Menerbes – Lubéron

Después de Oppède-le-Vieux (post anterior), visita a Menerbes, otro de los pueblos del Lubéron (Luberón en español) que parecen sacados de una tarjeta postal. A diferencia del anterior, Menerbes tiene mucha vida (al menos en verano) y comercios, restaurantes, etc. Como muchos de estos pueblos, por razones defensivas, ocupa lo alto de un promontorio desde donde se ve a 360 grados toda la campiña alrededor, poblada de viñedos y olivares. En Menerbes vivió hasta el fin de su vida Dora Maar, a quien Picasso ofreció la mansión de varios pisos que se ve más abajo, en compensación para quitársela de encima. Y ella, me imagino en el fondo que feliz de quitarse también de encima al ogro malagueño. Tiene Menerbes un castillejo privado que no se visita, una hermosa iglesia con un cementerio en el que ya nadie pone flores, algunos palacetes, la casa de Jane Eakin (una pintora norteamericana que se instaló en este pueblo), la torre del reloj y varias capillas y miradores diseminados por el pueblo.

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Oppède-le-Vieux / Lubéron

Oppède-le-Vieux es uno de esos pueblos mágicos y sonnolientos del Lubéron, una de las regiones más hermosas de la Provenza. En verano, se despierta un poco (un poco nada más), y se ven algunos visitantes recorriendo las callejas del burgo antiguo y casi despoblado, y la mayoría almorzando en el único restaurante del pueblo, al borde de la plaza principal. Con el calor del mes de agosto y el concierto de cigarras, Oppède-le-Vieux se viste de su mejor manto bajo el cielo límpido de los veranos provenzales.

Esta fue nuestra primera etapa en esta nueva visita al Lubéron.

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Abadías secretas del sur de Francia – El Nuevo Herald

Aquí les dejo mi artículo sobre tres abadías poco conocidas del Sur de Francia: Fontacaude (Languedoc), Saint-Roman (Gard) y Saint-Hilaire (Lubéron) que acabo de publicar en El Nuevo Herald, y las fotos que tomé durante el viaje:

Abadías secretas del Sur de Francia / William Navarrete / El Nuevo Herald

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Abadías secretas del sur de Francia

El Nuevo Herald / 7 de agosto de 2019

Por William Navarrete*

En el sur de Francia, específicamente en las regiones de Provenza y Languedoc, abundan las abadías que datan de la época medieval, y entre estas son muy célebres la de Lérins (en la isla de San Honorato, frente de Cannes), la de Thoronet, la de Senanque (con sus campos de lavanda), la de Silvacane, la de Valmagne (por sus vinos de calidad), la de Fontfroide (cerca de Narbonne), entre otras. Sin embargo, existen muchas que son muy poco conocidas y vale la pena explorar porque no solo se encuentran en sitios insólitos, sino que han sido testigos del paso de la Historia.

Estas abadías son excelentes opciones de visita cuando se recorre la región. En general, se encuentran en sitios de difícil acceso y es casi imposible visitarlas si no se dispone de algún tipo de vehículo que permita llegar hasta ellas. He aquí tres de estos monumentos un poco olvidados.

La abadía de Fontcaude

Se halla en el Languedoc del bajo monte y los viñedos, no lejos de las comarcas vitícolas de San Chinian y Beziers, y solo es posible acceder si se tiene vehículo propio.

Lo primero que llamará la atención es el valle en donde fue construida, pues casi siempre los monjes escogían parajes solitarios, de gran belleza y con manantial a proximidad. La abadía colinda con una aldea de pocas viviendas robustas de piedra de sillería que parece una de esas estampas que suelen mostrar los catálogos turísticos cuando se trata de vender la Provenza. Al parecer unas cinco familias residen de manera permanente en el lugar.

Fontcaude fue fundada por monjes premonstratenses de la orden de San Norberto, y se encontraba en uno de los caminos que seguían los peregrinos hacia Santiago de Compostela, ya que los devotos de san Lorenzo que venían desde Arles solían detenerse aquí. El primer asentamiento de canónigos data de 1154, y su periodo de esplendor corresponde a los siglos XII y XIII, pues pronto los propios monjes consideraron aquellas tierras poco productivas y, a pesar de que hasta la revolución francesa se mantuvo habitada y dirigida por un abate superior, la comunidad se redujo notablemente.

Hoy en día, lo que vemos de la abadía es el gran coro alveolado de la iglesia, el espacio que ocupa claustro, y algunas dependencias como el molino de aceite y otra que sirve de museo en el que se exponen capiteles, esculturas, monedas y enseres encontrados durante las excavaciones arqueológicas. Las guerras de religión del siglo XVI, los sucesivos pillajes y el golpe final de la revolución de 1789 acabaron con la vida monacal y la abadía fue vendida y transformada en granja. Y parte de sus muros fueron desmontados para aprovechar las piedras en otras construcciones.

La asociación Les Amis de Fontcaude la salvó de la ruina cuando en 1969 compró lo que quedaba de las edificaciones, y gracias a un paciente trabajo de restauración y rehabilitación hoy podemos admirar uno de los pocos edificios románicos que perduran en la región de Languedoc. La abadía es conocida también por los conciertos de cantos gregorianos organizados por dicha asociación, de los cuales algunos han sido grabados y es posible adquirir los discos en la entrada del lugar.

La abadía troglodítica de Saint-Roman

En el departamento del Gard, en plena Provenza, muy cerca de las márgenes del Ródano y de los pueblos de Tarascón y Beaucaire, se encuentra la única abadía troglodita de Francia. El sitio es, sin lugar a dudas, excepcional pues los monjes y ermitas cavaron las futuras salas y galerías del templo, con la intención de aislarse y protegerse, en el peñón de piedra caliza.

Se cree que los monjes comenzaron a instalarse aquí desde el siglo V dC, cavando sus propias celdas en la piedra, hasta que siglos después adoptaron la regla de san Benito. El lugar conservaba las reliquias de san Román, algo que le confería gran prestigio. Mucho después uno de los papas de Aviñón, Urbano V, instaló en el lugar un colegio de adolescentes que funcionó por poco tiempo.

Visitar Saint-Roman requiere de cierto esfuerzo porque desde el estacionamiento en donde hay que dejar el vehículo hasta la entrada hay una subida de unos 20 minutos a lo largo de un sendero que zigzaguea entre pinos de Alepo, encinas verdes y otros arbustos propios de la garriga o monte bajo mediterráneo.

Una vez en el atrio o entrada de la primera cavidad transformada en nave de iglesia, lo interesante es desplazarse a través del corazón de la gigantesca mole utilizando los diferentes túneles hasta ascender por las mismas escalerillas que los monjes talalron en otros tiempos, hasta la cima del peñón en que una explanada ofrece la vista de toda la comarca, el río Ródano y los viñedos en la otra orilla. En esa especie plataforma puede verse una necrópolis de respetables dimensiones y repartidas, en diferentes lugares, las sepulturas antiguas cavadas en la roca.

En general proponen una visita gratuita a una especie de molino o mas (hacienda) provenzal que pertenece a quien administra la propia abadía. A menos que se desee terminar comprando productos fabricados en la propia hacienda más vale continuar el camino hacia Tarascón u otros pueblos del otro lado del Ródano, mucho más interesantes.

La abadía de Saint-Hilaire

Construido por los carmelitas provenientes de Palestina, un primer convento vio la luz en el siglo XIII, cerca de los pueblos de Lacoste y Menerbes, en la región conocida como Luberón, una de las más turísticas del sur de Francia. Los carmelitas vivieron allí incluso en periodos de inestabilidad hasta que el obispo de Cavaillon les hizo la guerra y pidió en 1656 al papa Alejandro VII que suprimiera el convento, pero poco tiempo después estaban de regreso.

Es a partir de la revolución francesa que la orden abandona el edificio, vendido entonces a un fabricante de tejidos impresos, y seis décadas después a agricultores de la región que lo utilizaron como granja. En 1961, cuando los Bride, una pareja originaria de Reims, decidió comprarlo para restaurarlo todo se encontraba en muy mal estado, y de ello dan fe las fotografías de la muestra exhibida en el antiguo refectorio.

Hoy en día, la capilla, el pequeño claustro, el refectorio, la sala capitular, el dormitorio y las terrazas exteriores se han recuperado. Y lo más impresionante del lugar, aislado en medio del paisaje accidentado del Luberón, son los cultivos de olivos en terraza, una de las fuentes de riqueza de Saint-Hilaire. La entrada es gratis, aunque se sugiera una pequeña contribución a quienes deseen colaborar con el mantenimiento del lugar.

* escritor cubano residente en París

wnavarre75@wanadoo.fr

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La ex catedral de Saint-Véran, en Cavaillon

Estamos en Provenza, hemos cruzado el Ródano a la altura de Tarascón, y pernoctamos en Cavaillon. El pueblo es conocido en toda Europa por sus famosos melones (o sea, por la variedad conocida en otras partes como cantaloup o charantais, que llegó a Italia, procedente de Armenia, y de Italia pasó a Francia hace siglos ya. Ese melón de Cavaillon es una fruta de estación que alcanza su plena madurez en verano (julio y agosto), y mientras más sol le da, más se hincha de dulzor y de aromas. Es ideal comerlo frío, acompañando lascas de jamón  curado (estilo ibérico, serrano, Parma o Bayona) y echarle un chorrito de vino de Oporto. Total, que el propio Alexandre Dumas, donó en 1864 la totalidad de sus obras a la biblioteca municipal de Cavaillon a condición de que casa año le hicieran a llegar a París doce melones de este pueblo. Una renta en melones que el Consejo Municipal firmó como decreto y cumplió hasta la muerte del célebre escritor.

Pero en Cavaillon, amén de su pasado romano, sel cual hablaré en otro post, atesora una ex Catedral poco visitada y conocida: la de Saint Véran. En ella y para ella se fabricó el primer órgano del mundo (aún conservado en el lado izquierdo del coro), en 1593, por un tal Pierre Marchand. También puede verse el cenotafio (absolutamente impresionante) de Jean-Baptiste de Sade de Mazan, eveque de Cavaillon y ancestro del sulfuroso marqués de Sade. Pero lo más impresionante, es el pequeño claustro, misterioso y secreto, íntimo y cuyo jardín parece casi abandonado cuando en realidad se ha dejado que crezcan libremente en él plantas y flores.

Nota: Al pulsar (click) en cada foto se agranda.

 

 

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Nocturnes Littéraires de la Méditerranée 2019 : Saint Tropez, Bandol, Cassis, Salon de Provence, Le Beausset et Châteauneuf-du-Pape

Je serai en signature de “Vidalina” (et autres livres) lors des Nocturnes Littéraires de la Méditerranée dans les lieux suivants / Estaré firmando en los Nocturnos Literarios del Mediterráneo, en los siguientes lugares:

Saint-Tropez: mardi/martes 6 de août/agosto (Place des Lices)

Bandol: mercredi/miércoles 7 (Place de la Liberté)

Cassis: jeudi/jueves 8 (quai Calendal)

Salon de Provence : vendredi/viernes 9 (Parvis de l’Hôtel de Ville)

Le Beausset: samedi/sábado 10 (Esplanade Charles de Gaulle)

Châteauneuf-du-Pape: dimanche/domingo (Esplanade Charles de Gaulle)

 

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Abadía de Saint Roman – Gard

Hemos dejado el Languedoc atrás y entramos en el departamento del Gard (con Nîmes, como capital). Rodamos en dirección del Lubéron cuando veo indicado antes de cruzar el Ródano “Abadía troglodítica de San Román“. Me intriga el sitio y decidimos visitarlo bajo un sol abrasador.

Se trata, en efecto, de la única abadía troglodítica de Francia. No porque haya sido habitada por trogloditas (al menos en épocas en que ya era abadía) sino porque fue concebida en un hábitat en donde vivieron los hombres de las cavernas. Cavado en una enorme roca o peñón, que a juzgar por sus muchas dependencias, debe estar hueco al menos en su mitad, la abadía (donde ya no hay monjes) ofrece desde lo alto de la roca hermosas vistas del Ródano y muchas marcas de antiguos enterramientos (pueden verse en alguna de las fotos).

Un sitio extraño, solitario, poco visitado. Otra sorpresa inesperada.

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Olargues, en la lista de uno de los pueblos más lindos de Francia

La Alcaldía de Olargues, ese edificio de estilo casi alpino-germánico que se ve en una de las fotos, tiene dimensiones completamente desproporcionadas con respecto al tamaño y a la importancia de Olargues, este pueblo del Alto Languedoc en que pasé una tarde callejeando por su trazado medieval.

El pueblo, ha sido incluido en la lista de los pueblos más bonitos de Francia, sin que piense que en realidad deba estarlo. Es cierto que tiene una hermosa torre medieval en el lugar donde solo quedan las ruinas del antiguo castillo. También un puente llamado “del Diablo”, completamente románico, que data del siglo XII. Y que el pueblo tuviera más encanto si estuviera más cuidado. Pero he visto pueblos que no están en esa lista y que lo merecen más que éste, con lo cual empiezo a sospechar que para estar en esa lista debe haber ciertas componendas entre poderes civiles y decisores (como se dice ahora).

Así y todo, Olargues merece la visita. Y justo al pie del puente del Diablo, en la orilla contraria al pueblo, hay un restaurante de primera calidad y merecidas estrellas.

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Martigues, la Venecia del Sur

Martigues es un pequeño pueblo en la desembocadura del Estanque de Berre, esa bolsa de agua que se ve en el mapa al oeste de Marsella. La villa gozó durante mucho tiempo de fama por controlar el acceso a este importante estanque y porque tenía muchísimos canales que hacían de ella “la Venecia del sur de Francia”.

Hoy en día, Martigas sigue siendo un apacible y pintoresco pueblo, en el que todavía existen unos tres canales grandes que sobrevivieron a las sucesivas modificaciones de su topografía. A pesar de que ya no tiene tantos canales como siglos atrás, todavía se respira cierto aire que recuerda a La Serinísima. Si no juzguen ustedes mismos, a partir de las fotos que tomé durante mi visita:

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uno de los canales

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Pouzolles, otro pueblo del Languedoc

Rodamos sin rumbo fijo y de pronto descubrimos al final de unos viñedos las torres circulares de un castillo que sobresalen sobre los tejados de otras casas de un pueblo. Así llegamos a Pouzolles, otro pueblo del Languedoc, muy cerca de Pezenas (donde vivió Molière). Ahí está el elegante castillo, precedido de un monumental Cristo en la cruz, y una plaza como un bosque de plátanos (no de los plátanos tropicales sino del árbol;así llamado también típico del sur de Francia). Y hasta una escuela pública fundada a finales del XIX por la República Francesa para los niños y niñas del pueblo.

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Murviel-les-Béziers / Languedoc

Murviel es una de esos pueblos típicos del Languedoc. Señoriales, con hermosos palacetes y casona de piedra de sillería porque la región es rica gracias a la explotación vinícola desde los tiempos de la provincia romana del Narbonense.

Entre el 14 de julio y el 15 de agosto, los habitantes de Murviel sacan las “petetas” (muñecas de trapo)  que reviven personajes del pasado.

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La arquitectura de Murviel-les-Béziers:

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