Medellín – Colombia

Medellín es un nombre que evoca violencia. Durante décadas la segunda ciudad de Colombia fue sinónimo de narcotráfico, crimen organizado, mafias. Provoca cierta aprenhensión llegar a ella, bajar desde el aeropuerto al Valle del Aburrá en donde crece, solamente detenida por las altas montañas, esta gran urbe llena de contrastes.

Puedo decir que anduve Medellín del Poblado al Centro y del Centro al Poblado sin ningún contratiempo. A veces en taxis, otras a pie o en metro y busetas. La ciudad tiene un metro que es un ejemplo de orden, limpieza y civismo (ya quisiera París por un día de fiesta tener uno igual). De hecho, ese metro tiene un lema: “Metro es Cultura”, y lo es porque se trata de “cultura cívica”, “cultura ciudadana”, orden y bienestar.

Uno sospecha que no todo es color de rosas (de todas formas nada es color de rosas en ningún sitio). Se ven las chabolas y casas precarias construidas en las laderas de las lomas. Uno se pregunta, al ver a tanta gente en las calles vendiendo cualquier cosa, cómo se logra sobrevivir en un lugar donde hay tantas desigualdades. De hecho, la localidad de Bello tiene fama de ser una de las partes más peligrosas de la gran urbe.

El Centro de Medellín gira alrededor del Parque de las Esculturas, donde varias decenas de obras donadas por Fernando Botero son la mayor atracción. La gente posa delante de los gordos y gordas, se apropia del arte, las tocan, sonríen. Botero debe estar muy feliz de haberles dado a los que no tienen nada esos minutos de alegría, esa ilusión.

Hay también algunos edificios interesantes, sobre todo los más eclécticos, verdaderas fantasías de principios del siglo XX. Algunas iglesias antiguas como la de La Candelaria. Una antigua Estación de Ferrocarril, ahora restaurada, donde una vieja locomotora museable evoca la época en que el tren era todavía uno de los medios de locomoción fundamentales.

Luego, el barrio bohemio, donde se alojan los turistas y abundan restaurantes y boutiques (donde nos quedamos nosotros), El Poblado, es otro mundo. Allí conviven todos los forasteros, están los centros comerciales más elegantes o simplemente a la americana, e incluso, la llamada “Milla de Oro”.

Del otro lado del Poblado, la casona llamada El Castillo, remodelada a su gusto por millonario de origen vasco cuya esposa legó en 1971 la residencia ecléctica, entre gótica alemana y pastiche medieval, a la Ciudad. El Sr. Diego Echavarría Misas, uno de los filántropos más grandes de Medellín, mecenas de desfavorecidos, creador de escuelas, estadios, bibliotecas, etc., fue también una de las primeras víctimas del terrorismo y el primer secuestrado de Medellín. Prefirió que lo mataran a pagar la suma que reclamaban sus sicarios.

El centro de Medellín y su arquitectura ecléctica:

Las esculturas públicas de Botero:

El Castillo:

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