Gijón – Asturias

Gijón vive al ritmo de sus mareas. La playa aparece y desaparece según el humor de la luna. Tiene algunos edificios interesantes. Una hermosa casona palaciega que es la de Jovellanos (un museo de arte hoy día), una pequeña Plaza Mayor, un Ayuntamiento, el monumental Palacio de Revillagigedo, unas vistas fabulosas de la bahía y los acantalidos desde la Batería de Santa Catalina, con una espantosa escultura de Eduardo Chillida, tan fea, avejentada y poco aceptada que los habitantes llaman “el cagadero de King Kong“, una de esas ideas absurdas de los gobiernos de turno que, con el dinero de los contribuyentes y haciendo siempre gala de su mal gusto e ingorancia, pagan a precio de oro a artistas que odian la belleza y el propio arte.

un puerto deportivo y varias calles peatonales en las que discurre la actividad comercial y la vida cotidiana de sus habitantes.

En cuanto hay un poco de sol la gente se mete en el agua cuya temperatura máxima no pasa de 20-21 grados. Por mí como si no sale nunca el sol porque en un agua a esa temperatura no me meto ni por lo que dijo el cura.

Gijón tiene, además, el mayor festival de literatura negra de España, y uno de los más antiguas: la Semana Negra de Gijón. A su edición 31 fui invitado y allí estuve:

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La Semana Negra de Gijón / en El Nuevo Herald

Ecos de la Semana Negra de Gijón que está teniendo lugar ahora en El Nuevo Herald. Leer la crónica de Ignacio del Valle aquí:

Entretenimiento y crimen en la Semana Negra de Gijón / El Nuevo Herald

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En La Nueva España (Asturias) – Semana Negra de Gijón

Un artículo de la periodista Lorena Martín en La Nueva España, periódico asturiano, con motivo de la rueda de prensa durante la Semana Negra de Gijón. Con mis colegas llegados de Perú, Argentina y México.

Ecos de la gran explosión latinoamericana en Gijón / La Nueva España / Jorge Eduardo Benavides, Enzo Maqueira, Fritz Glockner y William Navarrete

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Ecos de la gran explosión latinoamericana en Gijón

Benavides, Maqueira, Glockner y Navarrete asumen en la “semana negra” el reto de recoger el testigo de la época dorada literaria en hispanoamérica

Lorena Martín / 09.07.2018 | 01:07 / La Nueva España
Jorge Eduardo Benavides, autor peruano influenciado por la técnica novelística de Mario Vargas Llosa, estuvo ayer en la “Semana negra” en Gijón presentando su último libro: “El asesinato de Laura Olivo”. La trama cuenta el mundo que se esconde tras el mundo literario: la relación de los escritores con sus agentes, editores, y el tipo de personalidades de cada uno: “elaborar la trama es lo que más me costó. Quería contar cómo son los distintos perfiles de los escritores; el modesto, el que no tiene éxito, el que siente que el mundo ha elaborado una conjura contra él para que no triunfe, el exitoso que es mirado con suspicacia por sus padres, el que solo habla de su trabajo?”, explica Benavides.

Además, tanto el protagonista, “Larrazábal”, un antiguo detective negro, peruano, de origen vasco y con novia marroquí, como la asesinada “Laura Olivo”, son personajes que el escritor ha reciclado de anteriores obras: “El investigador salió de un pequeño cuento policiaco que tiempo atrás escribí para un periódico peruano, ‘El último caso del Colorado Larrazábal’. Lo saqué del país y lo dejé viviendo en Lavapiés, en Madrid. Así fue fácil rescatarlo”. “Olivo, por su parte”, continúa Benavides, “era una agente temible que aparecía en una novela anterior mía”.

El escritor hace un guiño al boom literario hispanoamericano que marcó la segunda mitad del siglo XX introduciendo en su historia un destacado escritor ecuatoriano, con una pequeña particularidad: “Marcelo Chiriboga no existe, se lo inventaron para que Ecuador tuviera un representante literario”, asegura.

Fritz Glockner, autor de “El libro rojo de Puebla”; Enzo Maqueira, de “Hágase usted mismo“; y William Navarrete, con “Deja que se muera España”, también estuvieron en la “Semana negra” presentando sus novelas.

La del mexicano Glockner, periodista, escritor, historiador y asiduo al certamen gijonés, “rescata la tradición del siglo XIX de Manuel Payno y Raymundo Riva Palacio, que trataron de recuperar los hechos sangrientos del país a partir de la crónica periodística. Así llegamos a ‘Puebla'”, explica su autor.

Maqueira, novelista conocido por su obra, “Electrónica”, en la que se despide de la adolescencia con una historia sobre la juventud, ha traído de vuelta sus inicios en el mundo de la novela negra para escribir su nuevo libro: “es inevitable que a los 12 años no te formen 55 novelas de suspense, policiales, y quise volver. Ahora siento que cada vez me voy metiendo más dentro. Si bien hace años coqueteo con el género negro, esta vez he querido recuperar ese paraíso de la infancia perdido”, cuenta el argentino.

Deja que se muera España” cuenta la historia de una antepasada de Navarrete: “es un ajuste de cuentas con la historia común de Cuba y España. La novela surge cuando descubro una tatarabuela que deportaron al sur de Cuba y tuvo que arrimarse a un general español para salvarse y aspirar a conmutar su pena”.

Además, los autores también compartieron la realidad en la que se encuentran sus países actualmente respecto al fenómeno literario de los años 70: “El boom en Argentina dejó de existir en parte porque se buscó. Hubo una tendencia hace 30 años que decidió darle la espalda. En el 2018 vimos que las ideologías continuaron: se cayeron las torres gemelas, igual que muchos gobiernos, y, sobre todo, la revolución del feminismo ha hecho que vuelva el compromiso político y social, por lo menos en la literatura argentina, tanto hacia dentro de los libros, como fuera”, explicó Enzo Maqueira.

Fritz Glockner, habló así sobre México: “El género negro se tuvo que replegar porque ya leías en la prensa cotidiana el ‘rojo’ del país, nadie quería leer novelas sobre lo que estaba pasando. Este repliegue ha generado que los escritores mexicanos se estén agarrando desde otra arista a esta realidad violenta y ya no es la literatura del narco, hay novelas que están contando otras historias.”

En el caso del cubano Navarrete, asegura que fue “Cuba quien inventó el ‘boom'”: “Es la forma de canalizar y servir de trampolín a un tipo de ideología y de literatura que representaba en el imaginario europeo lo que Europa hubiera querido construir y que no construyó después de la guerra. Siempre hemos exportado las ideas pero no las hemos aceptado en casa”, concluye el novelista. La “Semana negra” vivió ayer su pequeño “boom” latinoamericano.

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En El Comercio (Asturias) – Semana Negra de Gijón

En El Comercio, el periódico de Asturias, a raíz de la Semana Negra de Gijón. Gracias al escritor Ignacio del Valle por esta entrevista:

“Se atiende más a lo que balbucea un futbolista que a lo que dice un escritor” / El Comercio (Asturias) / 8 de julio de 2018

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«Se atiende más a lo que balbucea un futbolista que a lo que dice un escritor»

William Navarrete llega a Gijón con ‘Deja que se muera España’, un país «que se desangra cíclicamente, como una autofagia inevitable»

IGNACIO DEL VALLE

Presenta esta tarde, a las 19.30 horas, la novela ‘Deja que se muera España’ (Tusquets), en la carpa A Quemarropa. William Navarrete, cubano de la generación de 1968, lleva publicados unos 25 libros de varios géneros, en varias lenguas, de los que tres son novelas. Vive en París desde 1991 y viaja a España al menos dos veces al año. Es periodista y traductor, además icenciado en Historia del Arte. Viajó en el Tren Negro y ayer recorría la Semana con ojos escrutadores.

-¿Qué le queda de Cuba después de casi 30 años en París sin haber regresado nunca a la isla?

-Los recuerdos de los años vividos en Cuba los tengo claros: no hay confusión posible con algo que haya sucedido después, pues no he vuelto. Creo que para la obra que escribo cuenta mucho lo vivido durante la infancia y la adolescencia, que son, a mi juicio, determinantes en la manera de ver el mundo.

-¿Qué es España para usted?

-Vista desde el Caribe, España es un todo en el que no solemos establecer grandes diferencias entre un catalán y un andaluz, un castellano y un canario. Es en América donde España logró su sueño de unidad, porque nosotros, los americanos, tenemos ingredientes genéticos y culturales de cada región del reino, y porque fue del otro lado del Atlántico donde España se reinventó a plenitud. Ahora bien, vista desde Francia, da la impresión de ser un país que no logró resolver nunca el tema de la identidad nacional. Un país que se desangra cíclicamente, como en una autofagia inevitable. España seguirá siendo para mí un misterio. Un maravilloso misterio, cabe añadir.

-En casi todo cubano hay algo o mucho de asturiano. En su caso, ¿qué tanto de asturiano ?

-De Asturias tengo tres cosas. La primera, un antepasado, llamado Diego de Ávila Albadiana, nacido en la villa de Pravia, hacia 1560. Lo que solemos llamar un conquistador, o sea, uno de los primeros hombres que construyó villas en Cuba y dejó vasta prole de la que desciende casi toda la región de Holguín hoy día . La segunda, un plato en el imaginario doméstico: la famosa fabada asturiana, que en mi casa se evocaba siempre con nostalgia y que yo no conocí, al menos en su integridad, porque nací después del triunfo de la debacle nacional (1959) y, en consecuencia, siempre faltaban mínimo dos ingredientes para hacerla como era debido. La tercera, la Covadonga que mi abuela invocaba, de amplio arraigo en la vida cubana desde el siglo XIX, mediante sociedades de beneficencia, centros cultuales y hasta clínicas y hospitales.

-¿Por qué el título de su novela: ‘Deja que se muera España’?

-Porque es más un canto de cariño a España que un gesto de indiferencia. Para bien o para mal fuimos, con Filipinas y Puerto Rico, la última colonia, pero también los que mayor cantidad de españoles recibimos durante la primera mitad del siglo XX, ya sea porque hubo una política oficial de ‘blanqueamiento’ de la población cubana entre los años 1910 y 1930, o porque la guerra civil española aportó a miles de peninsulares, una vez más, hacia Cuba. España se ha convertido hoy, para muchos cubanos, en la última tabla de salvación, amparados en la Ley del Nieto que concede la nacionalización a los nietos de españoles. Todo esto resulta muy irónico, porque muchos de los cubanos que descendemos de españoles tuvimos bisabuelos que lucharon por la independencia de Cuba. Y ahora, sus nietos y bisnietos buscan los orígenes que sus ancestros desdeñaban para regresar, por la vía de la legalidad, al regazo de la Madre Patria.

-Ha escrito en varios géneros ¿Preferencias? ¿Alguna asignatura pendiente?

-La novela es el más cómodo, pero también el que más inspiración y voluntad exige. Pendiente: teatro. Y en eso estoy, a dos manos, con una escritora francesa. A la vista, una nueva novela en ciernes y un libro de relatos sobre Italia que estoy escribiendo directamente en francés, algo que solo hago para el ensayo o el relato.

-¿Y el panorama literario actual?

-Como todo: abigarrado, diverso, bizantino. Creo que ya no sabemos ni donde estamos parados. La tendencia la dicta una aplicación o una red social. La libertad sigue siendo hacerle caso o no a la tendencia. Y en todo eso, un zafarrancho descomunal en el que nadie se oye, y lo peor, nadie logra hacerse oír. Incluso en Francia, donde el escritor tuvo hasta poco cierta influencia en la opinión pública, ahora se presta más atención a lo que balbucea un futbolista o lo que dice quien logra mayor número de seguidores y de deditos para arriba en las redes sociales.

– ¿Qué lectura nos recomienda?

-Más que recomendar un libro prefiero pedir a cada visitante a la Semana que no salga del recinto sin haber comprado mínimo tres. Por cada libro que se compre se le está dando días de oxígeno al futuro de la humanidad. Si la televisión tiene la misión de atiborrarnos la mente de estupideces, lo único que todavía nos puede poner a salvo es la lectura. Palpar el papel, pensar, comunicar secretamente con quien está escribiendo para ser leído, ir al encuentro del autor, preguntar, intercambiar, no aceptar plácidamente el producto que se tiene ante los ojos. De eso tiene, forzosamente, que nacer un individuo mejor. Lecturas, miles. Tantas que no sé que tendré tiempo leer y qué no durante la vida. Mi último libro leído, ‘Crematorio,’ de Rafael Chirbes, un autor que se malogró justo en el momento en que empezaba a escribir su obra más desgarradora.

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Semana Negra de Gijón – primer día

Nos dan cita el viernes 6 de Madrid, Estación de Chamartín, 9h 30.

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En el andén antes montar el tren Otti García, Ignacio del Valle, José Luis Muñoz, José Carlos Somoza y William Navarrete

Antes de montarnos en el Tren Negro (dos vagones reservados para los autores invitados a la Semana Negra, que no es una semana, sino dos) el entrañable Daniel Mordzinski quien recorre el mundo fotografiando autores desde hace décadas, inmortaliza los instantes antes de la partida haciéndonos saltar en una de las plataformas soleadas de Chamartín.

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El tren arranca, y durante el trayecto oimos tres conferencias, interesantísimas, de Ana Longoni, José Carlos Somoza y Antonio Mercero. Entrevista muy oportunamente Ángel de la Calle (director de la Semana).

El viaje es largo (más de cinco horas de Madrid a Gijón), de modo que hay tiempo para hablar hasta por los codos, enterarnos de lo que hace cada cual, mirar el paisaje (que se vuelve brumoso y casi escocés una vez que el tren penetra en tierras asturianas). Habrá quien se queje de que el AVE no cubre esa ruta y tanto mejor: hay tiempo para contarnos de todo un poco, como muy bien dirá Ignacio del Valle en su primera columna.

Nos han dado la primera edición de A Quemarropa, el periódico de la Semana (en el enlace se pueden descargar todos los números según van saliendo), que cada día sale al despuntar el la mañana y va informando de lo que hubo y lo que habrá:

El viaje lo cuenta mejor que yo Ignacio, autor del género, y, además, reportero de la Semana para El Comercio y demás medios con los que colabora.

Su primera columna: Colección de matrioskas sobre raíles / El Comercio / Asturias

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Es tradición llegar a Gijón con una manifestación de reivindicaciones sociales. Los sindicatos aprovecha la visibilidad de la Semana para hacerse también visibles en sus causas. Nunca había salido de una estación de trenes rodeado de silbatos, banderolas, altavoces y consignas. Me parece muy bien que aprovechen la presencia de los medios para que se les oiga y se les vea.

El recinto está listo y en él los diferentes podios. Nos repartimos entre los hoteles y lugares de alojamiento y a las 21h 00 queda inaugurada la Semana oficialmente en el Ayuntamiento de la ciudad. Media hora después hay concierto. Mañana comienzan las actividades.

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La Colombia que nunca me contaron / en El Nuevo Herald

Escribo en El Nuevo Herald sobre mis impresiones de Colombia durante el viaje de un mes que realicé a lo largo de varias regiones de ese hermoso país en el mes de enero de 2018.

Un viaje que incluyó Bogotá, y las provincias de Boyacá, Santander, Antioquia, y Bolívar, y terminó en el HAY Festival de Cartagena de Indias.

Aquí dejo el enlace: La Colombia que nunca me contaron / El Nuevo Herald

(las fotos publicadas en la galería las tomé durante el viaje)

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La Colombia que nunca me contaron

Por William Navarrete / El Nuevo Herald / 6 de julio de 2018

Fue viajando en una buseta, como le llaman a los minibuses en Colombia, entre Barbosa y Tunja, que mi vecina de asiento me dijo: ‘‘Aquí todos tenemos un muerto’’. Yo le había preguntado qué pensaba de los candidatos que respaldaban los acuerdos de paz. Como vio que me quedé pensando, añadió, con esa parsimonia de los serranos al pronunciar cada una de las letras: ‘‘Este viaje que su merced está haciendo hace apenas tres años era impensable. Ni nosotros lo hacíamos por miedo a que quemaran la buseta con uno dentro’’.

Había aterrizado en Bogotá el primer día del año. Mi objetivo era recorrer el país antes de llegar a Cartagena de Indias, en donde estaba invitado a participar en uno de los eventos literarios más prestigiosos del continente: el HAY Festival, a fines de enero. Mi experiencia colombiana se limitaba a un viaje realizado diez años antes con mi madre a la región caribeña, la única en donde se podía circular entonces con relativa seguridad.

Me instalé en un hotel de Chapinero, un sitio intermedio a lo largo de la carrera Séptima, entre la zona selecta de Chicó y el Centro. Con lo que había escuchado de Colombia, las experiencias de amigos en el pasado, decidí redoblar las precauciones, tantear poco a poco el ambiente. El primer día me limité a andar la parte vieja de la capital, el barrio de La Candelaria, sus innumerables museos, iglesias y conventos coloniales, cafeses y restaurantes bohemios. Lo primero que me sorprendió fue lo bien y económico que se comía en todas partes. También la extrema amabilidad de la gente, el trato afable, el intercambio ameno. Algunos me dijeron que en la parte antigua no era recomendable caminar a altas horas de la noche. Yo obedecí, porque además de no ser un viajero que toma riesgos innecesarios, tampoco suelo trasnochar en la calle.

Visité el espléndido museo –completamente gratuito– que Botero donó con su impresionante colección de pintura internacional y su propia obra al pueblo bogotano, el espectacular Museo del Oro, la hermosa capilla del convento Santa Clara, la Casa del Florero y la Cuervo-Urisarri (excelentes ejemplos de arquitectura doméstica colonial), la animada Plaza del Chorro en donde los estudiantes pasan sus ratos de ocio, las iglesias de la Tercera, la Veracruz y San Francisco (las tres con fabulosos artesonados y altares barrocos).

Al segundo día me dirigí la Quinta de Bolívar, subí al cerro de Montserrate, almorcé en el barrio de La Macarena y visité el Museo Nacional, oportunamente instalado en una antigua prisión, estuve en la Hacienda del Chicó, y hasta recorrí, guiado por un cadete, el Museo de la Policía, hermoso edificio neoclásico, algo que nunca hubiera incluido en mis visitas y resultó de las más instructivas que hice. En pocas horas Bogotá, una ciudad que no es particularmente hermosa, me había conquistado, y entre otras razones, además de que tuve la suerte de tener un tiempo excepcionalmente soleado, porque nunca nadie me molestó, fui tratado siempre con familiaridad respetuosa y todo resultaba fácil.

Como decidí no alquilar auto –no me atrevía a conducir en un país asociado a la violencia– me dirigí al Salitre, terminal de donde parten decenas de autobuses hacia los pueblos. Me sorprendió el conductor, vestido de cuello y corbata, al decirme: ‘‘si su merced desea conectarse, el wifi es gratuito’’. A partir de ese momento viajé en autobuses de la compañía Libertadores, y otras más, entre Bogotá y Tunja, Villa de Leyva y San Gil, a Santa Sofía y Sutamarchán, a San Gil, Barichara, Guane, Barbosa, entre las provincias de Boyacá y Santander. Atravesé campos muy cuidados, fincas de casas sólidas y muy bien pintadas. En todas partes la comida era excelente; los mercados una orgía de colores, sabores y buen trato. En ningún transporte me importunaron, nadio habló alto, ni gritó con el móvil en altavoz. No sentí nunca un olor desagradable, todo estaba impecablemente limpio, se respetaban los horarios.

Me quedé tres días en Villa de Leyva, ciudad patrimonial, con una de las arquitecturas coloniales más homogéneas del continente. Comí longanizas caseras fabricadas en hornos de piedra en Santa Sofía, camino del convento colonial Ecce Homo. Me bañé en manantiales y cascadas. Visité la casa del Escribano en Tunja (con los frescos más hermosos y antiguos del continente). Anduve por el Parque del Gallineral, en San Gil, un sitio para practicar deportes de sensaciones fuertes. Estuve tres días en Baricachara, uno de los pueblos más hermosos que conozco y en donde viven con las puertas abiertas. Allí en cada esquina, hay una bodega con todo, idénticas a aquellas que mis abuelos decían que existieron un día en Cuba. Visité Guane, famoso por sus fósiles, de hermosas calles de guijarros y casas de tejas, en donde fabrican una bebida llamada sabajón, a base de ron, azúcar y huevo. Me hospedé en sitios en donde se desvivieron por complacerme, y no porque esperaran algo a cambio.

Dos semanas más tarde volé a Medellín. Tenía previsto visitar la capital antioqueña y algo de la provincia antes de llegar al Hay de Cartagena. La ciudad no tiene grandes atractivos, y la vida nocturna transcurre en El Poblado, en donde se concentra la vida bohemia, la juventud internacional que viene a aprender español y a salir de juerga. Y si bien hay barrios marginales, no me sentí en peligro ni acosado en ninguno de mis paseos por la parte antigua, que caminé varias veces, desde la renovada Estación de Ferrocarriles por todo el paseo peatonal de Carabobo hasta la parroquia La Candelaria y el parque de las esculturas de Botero.

Estuve un día en Santa Fe de Antioquia, hermoso pueblo colonial, y uno de los más antiguos del país (1541). En todas partes, la arquitectura doméstica, admirablemente conservada, ofrece una amplia gama de puertas, ventanas labradas, zaguanes, patios floridos y galerías con hermosas baldosas.

Luego, a unas tres horas al sur desde Medellín, recorrí la región cafetera justo en donde comienza, en las inmediaciones de Los Andes y Jardín, zona fronteriza con la provincia del Cauca. Son las auténticas tierras paisas, donde los campesinos conservan sus tradiciones y es frecuentes verlos en las terrazas de los bares, tomando café con leche o puro tinto, el caballo a escasos metros del lugar, atado a un poste. Es en Jardín, pueblo de bellísimas casas coloridas, donde vi las mejores demostraciones de paso fino, que cada jinete exhibe con orgullo haciendo que su caballo baile una coreografía marcada por el ritmo de los cascos en los adoquines.

Si en algún lugar valdría la pena perderse es en Jardín. El pueblo, con su plaza mayor animada noche y día, la extrema amabilidad de los habitantes, la exquisita cocina local, ofrece además la posibilidad de explorar los campos aledaños sin temor. Estuve en cascadas y ríos, observando al hermoso gallito de las rocas. Visité un cafetal en donde me sirvieron un desayuno inolvidable y me explicaron el manejo de la hacienda. Subí, atravesando ríos y bosquecillos de eucaliptus, hasta el mirador del Cristo, desde donde se ve todo el pueblo y las montañas. Estuve en La Argelia, una fábrica de panela o trapiche del siglo XIX, que funciona mediante un molino de agua. Allí se puede ver el proceso de elaboración de la panela mediante métodos del siglo XVIII.

Cuando llegué a Cartagena le conté a quienes preguntaban que sólo fui agredido en Jardín. Resulta que quise cortar camino en dirección del trapiche por una guardarraya de cañaveral y sin darme cuenta entré en una finca privada. Estaba cerca de la casa cuando salió un amenazante pitbull que me ladraba listo para morderme si daba un paso o retrocedía. De pronto, la propietaria de la casa al verme en apuros empezó a regañar al animal ordenándole que me dejara en paz. Trató de tranquilizarme diciéndome que no era agresivo, pero yo seguía como una estaca hasta que lo amarró. Entonces oí decirle, llamándola por su nombre: ‘‘Natacha, usted es una grosera, por importunar a los visitantes la dejaré de castigo amarrada toda la tarde’’.

La Colombia que anduve no se parece a la que en Europa cuentan. No me atrevo a decir que, un lugar que ha sufrido sesenta años de conflictos, no tenga secuelas y heridas abiertas. Tampoco me atrevo a definir en qué momento y gracias a quién este maravilloso país empezó a enderezarse, a ofrecer un clima de prosperidad y seguridad. Lo que sí sé es que esto no debe ser el trabajo de un día, ni tampoco de un firmazo en un papel. Creo que ha habido mucho de consenso y voluntad de dar una imagen que se corresponda realmente con el alma de su gente. Esta es la Colombia por la que viajé. Creo que ésa es la que se debe conservar a todo precio.

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Listo para la XXXI Semana Negra de Gijón 2018

Escribo poco en blog porque preparo nuevos libros. Lo siento. Lo actualizaré en cuanto regrese de: la Semana Negra de Gijón.

Listo para participar en el festival literario más antiguo y conocido de España que se desarrollará como cada año en Gijón, Asturias. Esta vez del 6 al 15 de julio.

Programa Semana Negra

Allí nos vemos.

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Festival du Livre de Nice 2018 très réussi

Ce fut un plaisir de participer à une nouvelle édition du Festival du Livre de Nice.

Dans la bonne humeur, nous avons rencontrés libraires, collegues, lecteurs et même les touristes qui, eux, n’hésitaient pas à venir nous voir et se faire dédicacer quelques ouvrages.

Comme d’habitude, le Festival (organisé par l’agence MPO consacrée aux événements et la culture, dirigée par Christian Giraud, Frédéric Garnier et Stéphane Corsia), prend soin des écrivains et nous surprend toujours par les lieux inédits de partage choisis, ainsi que par les conférences et les activités qui s’y déroulent.

Un bon exemple : l’inauguration dans le cadre du Festival de l’avenue Max Gallo (1932-2017), enfant de la ville, journaliste et auteur d’une oeuvre remarquable (voir video ici) :

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Les très beaux Jardins Albert 1er ont été le cadre (tout comme l’année dernière) de cette nouvelle édition. Les stands des différentes librairies de la ville, éditeurs indépendants, libraires de vieux livres, ainsi que les deux forums, se trouvaient à l’intérieur de l’enceinte, en plein air. Il faut dire que le temps a joué en notre faveur (car une fois fini le Festival, lundi matin, la pluie s’est abattue sur la ville):

J’ai signé sur le stand de la Librairie L’Acropole, où Florence, Aurélie Barlet et toute leur équipe se sont très bien occupées de nous tous. Un vrai moment de plaisir et de partage :

 

 

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On sympatise toujours avec nos collègues, notamment lorsqu’on les cotoie pendant les trois jours. C’est toujours l’occasion de tisser des liens avec des auteurs que l’on ne connaissait pas personnellement. Dans mon cas, je me suis trouvé à côté de deux écrivaines charmantes: Gallia et Laurence Vanin (ci-desous):

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Avec Laurence Vanin dans le stand de la librairie L’Acropole

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Avec Gallia avec laquelle moi et la moitié de Paris ont dansé pendant nos jeunesses

Le Festival nous permet aussi des rencontres inattendues, telles que:

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Avec Julien Lepers venu nous voir à notre stand

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Avec Catherine Ceylac, animatrice de l’une des émissions les plus intelligentes de la télé: Thé ou café (France 2), le temps de papoter sur une Promenade des Anglais ensoleillée.

Bien évidemment, le Festival de Nice est aussi l’occasion d’un dîner avec le Maire de Nice, Christian Estrosi, dans un site d’exception. Cette fois-ci, nous avons été conduits au Château de Bellet, vignoble niçois réputé sur les collines de la vallée du Var. La vue était magnifique, le site surprenant (nombreux Niçois n’y avaient jamais mis les pieds). Un vin délicieux (le seul de Nice), et un accueil très chaleureux :

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Olympia Alberti, Alain Vincordelet et William Navarrete, trois auteurs heureux de partager toujours de très beaux moments (et souvenirs) pendant le Festival du Livre de Nice 2018 (Château de Bellet)

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Un vrai plaisir de rencontrer à chaque fois l’ami José Rodrigues Dos Santos, auteur et journaliste portugais

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La salle du restaurant avec Olympia y Alain en éclaireurs

L’occasion aussi de rencontrer Jean-Noël Pancrazi, un auteur avec qui je partage la condition de ceux qui partent des lieux de l’enfance sans savoir s’ils vont y retourner un jour. Et de prendre ses deux derniers ouvrages, bien évidemment, dédicacés:

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Jean-Noël Pancrazi et William Navarrete, Festival du Livre de Nice 2018

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Dîner et déjeuner les pieds dans l’eau: Galet et Ruhl Plage. Toujours à table avec des amis:

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Jean-Luc Gagliolo (Conseiller municipal au Patrimoine de la Ville de Nice) et Christian Giraud (Commissaire général du Festival) lors du dîner d’inauguration au restaurant Le Galet.

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Sur la photo Françoise Michelizza (directrice de la BMVR, Bibliothèque Municipale de Nice), Martine Arrigo-Schwartz (auteur de plusieurs livres remarquables sur la ville), Aurélie de Gubernatis, Olympia Alberti, José Rodrigues dos Santos, William Navarrete (auteurs)

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Avec Aurélie de Gubernatis et Azouz Begag, déjeuner Ruhl Plage

Sur la terrasse de l’hôtel Aston- La Scala, l’une des plus jolies vues sur le vieux Nice, la coulée verte et les montagnes, un apéro pour la réouverture de la terrasse panoramique:

 

 

 

 

 

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Festival du Livre de Nice / Festival del Libro de Niza 2018

Invité au Festival du Livre de Nice je serai au stand de la librairie L’Acropole, comme chaque année, pour trois jours de rencontres et de plaisirs avec d’autres auteurs, libraires, éditeurs, journalistes et, surtout, lecteurs.

Du vendredi 1 juin à 10h 00 jusqu’au dimanche 3 soir / Jardins Albert 1er.

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30e Salon du Livre de Cosne-sur-Loire / 30 Festival de Cosne-sur-Loire

Le 30e Salon du Livre de Cosne-sur-Loire organisé par l’association Le Trait d’Union 58 et sa présidente Marguerite Michel vient d’avoir lieu. Comme d’habitude la bonne humeur, les rencontres merveilleuses avec les auteurs, les amis, les libraires et les lecteurs y ont été au rendez-vous. Et nous sommes très heureux d’avoir participé. Je vous laisse quelques photos:

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