Bosa – Cerdeña (6)

A orillas del río Temo (uno de los pocos ríos navegables de Cerdeña), entre altas montañas y mar, Bosa es una ciudad muy fotogénica, en la que da gusto perderse en el laberinto de sus callejuelas que zigzagueando suben hasta lo alto del promontorio en que se encuentra el castillo medieval de Malaspina (que se visita) que data del año 1112.

Por momentos uno cree estar en algún pueblo del archipiélago canario, o en alguna calle de un pueblo andaluz. En Bosa hay viñas y por ello el vino de Malvasia (caímos justo en el momento en que salía de las bodegas rurales) tiene todo el sabor y color que permiten imaginar los espectaculares atardeceres del pueblo. En los huertos abundas las higueras (con higos maduros que cualquiera puede alcanzar y comer), higos de Barbaria, árboles de membrillo, granados, etc.

También tiene una gastronomía específica, a base de platos marineros, amplia gama de repostería y pastas elaboradas a la manera “bosana”.

Bosa ha sido una de las etapas preferidas de mi viaje a Cerdeña y estoy dispuesto a volver.

La carretera entre Albergo y Bosa es una ruta panorámica que bordea acantilados, en ocasiones tan altos que el mar de azul resplandeciente se ve pequeño. En el trancurso de esta carretera no hay casas, ni pueblos, ni nada. Solo naturaleza y dos o tres playas escondidas al final de caminos pedregosos, solitarias y paradisíacas:

 

La llegada a Bosa es espectacular:

Bosa llegada 1

Bosa llegada 2

Las vistas del pueblo desde el barrio de los curtidores de pieles es una maravilla:

bosa vista 1

 

 

Y desde el hotel aún más:

 

Hora de perderse en el laberinto de sus callejuelas,

Bosa calles 3

 

Y tomarse una copa de Malvasia contemplando este espectáculo:

Bosa calles 2

 

O la puesta del sol alumbrando de dorado el castillo medieval:

Bosa castillo 2

Bosa castillo 4

Bosa vista castillo 1

En Bosa encontré un tipo de galleta que es idéntica en gusto, aunque no en la forma a la galleta cubana. La diferencia es que es más abombada:

Bosa - galletas

Y una fabulosa panetteria/pasticceria, la de Anna Maria Marongiu especializada en la fabricación de figurines de pan y de una extraordinaria variedad de dulces que solo existen en Cerdeña y de empanadas jugosas rellenas de la sachicha campesina de cerdo típica de aquí:

Bosa - Ana Maria Marongiu 1

 

 

 

El restaurante gastronómico del hotel es una orgía de platos tradicionales. El hotel se llama Sa Pischedda y no suelo ir nunca a los restaurantes de hoteles pues suelen ser turísticos y se come mejor en otra parte. En este caso acepté ir gracias a Angélica, la venezola que trabaja en la recepción (de una profesionalidad asombrosa) que nos dijo que era excepcional y no se equivocó:

Fregole ai crostacci con brodetto di serrano pomodoro fresco e basilico

Estas fregole (la fregole es un tipo de pasta sarda que es como perlitas) al crustáceo es probablemente uno de los platos más deliciosos que he comido en mi vida. Yo que suelo apartar los centollos y calamares de las paellas en este caso chupé hasta las almejas, mejillones y percebes, cosa que nunca antes, y ni qué hablar de los camarones, gambas y todo lo demás. Orgásmico.

Molloreddos

Estos molloreddos a la bosana son pequeños gnocchis cocinados en una salsa de salchicha artesana de cerdo con pedacitos de salchichas y hierbas aromáticas, tomate, basílico y otros secretos

 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en pueblos, viajes. Guarda el enlace permanente.