La Casa Cuba en la Cité Universitaire de París / hoy en El Nuevo Herald

Hoy en El Nuevo Herald escribo sobre la Casa Cuba de la Cité Internationale Universitaire de París, Fondation Rosa Abreu de Grancher.

Pulsar para el artículo: La Casa Cuba en la Cité Universitaire de París / William Navarrete

Las fotos las tomé todas hace apenas una semana.

Aquí les dejo el artículo y las fotos (entre las que figuran el busto de Martí de Sicre, le retrato al óleo de Pierre Sánchez Abreu, el busto de Felipe Poey, la biblioteca en caoba cubana, los medallones representando los escudos de provincias y pueblos de Cuba, la fachada, entre otras.

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La Casa Cuba en la Cité Universitaire de París

William Navarrete* / El Nuevo Herald (Trasfondo),  5 de noviembre de 2017

Un proyecto humanista

La Cité Internationale Universitaire (ciudad internacional universitaria) es un campus de 34 hectáreas en la periferia sur de París que nace de la idea de dar alojamiento a los estudiantes extranjeros o de otras provincias de Francia que venían a la capital a realizar sus estudios.

Gracias a André Honnorat, ministro de la instrucción pública en 1920 e impulsor del proyecto, al rector de la Academia de París de aquel entonces y al apoyo financiero del rico industrial de la Lorena, Emile Deutsh de la Meurthe, la idea pudo fructificar y el proyecto, que incluía un urbanismo ajardinado muy innovador para la época, vio la luz en 1925.

Los países interesados en participar y en administrar en aquel sitio privilegiado, frente al parque de Montsouris, de una residencia para alojar a sus estudiantes disponían de plena libertad en cuanto al diseño arquitectónico de sus edificios. La Cité Universitaire (CIUP) nacía de una vocación internacional y humanista que alentara la convivencia pacífica entre todas las naciones del mundo después de los dolorosos episodios de la primera Guerra Mundial.

Generosos mecenazgos

Uno de los primeros edificios construidos, la Casa Internacional – espacio común en donde confluían todos los habitantes del campus – fue financiado por el millonario y filántropo norteamericano John D. Rockefeller quien ya había aportado los fondos necesarios para la restauración los castillos de Versailles y Fontainebleau. La imponente construcción de 22 000 m2, diseñada en 1933 por el arquitecto Jean-Frédéric Larson, se inspira de la arquitectura del clasicismo francés y, fundamentalmente, del castillo de Fontainebleau por el que Rockefeller sentía particular afecto.

La cuarta casa construida, después de las de Francia, Canadá y Bélgica, fue la Maison de Argentina, en tiempos de Marcelo T. de Alvear. Sus formas imitan la arquitectura de las célebres estancias ganaderas de la Pampa y fue financiada en gran medida por el industrial argentino de origen alemán y creador de la cervecería Quilmes, Otto S. Bemberg, abuelo de la conocida directora de cine María Luisa Bemberg. La casa fue diseñada por dos arquitectos franceses y el porteño (también pintor) Tito Saubidet. El conjunto posee 50 habitaciones repartidas entre un edificio más grande y otro más pequeño.

La Casa Cuba o Fundación Rosa Abreu Grancher

De América Latina sólo cuatro países poseen sus propias residencias en la Cité Universitaire: Argentina (1928), Cuba (1933), México (1953) y Brasil (1959), algo que refleja muy bien la pujante situación de Cuba en la época republicana. La de Brasil, por ejemplo, es obra del arquitecto Lucio Costa con la colaboración de Le Corbusier, quien ya había construido en la Fundación Suiza.

La Casa Cuba o Fondation Rosa Abreu de Grancher, una de las primeras de la Cité, surge por la voluntad de los hermanos Pierre y Rosalía (llamada ‘‘Lilita’’) Sánchez Abreu, quienes le dan el nombre de su tía, Rosa Abreu Arencibia, esposa del profesor francés Jacques-Joseph Grancher, que no debe ser confundida con su hermana Rosalía, la dueña de la célebre Finca de los Monos, y madre de los mencionados Pierre y ‘‘Lilita’’. El acta de fundación de la Casa data de 1929 y se encargó su diseño al arquitecto francés Albert Laprade, quien inspirándose en la elegante arquitectura del clasicismo francés dotó su fachada de un juego de volúmenes que recuerda a la Catedral de La Habana.

Durante mucho tiempo fue la más lujosa de las residencias universitarias del campus. Poseía ascensor, lavandería y cada habitación disponía de su baño privado con bañadera. Del mobiliario original se conservan las estanterías, el revestimiento de la gran biblioteca y varias piezas (muchas con la placa que anuncia el nombre de su fabricante habanero) repartidas entre las habitaciones, todo hecho con caoba de Cuba. En la biblioteca es posible ver un retrato al óleo de Pierre Sánchez Abreu, otro del urólogo Joaquín Albarrán, un busto de Felipe Poey y gran cantidad de volúmenes relacionados con la historia de la Isla. En la entrada, un busto de José Martí, obra de Juan José Sicre (autor del Martí de la Plaza Cívica habanera, hoy llamada de la Revolución) y donado por su hijo José Francisco Martí Zayas-Bazán.

Escudos e historia de la Casa Cuba

El escudo nacional y los de las seis antiguas provincias de Cuba fueron incorporados en forma de medallones a la fachada principal del edificio y adornan las paredes a ambos lados del gran portón de acceso. Además de estos seis escudos, las dos fachadas laterales y la posterior ostentan los de numerosas ciudades cubanas como Santiago de las Vegas, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Sagua la Grande, Santa María del Rosario, Guanabacoa, entre otras.

Entre los últimos becarios que allí vivieron, se encuentran artistas y escritores cubanos que salieron de Cuba entre 1959 y 1960, de los cuales muchos se quedaron definitivamente en París. Entre ellos, cabe recordar a Néstor Almendros, Hugo Consuegra, Tomás Marais, Agustín Cárdenas, Ramón Alejandro, Jorge Pérez Castaño, Gina Pellón, Roberto García-York, Agustín Fernández, Joaquín Ferrer. Y entre los que regresaron Loló Soldevilla, Rine Leal y el malogrado Acosta León, quien cayó al mar (muchos creen que se trató de un suicidio) del barco que le llevaba de vuelta a La Habana en 1964.

Tras la muerte de Pierre Sánchez Abreu, su hijo Jean-Claude Abreu, fallecido en 2006 en París, quedó al cargo de la fundación que administraba la Casa Cuba a partir de 1955. Los últimos becarios llegaron en 1959-1960, y poco tiempo después cesó el intercambio entre la fundación y el nuevo ministerio de cultura cubano. La Casa de Cuba entró en un periodo de limbo porque su razón de ser, la de servir de techo a estudiantes cubanos para que estudiaban en París, cesó bruscamente poco después del triunfo de la revolución. Este conflicto cesó cuando quince años después la Casa quedara bajo la tutela de las instituciones universitarias de París.

Renacimiento

Después de años de olvido en que las estructuras originales se estaban deteriorando, la casona recibió una profunda restauración y volvió a abrir sus puertas en diciembre de 2011. El objetivo era conservar su caché de antaño, a la vez que adaptarla a las nuevas normas de seguridad y exigencias de hoy día como retirar las fibras de amianto de su estructura.

La operación, por un costo de más de 5 millones de euros (explicada en detalle por Le Moniteur del 4 de enero de 2012) fue el resultado de la colaboración conjunta entre la Cité Universitaire y la Asistancia Pública-Hospitales de París que, en lo adelante, utiliza el edificio para alojar a estudiantes extranjeros del sector sanitario.

El 10 de diciembre 2014, se evocó un protocolo de intercambio entre la dirección actual de la Casa y la embajada de Cuba en París que se ha mostrado interesada en estos últimos tiempos en recuperar la influencia sobre uno de los edificios más emblemáticos de la historia contemporánea cubana en la Ciudad Luz.

* Escritor cubano establecido en París

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