Isla en la Luz / Island in the Light – 35 artistas y 30 escritores cubanos

Antes de seguir contando el viaje a la India – que es largo y no siempre tengo tiempo para subir las fotos – acuso recibo de un voluminoso y enjundioso libro de 360 páginas, en edición bilingüe español e inglés, de la autoría de la Jorge M. Pérez Family Foundation.

Todo el mundo, o casi, conoce el Pérez Art Museum, a orillas de la bahía de Biscayne, en Miami. Un museo que acoge la colección de arte contemporáneo del empresario cubanoamericano Jorge Pérez. En estos días justamente ha circulado en la prensa la noticia de la donación de una considerable suma de dinero por parte de Jorge Pérez al Museo Reina Sofía de Madrid, justamente para la adquisión de obras de arte.

El libro que acabo de recibir, y del que me honra ser uno de los 30 escritores que participa en él, fue concebido a partir de una idea original de Wendy Guerra. Lo coordinaron entre ella y Leonardo Padura, y contaron con la colaboración especial de Carlos Garaicoa.

En el libro 30 escritores cubanos escriben un cuento, relato, poesía u otro género, inspirado en una obra de un artista cubano de la colección del Pérez Museum. A mí me tocó Girasoles de Tania Bruguera y pensando en ella escribí un cuento titulado “Griselda, el vendaval y los girasoles”.

Como no puedo citar cada autor, cada trabajo y cada obra saqué una foto del Indice (ver abajo), en donde están todos los participantes (escritores y artistas).

Los escritores que participan, por orden de aparición, son:

Mylene Fernández, Rosa Lowinger, Ramón Fernández-Larrea, William Navarrete, Karla Suárez, Jorge Enrique Lage, Alex Fleites, Manuel García, Abilio Estévez, José Pérez Olivares, Leonardo Padura, Iván de la Nuez, Wendy Guerra, Daína Chaviano, Luis Manuel García, José Kozer, Francisco López Sacha, Reina María Rodríguez, Arturo Arango, Carlos Pintado, Reinaldo Montero, Ana Mendienta, Rafael Grillo, Achy Obejas, Atilio Caballero, Orlando Hernández, Pedro Juan Gutiérrez, Mayra Montero, Legna Rodríguez Iglesias y Víctor Rodríguez Núñez.

Los artistas sobre los que estos escritores escriben son:

Juan Carlos Alom, Alexandre Arrechea, José Bedia, Tania Bruguera, Alejandro Campins, María Magdalena Campos Pons, Iván Capote, Yoan Capote, Elizabeth Cerviño, Tomás Esson, Roberto Fabelo, Leandro Leal, Teresita Fernández, Diana Fonseca, Carlos Garaicoa, Flavio Garciandía, Diango Hernández, Julio Larraz, Glenda León, Reynier Leyva Novo, Los Carpinteros, Enrique Martínez Celaya, Francisco Masó, Ana Mendieta, Glexis Novoa, Michel Pérez (Pollo), Eduardo Ponjuán, Sandra Ramos, René Francisco Rodríguez, Lázaro Saavedra, Zilia Sánchez, Rubén Torres Llorca, Antonia Wright y José Yaque.

Sólo Ana Mendieta aparece como autora de un texto sobre su propia obra.

Además, en el libro aparecen códigos QR que pueden ser cargados desde teléfonos móviles para oír la música que el compositor Pável Urkiza compuso para acompañar el libro.

También colaboraron traductores, y trabajaron en el concepto editorial dos curadoras del Museo: Patricia Hanna y Anelys Álvarez-Muñoz. La portada es un fragmento de una obra del artista Yoan Capote.

Es un lindo proyecto y lo que más me gusta es que, en armonía, se han reunido cubanos de todas partes – de Francia, Italia, Suiza, Portugal, España, México, Puerto Rico, Estados Unidos, Cuba, etc, para contar, cada uno según sus propias referencias y con su propio prisma, un pedacito de la Isla.

Island in the light / Isla en la luz es un libro que hay que ir hojeándolo poco a poco, descubriendo hoy un texto, mañana un artista, pasado una de las piezas musicales de Urkiza.

Es de agradecer, sobre todo, que de una isla rota y desperdigada aparezca de pronto un libro como este: moderno pero con sólido andamiaje. Un libro que resume muy bien lo que ha ido quedando de nosotros.

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Island in the light / Isla en la luz / Jorme M. Pérez Family Foundation

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Indice

 

 

 

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Matera, hoy en El Nuevo Herald

Hoy en El Nuevo Herald escribo sobre un viaje a Matera, ciudad Patrimonio Mundial de la Humanidad que es la segunda en población de la Basilicata italiana.

Matera es una ciudad misteriosa, única, extraña. Poco conocida. Las fotos las toméé yo (como siempre). Sale también el domingo próximo en la versión digital del periódico. Matera es en 2019 capital europea de la cultura.

Buena lectura.

Artículo William Navarrete / El Nuevo Herald / Matera, capital cultural europea 2019

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Matera, capital europea de la cultura en 2019

William Navarrete* / El Nuevo Herald, 8 marzo 2019

Matera, segunda ciudad de la región de Basilicata, es una de las ciudades más misteriosas de Italia. La envuelven leyendas y la estremecieron sucesos que no siempre fueron halagüeños, entre los que se sobresalen terremotos, epidemias y conflictos bélicos. En los años 1950, por ejemplo, el Estado italiano obligó a los habitantes de la parte antigua a abandonarla dado su insalubridad. Desde entonces, y en la medida en que ha sido restaurada, Matera ha vuelto a ser uno de los sitios más espectaculares del país. En 1993, la UNESCO la declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Parte de su aura de misterio se debe a que esta ciudad troglodítica de la Basilicata se halla en una de las regiones más recónditas de la ‘‘Bota’’. Por su extraña topografía, el ambiente particular que propician las cavidades (los famosos sassi) utilizadas viviendas desde la Prehistoria, y por no haber sufrido prácticamente cambios, ha servido de escenografía a muchas películas sobre los tiempos bíblicos: El Evangelio según San Mateo, de Pasolini; La pasión de Cristo, de Mel Gibson y Viva l’Italia, de Rossellini, entre otras.

Matera posee tres barrios. Dos de ellos son los llamados Sasso Caveoso y Sasso Barisano, que corresponden a la parte antigua, y el tercero a la ciudad del siglo XIX. Al pie de estos se abre un cañón relativamente profundo que el torrente Gravina ha ido cavando con el tiempo.

La roca caliza de Matera es la famosa toba, resistente y maleable. A la vez que impregna la arquitectura de gran homogeneidad, le da una tonalidad de crema deslavado poco corriente. Tal vez por esto, Matera fue hermanada con la ciudad jordana de Petra. Sarracenos, bizantinos, normandos, angevinos, emperadores alemanes y aragoneses ocuparon la ciudad hasta el siglo XVI. Los franceses liderados por Bonaparte trasladaron la capital de la región a Potenza, haciendo que Matera comenzase a declinar con el tiempo.

Después de cavernas transformadas en casas, son las iglesias rupestres su atractivo principal. Se caracterizan por su gran sencillez. Sus naves se adaptan a la topografía natural y, en general, poseen un altar de tuba y frescos relativamente bien conservados. Son muy numerosas y entre ellas se destacan la de Santa Lucía de la Malva (con frescos del siglo XI, antiguo convento de monjas benedictinas), la de Santa Bárbara (con hermosos frescos de los cuales uno posee carácter profano), Santa María de Idris que comunica con San Giovanni de Monterrone, las llamadas Iglesia del Sol y San Nicolás el Griego, que forman junto con la de Nuestra Señora de la Virtud, un conjunto religioso perfectamente restaurado y utilizado en ocasiones para exposiciones de arte contemporáneo.

La Iglesia de San Pietro Barisano es uno de los sassi más notables. Fue construida en 1755 por los esposos Francesco Gattini y Candida Venusio, y posee frescos en excelente estado de conservación. Existe además un complejo de cuatro iglesias llamado ‘‘Convicinio’’ de San Antonio que incluye las iglesillas San Primo, San Donato, San Eligio y San Antonio Abate.

Más reciente, la Catedral Santa María de la Bruna, en estilo románico apuliano, data del siglo XIII, aunque el interior es barroco debido a una restauración del siglo XVIII. Posee además un antiguo fresco bizantino recientemente descubierto.

En lo más alto de la ciudad podemos ver las románticas ruinas del Castillo Tramontano, residencia del podestá de Matera. Su construcción comenzó en el siglo XVI por orden de Juan Carlos Tramontano, pero la obra quedó inconclusa a raíz de la célebre revuelta popular de 1514 que acabó con el poder de estos barones.

Por último, la Cripta del Pecado Original posee una de las pinturas parietales rupestres de la Alta Edad Media (siglo IX dC) más importantes del mundo, por lo cual se le conoce como ‘‘la Capilla Sixtina’’ de este tipo de arte.

Las tradiciones se mantienen muy vivas. La fiesta de la Bruna, patrona de la ciudad, se celebra con bombos y platillos cada 2 de julio desde hace 600 años. Las procesiones son multitudinarias, los cortejos vistosos. La ciudad posee numerosos hoteles perfectamente equipados. El mejor es el Palazzo Gattini, aunque existen otros de excelente servicio como el Ridola (instalado en una edificio de época) y el Palace. En una categoría mucho más económica y buen confort se hallan el Albergo Roma y la Locanda de San Martino. La gastronomía tiene particularidades regionales y son corrientes las salchichas típicas de esta zona y se elabora un pan de forma y sabor únicos en el mundo.

La ciudad ha sido declarada ‘Capital europea de la cultura’ en 2019. Una visita a Matera necesita de cierto tiempo y sugiero no quedarse en ella menos de tres días pues hay muchos monumentos y los horarios no están siempre sincronizados. También es una ciudad a la que se debe regresar, ya que nos deja la impresión de que nos reserva misterios que aguardan por que un día alguno de nosotros logre desentrañarlos.

 

* Escritor cubano residente en París

wnavarre75@wanadoo.fr

 

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Pushkar – India

Para llegar a Pushkar hay que pasar obligatoriamente por Ajmer.

Pushkar es la ciudad sagrada por excelencia del hinduísmo. En el lago que ocupa el centro de ésta los hindúes se bañan pues lo consideran sagrado. Hay que tener mucha fe para meterse ahí. El agua no da ninguna gana y ni siquiera los 51 escalones que bajan al lago, por los que no se puede caminar con calzado, parecen limpios.

Pero Pushkar es en realidad un pueblo. Los hippies y los alternativos viven felices allí. Se ven muchos “peace and love” occidentales, sobre todo israelíes, aunque también australianos y europeos. El sitio se presta para vivir en la contemplación y en el dolce farniente (después de haber ganado dinero fuera porque trabajo allí no hay ni para los indios). Todo es muy tranquilo, nadie trata de venderte nada (o muy poco), y en realidad cada cual va a su aire.

También por eso hay que tener cuidado con los hoteles, porque el 95% es una porquería. En eso estábamos claros porque tuvimos el olfato de reservar el mejor que finalmente era el único que valía la pena (y aún así el servicio en el desayuno era de contar ovejitas y sentarse a contemplar la montaña).

Una vez al año tiene lugar la feria de camellos más grande del país. A mí no me tocó verla, ni creo que me interesara mucho participar en ella. Nunca me han gustado los camellos. Bajo los árboles se ven algunas manadas cuyo objetivo es llevar a los turistas de paseo por las dunas de un desierto que parece no estar muy lejos. No vi a mucha gente montando camello, excepto los mismos dueños de los animales. Ni quise ir al desierto pues conozco el de Arabia y el Sahara y con esos dos me basta hasta el final de mis días. Hay pocas cosas en el mundo más aburridas que un desierto. E incómodas.

Lo que sí vi es monos por todas partes. Tantos que para comer en los roof top de los hoteles había que tener cuidado porque los monos pasaban como zeppelines y arrasaban con toda la comida que se dejara a su alcance.

Me gustó Pushkar. Sobre todo porque podía ir caminando a todas partes, porque no hay tráfico y a uno le da la sensación de que está en el fin del mundo. Hay que decir que para un país tan excesivamente poblado como la India los 21 000 habitantes de Pushkar caben sin problema en una plaza de Delhi.

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Aquí estoy sentado en el Sunset Café cuyo único interés es que es el único que tiene terraza con vista al lago porque, en realidad, el servicio es pésimo y la calidad de lo que proponen peor.

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Callejeando por Jaipur – India

Jaipur es la ciudad rosada porque era el color preferido de uno de los maharajá y decidió (más bien ordenó) que todos los propietarios de edificios del área intramural los pintaran de ese color

Una de las puertas de entrada es esta:

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En Jaipur es agradable pasear por las calles del centro antiguo (una vez que atravesamos alguna de las muchas puertas de la muralla). Si lo hacemos temprano evitamos el gentío, ya que a partir de las 11 de la mañana comienza el abejeo incesante de la gente y las aceras se repletan de vendedores ambulantes y de todo:

Aunque también, cuando menos uno se lo espera, y sin ton ni son, puede surgir una procesión religiosa, con camellos, elefantes, caballos, colorines, ofrendas, banda de músicos, el copón y la vela, y nunca llegamos a saber ni el por qué, ni a dónde va, ni qué significa todo eso, porque así de abigarrada es la India y porque cualquier explicación es siempre vaga ya que porque los códigos no se parecen ni remotamente a los nuestros. Y lo que es para nuestra cultura cristiana una procesión para ellos es otra cosa, y lo traducimos como tal porque no tenemos las mismas palabras con los mismos equivalentes. Y al final nos da lo mismo, porque uno se queda embelesado, mirando todo esto, la alegría con que emprenden casi todo y el entusiasmo general. Sin dudas, un país que vibra en cada rincón, un país vivo y con gente realmente viva:

Siempre sorprendente, la India nos depara sorpresas, y sin pensarlo dos veces penetramos en un edificio que parece abandonado, y nos topamos con un antiguo haveli (que es nombre de los palacetes de la nobleza y personas pudientes) que con el tiempo se marcharon a otras parte o simplemente se arruinaron o murieron sin descendencia, y esos palacios siguen siendo bellos en medio de la ausenciay el tiempo, y los detalles de las puertas, los techos, los motivos decorativos, etc, hablan por sí solos de los años de bonanza y de los tiempos extintos:

El mismo maharajá al que le dio por la astronomía, y que en New Delhi dejó un observatorio astronómico a principios del siglo XVIII que ya mostré en un post anterior, construyó en Jaipur otro en el mismo estilo, con diferentes instrumentos. Una vez más asombra la modernidad de un sitio que data del siglo XVIII. En Francia, por ejemplo, no conozco ningún precedente a excepción de la famosa columna de Nostradamus que construyó Catalina de Médicis y que perdura a un lado de los jardines de Les Halles. Pero que es poca cosa comparado con todo lo que podemos ver en la India al visitar estos observatorios:

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Y seguimos andando por las calles de Jaipur, lamentando no tener más tiempo para seguir recorriendo la ciudad antigua, perdernos en el tumulto, descubrir templos maravillosos y escenas inolvidables en cualquier esquina o caer en una calle por donde no pensábamos pasar.

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La City Palace de Jaipur – India

La llamada City Palace de Jaipur no es más que las varias manzanas que ocupan los palacios y dependencias del actual maharajá Singh de Jaipur. Dicho reyezuelo, un tal Pacho,  reina en esas manzanas y no tiene ningún poder fuera del estricto marco de su vida doméstica, aunque la gente siga soñando con el prestigio de una familia que heredó de padre en hijo el poder desde épocas inmemoriales. En efecto, en 1970 Indira Gandhi abolió los últimos privilegios que les quedaban a estas familias que reinantes sobre determinaban ciudades y territorios por derecho de sangre exclusivamente.

Si unos seis monumentos importantes de Jaipur forman parte del grupo que se puede visitar comprando un billete de 1 000 rupias que es válido durante dos días (el Palacio de los Vientos, el fuerte de Amber, el Observatorio Astronómico, el Museo Albert Hall, etc), la City Palace requiere de un billete aparte (de 700 rupias) para, al final, no ver gran cosa, pues las mejores partes del Palacio son las estancias privadas del maharajá y solo a algunas de estas se puede acceder pagando un precio exorbitante.

Cuento todo esto porque después de recorrer el museíllo de trajes y recuerdos de la familia real, los dos o tres patios a los que se tiene acceso, y participar de lejos en el paseíllo tonto de un coche tirado por caballos que da vueltas en redondo para los que pagan por pasearse en él y recorrer los cincuenta metros de los dos patios interiores, visité la parte más interesante es la Sala de Audiencias, en donde están los retratos de todos los príncipes y la decoración original.

En esta Sala de Audiencias hay un cartelillo en la entrada al que uno no presta atención en el que advierten que las fotos están prohibidas so pena de ser multado con 500 rupias si se nos ocurriese tirar solo una. En la confusión de la entrada yo ni siquiera lo leí y cuando mostré mi ticket al tipo de la entrada me dij algo inintelegible que supongo haya sido que no se podía tirar fotos. El caso fue que, se me ocurrió tirar una del conjunto – una sola -, de recuerdo, para acompañar mi reportaje. Cuál no fue mi sorpresa cuando al salir me detiene uno de los empleados quien en tono descompuesto me dice que le muestre mi móvil y la foto que tiré (el tipo se dedica a vigilar a través de las cámaras a quien tire fotos para hacerle lo mismo que a mí). Pues bien, se la mostré y me dijo que las fotos estaban prohibidas, con lo cual, enseguida, borré la foto y le dije: “Pues ya está, borrada está”, y se lo enseñé. No contento, el tipo me pide que lo acompañe hasta la entrada de la sala. Lo complazco y es ahí donde me invita a leer el famoso cartel en que anuncian que será multado con 500 rupias quien tire una foto.

Entonces le digo que no había leído el cartel y que la foto ya estaba borrada. Y sigo caminando hacia la salida, para lo cual hay que atravesar la sala, a esa hora atestada de visitantes. El tipo insiste en que tengo que abonar 500 rupias. Y yo, que a esa altura, había entendido ya ya que aquello era un truco para estafar a los turistas le respondo que ningún museo del mundo tiene capacidad jurídica para multar a nadie, que en un estado de derecho y bajo leyes federales o republicanas, los únicos que pueden poner multas son los funcionarios que trabajan para instituciones directamente con los órganos de poder (policías, agentes de tráfico, etc) y que el maharajá y sus empleados no tienen jurisdicción en el Estado indio para poner multas. Como el tipo insiste (los indios suelen ser bastante insistentes), entonces subí el tono de la voz, para que todos los turistas me oyeron y le dije muy claro, en inglés, que no iba a pagar absolutamente nada, y que, además, no tenía con qué (lo cual no era cierto, pero me daba igual).

Cuando el tipo vio que yo era más obstinado que él, y en vistas de que el escándalo cobraba proporciones y de que él sabía muy bien que aquello era una cogioca de los propios empleados, entonces decidió dejarme tranquilo, y salí de allí indignado pero feliz de que al menos a mí no pudieron estafarme.

Aquí les dejo las fotos de esa City Palace que, realmente, no vale la pena visitar. Mejor y mucho más seria, barata y gigantesca es la de Udaipur.

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El Palacio de los Vientos – Jaipur (India)

El Palacio de los Vientos (Hawa Mahal) de Jaipur fue uno de los primeros monumentos que visité durante mi visita a la capital del Rajastán.

Es un extraño edificio que construyó en arcilla roja y arena rosada en 1799 el maharajá Sawâi Pratap Singh inspirándose de un modelo de corona del dios hindú Krishna. Tiene 5 pisos, y su fachada se asemeja a un panal de abejas con más de 900 ventanucas por donde miraban al exterior (sin ser vistas) las concubinas del harén del maharajá, al parecer centenares en los momentos en que menos hubo. Lo curioso es que cuando uno se acerca a cualquiera de esos orificios siente correr el aire como si del otro lado hubiera un ventilador encendido. Por supuesto, la vista del edificio es más impresionante desde el exterior que una vez dentro.

Al parecer la fachada es mucho más impresionante por la noche cuando la iluminan. Yo no fui a verla porque la India es un país que cansa, las jornadas están repletas de emociones contrastantes, desplazarse en medio de la barahúnda, el ruido y el gentío es siempre un esfuerzo, y cuando llega la noche lo que uno tiene deseos es de cenar tranquilo y de regresar al hotel para descansar. El tráfico en Jaipur es intenso, incluso hasta tarde en la noche.

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“Vidalina”, mi nueva novela en francés

Tiempo de anunciar la salida el próximo 5 de abril de Vidalina, mi novela en francés, publicada por las Ediciones Emmanuelle Collas en colaboración con las ediciones Anne Carrière. Traducción de Marianne Millon. Ha sido un lujo contar con una editora como Emmanuelle Collas que dedicó largas horas de trabajo a la preparación de esta edición en francés. Nuevas aventuras comienzan por las rutas de Francia y de Navarra. También les dejos el mapa que acompaña a la novela (con muchos de los sitios en donde se desarrollan las acciones), así como el árbol genealógico de esta saga y el comunicado de prensa.

Anunciaré el programa de presentaciones en salones, festivales y firmas en librerías a medida que se acerquen las fechas.

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“Vidalina”, William Navarrete (novela), Ed. Emmanuelle Collas, Paris, 2019

Comunicado de prensa:

communiqué de presse

Itinerario de Vidalina y árbol genealógico:

voyage de Vidalina

arbre Vidalina

 

 

 

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Amber – Rajastán (India)

Amber está a 11 kilómetros al norte de Jaipur que es la capital del Rajastán.

El fuerte (declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO) forma parte del sitema defensivo del norte del Rajastán y fue construido en 1592.

Medio día basta para recorrerlo con calma, siendo el periodo de enero-febrero el mejor para hacerlo pues las temperaturas son agradables (Amber está a unos 940 metros de altitud) y no hay riesgo de lluvias.

Desde Jaipur se llega muy fácil, ya sea en taxi, tuck tuck o en autobús. Y luego la subida al fuerte se puede hacer caminando o sobre elefantes, aunque también en auto para aquellos que tengan problemas de movilidad. Nosotros desistimos de los elefantes porque no nos gustó los comentarios acerca del trato que reciben y la manera en que viven los 80 y algo elefantes que sirven exclusivamente para subir a los turistas al fuerte. Además, no me interesa en lo absoluto montar en elefante, como no me interesa montarme encima de ningún animal. Y ni siquiera porque milite por alguna causa al respecto, sino simplemente porque no me interesa ni nunca me interesó.

De más está decir que en el interior de los recintos amurallados los diferentes edificios y dependencias del palacio son una maravilla. Uno de ellos, el Jai Mandir o Palacio de los Espejos es de gran belleza pues todos los paneles de las paredes están decorados con mármoles, espejos y vidrios.

 

 

 

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Salón del Libro de Enghien-les-Bains

(Continuaré con la India en el próximo post)

Es la cuarta vez que participo en este salon que tiene lugar siempre a mediados de febrero en la ciudad termal de Enghien-les-Bains, al norte de París.

La ciudad, a orillas de un lago, es conocida por su hipódromo, su casino, sus hoteles de la Belle Epoque y su vida cultural. Es una localidad chic, a pocos minutos de París y siempre es un placer volver.

Tuve el gusto de conversar con el Alcalde, el Sr. Philippe Sueur y reencontrarme con viajos amigos y amigas escritores, así como con los fieles lectores que asisten cada año al Salón.

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Con Philippe Sueur,Alcalde de Enghien-les-Bains (y William Navarrete)

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Fatehpur-Sikri / India

Llegamos a Fatehpur-Sikri provenientes de Agra. La ciudad imperial se halla a 36 kilómetros de esta última. Lo mejor es ir en un auto con chofer privado, aunque también se puede ir en autobuses que cada 15 minutos salen de la terminal de Agra.

La ciudad imperial, al interior de murallas que la protegen, fue construida por el emperador Akbar a finales del siglo XVI. Durante un breve periodo fue la capital del Imperio Moghol (exactamente entre 1571 y 1584), y es que Akbar la construyó en sitio donde el manto freático era pobre, y en poco tiempo la escasez de agua se convirtió en un verdadero obstáculo.

Fatehpur-Sikri nació de una promesa: la del emperador a una especie ermita sufi del islam, quien vivía ya en este sitio y le había vaticinado el nacimiento de varios herederos varones.

El hecho de que fuera abandonada ha influido en que llegara en perfecto estado de conservación hasta nuestros días. La ciudad imperial no sufrió de guerras, asaltos e invasiones, pues en 1584 el emperador desplazó la capital a Lahore (en el actual territorio de Pakistán).

La visita requiere al menos de medio día. Hay muchos edificios interesantes, y las tres mujeres oficiales de Akbar (una católica de origen portugués, una hindú de la India y otra musulmana de origen turco) tenían cada una su propio palacete. Por esta razón, se le considera el más tolerante de todos los emperadores, pues practicaba una especie de religión que era un poco el resumen de las tres grandes religiones imperantes en la India de entonces. También tenía una enorme biblioteca, aunque se sabe que no sabía leer ni escribir.

Además de estos palacios, se pueden ver los edificios del consejo, los del tesoro, el del astrónomo, el de los funcionarios principales, el de las decenas de concubinas, los de las audiencias, el de la emperatriz madre y muchos más.

Es agradable pasearse por los diferentes recintos porque no solo todo está limpio y ordenado, sino que hay pocos visitantes. Abundan los grupos de escolares y algunos turistas individuales. Y sobre todo: nadie viene a vender nada, ni a perturbar la tranquilidad del lugar.

La ciudad imperial:

La mezquita que se construyó luego de la muerte del ermita sufi que le predijo la descendencia al emperador Akbar:

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