Abadía de Pontigny y pueblo de Chablis – Borgoña

© William Navarrete

Por aquí ha empezado este nuevo viaje a lo largo y ancho de Borgoña. Hace años no recorría realmente sus verdes colinas, sus hermosos viñedos coronados de castillos y casas fuertes, ni visitado sus espectaculares basílicas, sitios arqueológicos, exquisitas bodegas.

Este viaje promete y comienza por la celebérrima Abadía de Pontigny, construida en 1114 y la más vasta abadía cisterciense de Francia después de que Cluny fuera prácticamente derribada. La iglesia sorprende por sus dimensiones – comparables a las de Notre Dame de París -, la sobriedad y calidad de la piedra blanca de Borgoña. Vista desde los laterales la gran nave parece eso: un trasatlático de viejas piedras sobre la cresta de una ola imitada por el césped.

 

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Después de Poligny pausa en Chablis, uno de esos pueblos de los que se sale borracho porque en cada bodega (cave) te ofrecen vino blanco a catar ya que los de Chablis son de los mejores de Europa. Por ahí retraté la bodega en la que dije: “ni una copa más”.

 

 

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