Día 5 de confinamiento: platos impensables, brindis virtuales …

¡Quién iba a decirme que me gustaría el épeautre! “Epeautre” se le llama en francés a un cereal que en español se conoce como “espelta” y que es la primera vez que oigo mencionar en mi lengua materna. En italiano es farro.

Una amiga cubana que vive de manera alternativa en un pueblo de la trastierra de los Alpes Marítimos, siempre quiso vendérmelo como la octava maravilla del mundo, y yo, reacio, siempre me burlaba de su receta y de aquel grano insípido que, en ocasiones, me obligaba a comer cuando hacíamos picnics en la geografía alpina cerca de su retiro. Pues resulta que, ahora, para matar el aburrimiento, más que por falta de comida (y porque una amiga nos regaló un paquete y por pena lo aceptamos), decidimos darle uso a ese paquete de épeautre que desde hace tiempo nos miraba desde uno de los estantes de la cocina con cara de “noli me tangere”, que en buen cubano es: “échate pa’llá que esto no es conmigo”.

El caso es que lo pusimos en remojo durante doce horas. Luego, en el momento de cocinarlo, pasamos primero por un poco de aceite con cebolla y ajo unos calabacines cortados en finas rodajas, ajíes o pimentones cortados en trocitos, jengibre en finas hilachas, y cuando todo eso estaba cocinado, añadimos el dichoso épeautre, además de comino en grano, cúrcuma y un poquito de pimienta. De más está decirles que el resultado ha sido un plato exquisito que no tiene nada que envidiar a los mejores platos vegetarianos de la India.

Además de esta ardua tarea, intercambié gracias al programa de vídeo del Messanger de Facebook con mi grupo de amigos que viven en Madrid y sus inmediaciones, la mayoría compañeros durante mis estudios secundarios y preuniversitarios en La Habana (Silvia, Laura, Yolanda, Sandra y Javier). Pasamos un buen rato, nos pusimos al día y hasta brindamos, ellos con Rioja y otros vinos ibéricos, y yo con vino de Bellet, de las colinas de Niza. Dicho sea de paso, es la primera vez que brindo en un grupo en que cada cual toma un vino diferente. Eso, en la realidad resulta imposible. Con lo cual hay que reconocer que los arcanos del mundo virtual son completamente imprevisibles.

Aquí les dejo la foto (un poco corrida, lo siento) del famoso plato. He desempolvado la caja del Monopolio. Presiento que mañana tocará hacerme rico comprando avenidas de París y hoteles de no sé dónde.

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