos y lectores que nos acompañaron en esta hermosa noche de poesía. En la foto los que quedábamos ya al final cuando había terminado de firmar los libros.

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Barfleur – Cotentin

Barfeur es uno de los pueblos del extremo norte del Cotentin, esa península francesa, casi salvaje, que se adentra en el Canal de La Mancha, y que vive al ritmo de sus grandes mareas. Como mucho de estos pueblos costeros tiene su propia identidad, marcada por la pesca, el cultivo de ostras y almejas, además de la dureza de la vida. La cercanía a Inglaterra hace que edificaciones y monumentos recuerden los que existen en la orilla opuesta de La Mancha. Su iglesia, bajo la advocación de San Nicolás, es maciza y tiene algo de fortaleza. Su techo tiene la forma de la quilla de un barco y en su interior el mobiliario recuerda las capillas de la campiña inglesa. A Barfleur se va para olvidarse del mundo. Y en esta época es una maravilla pues con un poco de suerte hasta sol hay.

En Barfleur vivió Signac quien pintó a la manera impresionista su puerto. Abajo el cuadro de Signac con vista de la Iglesia y la casa, frente a ésta, donde vivió.

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Château de Pirou – Cotentin

Otro hermoso castillo medieval del Cotentin francés. Data del siglo XII y su existencia se debe a las invasiones vikingas. Existen muchas leyendas al respecto siendo una de las más conocidad la “de las ocas”. El castillo es parte de la misma fundación de la Abadía de La Lucerne. De hecho, con sacar la entrada a uno de los dos monumentos basta para visitar el otro.

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La Casa Cuba en la Cité Universitaire de París / hoy en El Nuevo Herald

Hoy en El Nuevo Herald escribo sobre la Casa Cuba de la Cité Internationale Universitaire de París, Fondation Rosa Abreu de Grancher.

Pulsar para el artículo: La Casa Cuba en la Cité Universitaire de París / William Navarrete

Las fotos las tomé todas hace apenas una semana.

Aquí les dejo el artículo y las fotos (entre las que figuran el busto de Martí de Sicre, le retrato al óleo de Pierre Sánchez Abreu, el busto de Felipe Poey, la biblioteca en caoba cubana, los medallones representando los escudos de provincias y pueblos de Cuba, la fachada, entre otras.

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La Casa Cuba en la Cité Universitaire de París

William Navarrete* / El Nuevo Herald (Trasfondo),  5 de noviembre de 2017

Un proyecto humanista

La Cité Internationale Universitaire (ciudad internacional universitaria) es un campus de 34 hectáreas en la periferia sur de París que nace de la idea de dar alojamiento a los estudiantes extranjeros o de otras provincias de Francia que venían a la capital a realizar sus estudios.

Gracias a André Honnorat, ministro de la instrucción pública en 1920 e impulsor del proyecto, al rector de la Academia de París de aquel entonces y al apoyo financiero del rico industrial de la Lorena, Emile Deutsh de la Meurthe, la idea pudo fructificar y el proyecto, que incluía un urbanismo ajardinado muy innovador para la época, vio la luz en 1925.

Los países interesados en participar y en administrar en aquel sitio privilegiado, frente al parque de Montsouris, de una residencia para alojar a sus estudiantes disponían de plena libertad en cuanto al diseño arquitectónico de sus edificios. La Cité Universitaire (CIUP) nacía de una vocación internacional y humanista que alentara la convivencia pacífica entre todas las naciones del mundo después de los dolorosos episodios de la primera Guerra Mundial.

Generosos mecenazgos

Uno de los primeros edificios construidos, la Casa Internacional – espacio común en donde confluían todos los habitantes del campus – fue financiado por el millonario y filántropo norteamericano John D. Rockefeller quien ya había aportado los fondos necesarios para la restauración los castillos de Versailles y Fontainebleau. La imponente construcción de 22 000 m2, diseñada en 1933 por el arquitecto Jean-Frédéric Larson, se inspira de la arquitectura del clasicismo francés y, fundamentalmente, del castillo de Fontainebleau por el que Rockefeller sentía particular afecto.

La cuarta casa construida, después de las de Francia, Canadá y Bélgica, fue la Maison de Argentina, en tiempos de Marcelo T. de Alvear. Sus formas imitan la arquitectura de las célebres estancias ganaderas de la Pampa y fue financiada en gran medida por el industrial argentino de origen alemán y creador de la cervecería Quilmes, Otto S. Bemberg, abuelo de la conocida directora de cine María Luisa Bemberg. La casa fue diseñada por dos arquitectos franceses y el porteño (también pintor) Tito Saubidet. El conjunto posee 50 habitaciones repartidas entre un edificio más grande y otro más pequeño.

La Casa Cuba o Fundación Rosa Abreu Grancher

De América Latina sólo cuatro países poseen sus propias residencias en la Cité Universitaire: Argentina (1928), Cuba (1933), México (1953) y Brasil (1959), algo que refleja muy bien la pujante situación de Cuba en la época republicana. La de Brasil, por ejemplo, es obra del arquitecto Lucio Costa con la colaboración de Le Corbusier, quien ya había construido en la Fundación Suiza.

La Casa Cuba o Fondation Rosa Abreu de Grancher, una de las primeras de la Cité, surge por la voluntad de los hermanos Pierre y Rosalía (llamada ‘‘Lilita’’) Sánchez Abreu, quienes le dan el nombre de su tía, Rosa Abreu Arencibia, esposa del profesor francés Jacques-Joseph Grancher, que no debe ser confundida con su hermana Rosalía, la dueña de la célebre Finca de los Monos, y madre de los mencionados Pierre y ‘‘Lilita’’. El acta de fundación de la Casa data de 1929 y se encargó su diseño al arquitecto francés Albert Laprade, quien inspirándose en la elegante arquitectura del clasicismo francés dotó su fachada de un juego de volúmenes que recuerda a la Catedral de La Habana.

Durante mucho tiempo fue la más lujosa de las residencias universitarias del campus. Poseía ascensor, lavandería y cada habitación disponía de su baño privado con bañadera. Del mobiliario original se conservan las estanterías, el revestimiento de la gran biblioteca y varias piezas (muchas con la placa que anuncia el nombre de su fabricante habanero) repartidas entre las habitaciones, todo hecho con caoba de Cuba. En la biblioteca es posible ver un retrato al óleo de Pierre Sánchez Abreu, otro del urólogo Joaquín Albarrán, un busto de Felipe Poey y gran cantidad de volúmenes relacionados con la historia de la Isla. En la entrada, un busto de José Martí, obra de Juan José Sicre (autor del Martí de la Plaza Cívica habanera, hoy llamada de la Revolución) y donado por su hijo José Francisco Martí Zayas-Bazán.

Escudos e historia de la Casa Cuba

El escudo nacional y los de las seis antiguas provincias de Cuba fueron incorporados en forma de medallones a la fachada principal del edificio y adornan las paredes a ambos lados del gran portón de acceso. Además de estos seis escudos, las dos fachadas laterales y la posterior ostentan los de numerosas ciudades cubanas como Santiago de las Vegas, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Sagua la Grande, Santa María del Rosario, Guanabacoa, entre otras.

Entre los últimos becarios que allí vivieron, se encuentran artistas y escritores cubanos que salieron de Cuba entre 1959 y 1960, de los cuales muchos se quedaron definitivamente en París. Entre ellos, cabe recordar a Néstor Almendros, Hugo Consuegra, Tomás Marais, Agustín Cárdenas, Ramón Alejandro, Jorge Pérez Castaño, Gina Pellón, Roberto García-York, Agustín Fernández, Joaquín Ferrer. Y entre los que regresaron Loló Soldevilla, Rine Leal y el malogrado Acosta León, quien cayó al mar (muchos creen que se trató de un suicidio) del barco que le llevaba de vuelta a La Habana en 1964.

Tras la muerte de Pierre Sánchez Abreu, su hijo Jean-Claude Abreu, fallecido en 2006 en París, quedó al cargo de la fundación que administraba la Casa Cuba a partir de 1955. Los últimos becarios llegaron en 1959-1960, y poco tiempo después cesó el intercambio entre la fundación y el nuevo ministerio de cultura cubano. La Casa de Cuba entró en un periodo de limbo porque su razón de ser, la de servir de techo a estudiantes cubanos para que estudiaban en París, cesó bruscamente poco después del triunfo de la revolución. Este conflicto cesó cuando quince años después la Casa quedara bajo la tutela de las instituciones universitarias de París.

Renacimiento

Después de años de olvido en que las estructuras originales se estaban deteriorando, la casona recibió una profunda restauración y volvió a abrir sus puertas en diciembre de 2011. El objetivo era conservar su caché de antaño, a la vez que adaptarla a las nuevas normas de seguridad y exigencias de hoy día como retirar las fibras de amianto de su estructura.

La operación, por un costo de más de 5 millones de euros (explicada en detalle por Le Moniteur del 4 de enero de 2012) fue el resultado de la colaboración conjunta entre la Cité Universitaire y la Asistancia Pública-Hospitales de París que, en lo adelante, utiliza el edificio para alojar a estudiantes extranjeros del sector sanitario.

El 10 de diciembre 2014, se evocó un protocolo de intercambio entre la dirección actual de la Casa y la embajada de Cuba en París que se ha mostrado interesada en estos últimos tiempos en recuperar la influencia sobre uno de los edificios más emblemáticos de la historia contemporánea cubana en la Ciudad Luz.

* Escritor cubano establecido en París

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Le château de Gratot – Cotentin

Nuestro viaje continúa. Una pausa en el castillo de Gratot, construido en el siglo XIII y feudo de los Argouges. Un sitio encantador que no hubiera existido si una asociación de voluntarios no se hubiera empeñado en restaurarlo después de muchos años de abandono.

En el castillo nació la leyenda de un hada. Una leyenda hermosa que cuenta que el señor de Gratot regresaba un buen día de la caza cuando se sintió profundamente atraído por una voz de mujer muy dulce. Era un hada y al verla quedó prendado de ella, pero sucedió que para que su unión fuese posible nunca podía pronunciar la palabra “muerte”. Pero un día que daba un banquete al ver que demoraba demasiada pronunció una frase: “Damas que sois tan lentas en las tareas, ¿lo seréis también a la hora de la muerte?”. Un grito desgarrador llegó a todos desde la torre, y cuando corrieron al pie de ésta alcanzaron a ver al hada en el momento en que quedaba pulverizada y dejaba en el dintel de la ventana la huella del pie que aún se puede apreciar.

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Grandville, tierra de corsarios / Cotentin (Normandía)

Grandville, sobria ciudad que desafía las fuertes mareas, fue durante mucho tiempo tierra de corsarios. En la parte alta y más antigua de la ciudad se ven las casonas de estos lobos de mar, construidas con el capital que lograban reunir al despojar a los galeones cargados de oro y otras riquezas en el océano Atlántico.

Cuando hace buen tiempo – y fue el caso durante nuestrz estancia – es muy agradable recorrer sus calles, asomarse a los acantilados, caminar por la playa con la marea baja y entregarse a los placeres de la mesa, sobre todo, de mariscos frescamente traídos por los muy activos pescadores de la ciudad.

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Abadía de La Lucerne / Cotentin, Normandía

La Abadía de La Lucerne, en el Cotentin francés, región de La Mancha, a unos kilómetros de Grandville. Ese día, la niebla era espesa y me daba al sitio un aspecto fantasmagórico.

La abadía fue fundada en el siglo XII. Pertenecía a la orden premonstratense o mostense, fundada en ese mismo siglo, que seguía la regla de San Agustín. Como muchas abadías de la región sufrió los embates de la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, así como los de la Revolución Francesa. Lo que vemos hoy es el fruto de las restauraciones realizadas a partir de 1959 por el abate Marcel Lelégard y de la Fundación Abadía La Lucerne d’Outremer.

En el sitio, la iglesia de la abadía contiene los sapulcros o yacientes de personajes relacionados con su historia, como el de Hasculphe de Subligny, fundador de la abadía en el año 1143. En repisas colocadas a lo largo de las paredes laterales pueden admirarse numerosas tallas y esculturas de piedra de gran belleza y antigüedad. También se puede visitar lo poco que queda del claustro y el refrectorio, perfectamente conservado con su techo en forma de quilla de barco. Otro de los elementos admirables es el palomar que data del siglo XIII y se considera en más antiguo conservado de toda Normandía.

Agradezco a la Fondation Abbaye de La Lucerne d’Outremer por esa visita.

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