Callejeando por Jaipur – India

Jaipur es la ciudad rosada porque era el color preferido de uno de los maharajá y decidió (más bien ordenó) que todos los propietarios de edificios del área intramural los pintaran de ese color

Una de las puertas de entrada es esta:

a1

En Jaipur es agradable pasear por las calles del centro antiguo (una vez que atravesamos alguna de las muchas puertas de la muralla). Si lo hacemos temprano evitamos el gentío, ya que a partir de las 11 de la mañana comienza el abejeo incesante de la gente y las aceras se repletan de vendedores ambulantes y de todo:

Aunque también, cuando menos uno se lo espera, y sin ton ni son, puede surgir una procesión religiosa, con camellos, elefantes, caballos, colorines, ofrendas, banda de músicos, el copón y la vela, y nunca llegamos a saber ni el por qué, ni a dónde va, ni qué significa todo eso, porque así de abigarrada es la India y porque cualquier explicación es siempre vaga ya que porque los códigos no se parecen ni remotamente a los nuestros. Y lo que es para nuestra cultura cristiana una procesión para ellos es otra cosa, y lo traducimos como tal porque no tenemos las mismas palabras con los mismos equivalentes. Y al final nos da lo mismo, porque uno se queda embelesado, mirando todo esto, la alegría con que emprenden casi todo y el entusiasmo general. Sin dudas, un país que vibra en cada rincón, un país vivo y con gente realmente viva:

Siempre sorprendente, la India nos depara sorpresas, y sin pensarlo dos veces penetramos en un edificio que parece abandonado, y nos topamos con un antiguo haveli (que es nombre de los palacetes de la nobleza y personas pudientes) que con el tiempo se marcharon a otras parte o simplemente se arruinaron o murieron sin descendencia, y esos palacios siguen siendo bellos en medio de la ausenciay el tiempo, y los detalles de las puertas, los techos, los motivos decorativos, etc, hablan por sí solos de los años de bonanza y de los tiempos extintos:

El mismo maharajá al que le dio por la astronomía, y que en New Delhi dejó un observatorio astronómico a principios del siglo XVIII que ya mostré en un post anterior, construyó en Jaipur otro en el mismo estilo, con diferentes instrumentos. Una vez más asombra la modernidad de un sitio que data del siglo XVIII. En Francia, por ejemplo, no conozco ningún precedente a excepción de la famosa columna de Nostradamus que construyó Catalina de Médicis y que perdura a un lado de los jardines de Les Halles. Pero que es poca cosa comparado con todo lo que podemos ver en la India al visitar estos observatorios:

c2

Y seguimos andando por las calles de Jaipur, lamentando no tener más tiempo para seguir recorriendo la ciudad antigua, perdernos en el tumulto, descubrir templos maravillosos y escenas inolvidables en cualquier esquina o caer en una calle por donde no pensábamos pasar.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.