Día 7 de confinamiento: salidita, una buena noticia …

Yo que siempre he sido pata caliente, y que no he parado nunca de ir de un lado para otro, me asombro de lo bien que he asumido este nuevo papel de monje de clausura. Pero ayer me hice el bobo, y como tenía que comprar algunas cosas, sin infringir la ley (que autoriza a salir una vez al día a hacer compras de primera necesidad), aproveché y en el momento de ir a la carnicería, en vez de coger por el camino directo, me desvié un poquito.

El resultado fue que pude ver el mar. Claro, desde la acera de enfrente al paseo marítimo (que en Niza se llama Promenade des Anglais) porque las autoridades cerraron el paseo que bordea realmente la playa por el relajito que había de gente corriendo y paseando perros.

En la foto puede observarse algo que yo nunca había visto: la Promenade sin un alma y sin un solo auto circulando. Luego, en la carnicería, era el único cliente. Me di gusto comprando paupiettes de boeufs, salchichas perugine, carne para hacer una daube à la niçoise, rillettes de cerdo y más. Se imaginarán los platos que vendrán en estos días.

prom

La otra noticia me llega desde Tusquets, editor de mi última novela, Deja que se muera España. Me escriben para decirme que las ventas han superado el adelanto que me dieron y que tenía el derecho a regalías. Esa noticia me alegró el día, pues no siempre suceden cosas así, e incluso, pueden suceder y ni te avisan (depende, por supuesto, del editor).

tusquets

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