“Deja que se muera España” / El Comercio – Asturias

Compartiendo esta reseña de lujo que me hizo el escritor Ignacio del Valle sobre mi novela Deja que se muera España (Tusquets/Planeta, 2017) en el diario El Comercio, de Asturias.

Reseña Ignacio del Valle

DEJA QUE SE MUERA ESPAÑA

Por Ignacio del Valle / El Comercio / Asturias

Yo también tuve familia que se marchó a Cuba. Me miran desde esas fotos sepias que se guardaban en cajas y que mi abuela me iba mostrando, cada una con su pertinente explicación. Entonces éramos nosotros quienes queríamos entrar en la Arcadia, ahora son ellos los que quieren salir. La protagonista, Elba, puede pedir la nacionalidad española siempre que demuestre antepasados hispanos, eso cataliza una aventura de la memoria que recorre la historia de Cuba desde la guerra de los mambises pasando por las costas del Caribe hasta el sur de los Estados Unidos. Pombo, perico, mabinga… la exuberancia de la lengua cubana se ve remejida con Batista y los barbudos, edificios art-decó, la ronera Bacardí, alcaldes que se suicidan porque no pueden garantizar los suministros del agua, abstrusos árboles genealógicos que se enredan y ascienden por los enramados de la memoria. Qué pena que las fotos no hablen, dicen en uno de los párrafos, los seres humanos se creen eternos, enfrascados en el presente; luego, solo las fechas a tinta en el dorso de esas mismas fotografías nos dan una idea vertiginosa de los abismos de tiempo que cruzamos. William Navarrete ha terminado una novela compleja, una narración obsesiva que busca fijar los contornos nebulosos de la identidad, pero él no se centra en grandes fechas o en generales a la jineta sobre caballos de bronce, sino en el murmullo de las mujeres que van desovillando la historia, migraciones, casamientos, deserciones… la familia era un árbol enfermo, escribe, las raíces buscando inútilmente una capa de tierra que la nutriese. De ahí ese empeño en volver a juntar las zozobras y penurias, el desencanto y las esperanzas, unir las piezas para luchar contra un siglo de amnesia. Los descacharrantes test de cubanía de los oficiales gringos para comprobar si los emigrantes son realmente quien dicen ser; el extrañamiento de la guerra contra los españoles, hasta el punto que los mismos soldados coloniales desean que la guerra se pierda de una vez y que los restos imperiales se esparzan: Deja que se muera España, asertan descorazonados; los buscavidas guajiros en una Miami de yates que surcan sus aguas verdosas y donde se juntan millonarios rusos con los extraños argots cubano-americanos, “Miami, después de La Habana, es la ciudad que más cubanos vivos tiene, pero también la que conserva en sus cementerios la mayor cantidad de muertos”. William Navarrete hace encajar en cada uno de sus episodios familiares un reflujo histórico, hilvanando así una obra imprescindible para recordar las raíces, esas a las que tanto trabajo les cuesta afirmarse para sostener una verdad hoy deslustrada: los cubanos vienen de los españoles, los españoles venimos de los cubanos.

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