Fatehpur-Sikri / India

Llegamos a Fatehpur-Sikri provenientes de Agra. La ciudad imperial se halla a 36 kilómetros de esta última. Lo mejor es ir en un auto con chofer privado, aunque también se puede ir en autobuses que cada 15 minutos salen de la terminal de Agra.

La ciudad imperial, al interior de murallas que la protegen, fue construida por el emperador Akbar a finales del siglo XVI. Durante un breve periodo fue la capital del Imperio Moghol (exactamente entre 1571 y 1584), y es que Akbar la construyó en sitio donde el manto freático era pobre, y en poco tiempo la escasez de agua se convirtió en un verdadero obstáculo.

Fatehpur-Sikri nació de una promesa: la del emperador a una especie ermita sufi del islam, quien vivía ya en este sitio y le había vaticinado el nacimiento de varios herederos varones.

El hecho de que fuera abandonada ha influido en que llegara en perfecto estado de conservación hasta nuestros días. La ciudad imperial no sufrió de guerras, asaltos e invasiones, pues en 1584 el emperador desplazó la capital a Lahore (en el actual territorio de Pakistán).

La visita requiere al menos de medio día. Hay muchos edificios interesantes, y las tres mujeres oficiales de Akbar (una católica de origen portugués, una hindú de la India y otra musulmana de origen turco) tenían cada una su propio palacete. Por esta razón, se le considera el más tolerante de todos los emperadores, pues practicaba una especie de religión que era un poco el resumen de las tres grandes religiones imperantes en la India de entonces. También tenía una enorme biblioteca, aunque se sabe que no sabía leer ni escribir.

Además de estos palacios, se pueden ver los edificios del consejo, los del tesoro, el del astrónomo, el de los funcionarios principales, el de las decenas de concubinas, los de las audiencias, el de la emperatriz madre y muchos más.

Es agradable pasearse por los diferentes recintos porque no solo todo está limpio y ordenado, sino que hay pocos visitantes. Abundan los grupos de escolares y algunos turistas individuales. Y sobre todo: nadie viene a vender nada, ni a perturbar la tranquilidad del lugar.

La ciudad imperial:

La mezquita que se construyó luego de la muerte del ermita sufi que le predijo la descendencia al emperador Akbar:

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