La City Palace de Jaipur – India

La llamada City Palace de Jaipur no es más que las varias manzanas que ocupan los palacios y dependencias del actual maharajá Singh de Jaipur. Dicho reyezuelo, un tal Pacho,  reina en esas manzanas y no tiene ningún poder fuera del estricto marco de su vida doméstica, aunque la gente siga soñando con el prestigio de una familia que heredó de padre en hijo el poder desde épocas inmemoriales. En efecto, en 1970 Indira Gandhi abolió los últimos privilegios que les quedaban a estas familias que reinantes sobre determinaban ciudades y territorios por derecho de sangre exclusivamente.

Si unos seis monumentos importantes de Jaipur forman parte del grupo que se puede visitar comprando un billete de 1 000 rupias que es válido durante dos días (el Palacio de los Vientos, el fuerte de Amber, el Observatorio Astronómico, el Museo Albert Hall, etc), la City Palace requiere de un billete aparte (de 700 rupias) para, al final, no ver gran cosa, pues las mejores partes del Palacio son las estancias privadas del maharajá y solo a algunas de estas se puede acceder pagando un precio exorbitante.

Cuento todo esto porque después de recorrer el museíllo de trajes y recuerdos de la familia real, los dos o tres patios a los que se tiene acceso, y participar de lejos en el paseíllo tonto de un coche tirado por caballos que da vueltas en redondo para los que pagan por pasearse en él y recorrer los cincuenta metros de los dos patios interiores, visité la parte más interesante es la Sala de Audiencias, en donde están los retratos de todos los príncipes y la decoración original.

En esta Sala de Audiencias hay un cartelillo en la entrada al que uno no presta atención en el que advierten que las fotos están prohibidas so pena de ser multado con 500 rupias si se nos ocurriese tirar solo una. En la confusión de la entrada yo ni siquiera lo leí y cuando mostré mi ticket al tipo de la entrada me dij algo inintelegible que supongo haya sido que no se podía tirar fotos. El caso fue que, se me ocurrió tirar una del conjunto – una sola -, de recuerdo, para acompañar mi reportaje. Cuál no fue mi sorpresa cuando al salir me detiene uno de los empleados quien en tono descompuesto me dice que le muestre mi móvil y la foto que tiré (el tipo se dedica a vigilar a través de las cámaras a quien tire fotos para hacerle lo mismo que a mí). Pues bien, se la mostré y me dijo que las fotos estaban prohibidas, con lo cual, enseguida, borré la foto y le dije: “Pues ya está, borrada está”, y se lo enseñé. No contento, el tipo me pide que lo acompañe hasta la entrada de la sala. Lo complazco y es ahí donde me invita a leer el famoso cartel en que anuncian que será multado con 500 rupias quien tire una foto.

Entonces le digo que no había leído el cartel y que la foto ya estaba borrada. Y sigo caminando hacia la salida, para lo cual hay que atravesar la sala, a esa hora atestada de visitantes. El tipo insiste en que tengo que abonar 500 rupias. Y yo, que a esa altura, había entendido ya ya que aquello era un truco para estafar a los turistas le respondo que ningún museo del mundo tiene capacidad jurídica para multar a nadie, que en un estado de derecho y bajo leyes federales o republicanas, los únicos que pueden poner multas son los funcionarios que trabajan para instituciones directamente con los órganos de poder (policías, agentes de tráfico, etc) y que el maharajá y sus empleados no tienen jurisdicción en el Estado indio para poner multas. Como el tipo insiste (los indios suelen ser bastante insistentes), entonces subí el tono de la voz, para que todos los turistas me oyeron y le dije muy claro, en inglés, que no iba a pagar absolutamente nada, y que, además, no tenía con qué (lo cual no era cierto, pero me daba igual).

Cuando el tipo vio que yo era más obstinado que él, y en vistas de que el escándalo cobraba proporciones y de que él sabía muy bien que aquello era una cogioca de los propios empleados, entonces decidió dejarme tranquilo, y salí de allí indignado pero feliz de que al menos a mí no pudieron estafarme.

Aquí les dejo las fotos de esa City Palace que, realmente, no vale la pena visitar. Mejor y mucho más seria, barata y gigantesca es la de Udaipur.

a10

a11

 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.