El Principado de Liechtenstein – mi artículo en el Nuevo Herald

Aquíles dejo el enlace a mi artículo sobre Liechtenstein, y para los que no puedan acceder (porque ahora al Herald lo han puesto de pago para casi todas las entradas) se los copio mas abajo. Aprovecho la oportunidad para evocar la obra del arquitecto cubano Ricardo Porro en Vaduz, su capital.

El principado de Liechtenstein, un curioso Estado soberano / William Navarrete / El Nuevo Herald

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Vista del Castillo de Vaduz – no se visita – en lo alto de la capital de Liechtenstein

El principado de Liechtenstein, un curioso Estado soberano

William Navarrete*

Tuve la suerte de llegar a este micro Estado europeo, una de las diez monarquías que existen todavía en Europa, en septiembre, cuando el verano calentaba todavía estas latitudes alpinas, de por sí frías e incluso bajo la nieve en buena parte del año. Dado lo exiguo del territorio – apenas 160 Kms2 y unos 37 000 habitantes permanentes – casi siempre se llega a Liechtenstein por carretera, procedente de las vecinas Suiza o Austria.

Lo primero que me llamó la atención es la abundancia de bosques y de grandes parcelas verdes, algunas cultivadas, tanto en las laderas de sus montes como en los llanos que se extienden hasta su frontera natural que forma el río Rin. En ese valle se encuentra la ciudad principal y capital: Vaduz, centro hacia el que convergen casi todos los visitantes.

Allí todo respira prosperidad, y no me extrañó pues el país posee el PIB más alto, después del de Mónaco, y la tasa de desempleo más baja del mundo. El Principado es una aparente monarquía constitucional encabezada por Hans-Adams II, un príncipe heredero que ejerce su poder casi de forma dictatorial ya que tiene derecho de veto sobre cualquier referendo popular, y, como consecuencia, la anulación de éste. Esta forma de poder absoluto la obtuvieron por referéndum en 2003, pues la familia real amenazó a los votantes con abandonar el país con su fortuna personal si no votaban a favor.

De este modo, nos sorprenderá enterarnos de que las mujeres accedieron al voto apenas en 1984. La riqueza fundamental proviene del sector financiero, y fundamentalmente de la opacidad en este ámbito ya que los impuestos son muy bajos y hasta 2009 Liechtenstein figuraba en la lista internacional de paraísos fiscales. El país no tiene moneda propia, la lengua oficial es el alemán y las empresas extranjeras radicadas allí (unas 74.000) solo poseen un apartado postal.

Lo primero que se visita en Vaduz es el Ayuntamiento, a escasos metros de la plaza de donde sale un trencito turístico que da la vuelta a la ciudad. Luego, vale la pena recorrer los numerosos museos y para esto es necesario un mínimo de dos días, aunque no sea imprescindible visitarlos todos.

Entre los museos más interesantes, el de Bellas Artes, en un edificio concebido como un cubo en el 2000 por los arquitectos suizos Morger, Degelo y Kerez, atesora una importante colección de arte Povera, otra de arte contemporáneo en la que se destacan las piezas de Arp y de De Kooning, y una de esculturas en la que sobresalen obras de Botero, entre otros. Uno de los grandes atractivos del museo son sus muestras temporales.

Muy cerca de allí se encuentra el Museo Nacional, con objetos y obras correspondientes a la historia de este Estado que alcanzó su soberanía tras el desmembramiento del Santo Imperio Germánico, así como el Museo Postal, ya que las estampillas y sellos del país son la atracción mayor para los filatelistas del mundo entero. El museo, completamente gratuito, recibe a legiones de chinos que no se interesan en las colecciones históricas, sino en comprar tarjetas y enviarlas a través de la estafeta de correos que funciona in situ para que familiares y amigos tengan la prueba de que estuvieron en el Principado.

Al final de la arteria principal, la Catedral de San Florin, sede del arzobispado creado por el papa Juan Pablo II en 1992, dado que el catolicismo es aquí religión de Estado. A un costado del edificio se encuentra la necrópolis de los príncipes y, al sur de la gran plaza, el Palacio de Gobierno y el Conservatorio de Música.

Uno de los pocos lazos que me unían al Principado era mi amistad con el arquitecto cubano, exiliado en Francia, Ricardo Porro, autor, entre otros edificios, de las Escuelas de Arte de Cubanacán (antiguo Country Club), en La Habana. La primera construcción de Porro en Europa fue justamente en Vaduz, en 1969, y se trató del edificio destinado a acoger un centro de arte por encargo del mecenas y coleccionista alemán Robert Altmann (1915-2017), quien había llegado a La Habana como refugiado en 1941, huyendo de la guerra y de las persecuciones contra los judíos. Allí tuvo, con su esposa cubana, a sus hijos, y de regreso a Francia (país en que se radicó) fundó una hermosa casa editorial que llamó Bruñidor, en la que publicó a autores cubanos como Samuel Feijóo.

Para Altmann, Ricardo Porro concibió “El Oro del Rin”, uno de los edificios que más se destacan en la trama urbana de Vaduz. En una carta de Lezama Lima dirigida a Altmann, y fechada en la capital cubana en marzo de 1976, el autor de Paradiso confiesa que la interpretación de Porro de la riqueza fluvial del Rhin, le parecía muy adecuada, por cuanto “parece un encantamiento entre el río que fluye y la montaña que lo cierra”. En una entrevista que le hice a Porro en París, me explicó que había querido interpretar la mitología germánica, en la que gigantes de grandes brazos descienden de los montes, uniéndola a la idea del oro que navegó durante siglos al pie del castillo de Vaduz.

Aunque cueste creerlo, el diminuto Estado posee, fuera de Vaduz, otros sitios de interés. Uno de ellos es el castillo de Gutenberg, en la comarca de Balzers, antigua fortaleza medieval del siglo XI, que a diferencia del castillo donde vive el monarca, permanece abierto al público parte del año, entre mayo y octubre. También vale la pena visitar la ciudad de Triesen, a escasos tres kilómetros de la frontera suiza. Los aficionados de la nieve, aprovecharán la cercanía con otras estaciones del Tirol para practicar este deporte de invierno en Malbun, única base de esquí del Principado.

Una visita a Liechtenstein puede combinarse con paseos por el Tirol austríaco y la Baviera alemana. También con las partes germanófonas de Suiza e incluso con el norte de Italia. Testigo único de lo que fuera el Sacro Imperio Germánico, Liechtenstein es una excelente opción para quienes gustan de los Alpes, de las tradiciones de la antigua Europa y de las curiosidades de la geopolítica.

 

*Escritor cubano residente en París

wnavarre75@wanadoo.fr

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