Mi reseña sobre Juan Cueto, hoy en El Nuevo Herald

Mi reseña sobre la antología de poesía de Juan Cueto-Roig, publicada recientemente en Madrid por las ediciones Verbum, hoy en El Nuevo Herald (versión impresa en domingo en Galería 305).

Palabras en la tarde de Juan Cueto-Roig / El Nuevo Herald / William Navarrete

Cueto 2

Palabras en la tarde con Juan Cueto-Roig

William Navarrete / El Nuevo Herald / 26 de mayo de 2017

El escritor cubano exiliado en Miami Juan Cueto-Roig nos tiene acostumbrados a leer versos pulcros, de una gran belleza y eso que él mismo llama – haciendo un juego de palabras con su apellido – escuetos. Y hasta lo cuenta, desenfadado, en uno de sus poemas, que es su propio epitafio y también adivinanza:

Yace aquí parco y discreto, / Sin blasón prole ni herencia. / Yace en paz quien yace escueto.

Es la ocasión de festejar la publicación en la editorial madrileña Verbum de su compilación de poemas Palabras en la tarde. Antología personal y selección de poemas traducidos, en que concentra, según afirma, los versos que ha escogido de sus propios poemarios publicados a partir de 1996.

En una Nota introductoria el autor nos explica las razones de esta antología. Todos sus libros de poesía están agotados, varias personas han manifestado interés en adquirirlos, hay versos que merecen ser publicados una vez más, y, además, ha disfrutado enormemente en releer, revisar y ordenas sus poemas.

Los versos proceden de los poemarios: En la tarde, tarde (1996), Palabras en fila, en clase y en recreo (2000) y seis poemas inéditos, además de las traducciones al español de textos y poemas de Shakespeare, Emily Dickinson, Sylvia Plath, William Butler Yeats, Carl Sandburg, Cummings, Cavafis, entre otros. El libro cuenta con un apéndice final con críticas y opiniones de otros autores acerca de la obra de Cueto-Roig.

Comienza la antología con poemas cortos de la sección de ‘‘frutas, flores y palma’’ de su primer poemario publicado también por Verbum. Destaco entre ellos el dedicado al mamey, así titulado, que resume muy bien la calidad poética del autor, su capacidad de concisión y gracia: Por su toca de tosco yute / se asoma enorme su sonrisa roja. / Sus carnosos labios se abren / y en sus entrañas / una perla oblonga y negra / relumbra extraña.

Tiene este libro la ventaja de mostrar registros poéticos variados por el simple hecho de que los poemas datan de periodos diferentes. Me sobrecoge y complace siempre aquel que habla de Remedios, una de mas antiguas villas cubanas, en donde Cueto pasó parte de su infancia. Se titula Mejor los patios, lleva un exergo de Eliseo Diego y su primera estrofa dice: Con qué ternura recostaba la iglesia / su sombra en nuestra casa. / Con qué pereza pautaban los días sus campanas / y sus párrocos los años. / Nuestra casa, / más nuestra por derecho de muertes y de partos / que por ley de escrituras o contratos.

A Juan Cueto debemos agradecer la frescura y la delicadeza con que teje sus versos. Modestia, desdén de las poses, siempre la palabra justa. De ‘‘señorial y altivo’’, lo califica José Abreu Felippe en una crítica para este mismo diario, y majestuoso, añadiría yo, porque sabe como poeta dignificar y realzar esas pequeñas cosas de la vida que son muy grandes y no nos damos cuenta.

Palabras en la tarde es el momento mágico, al filo de su tarde, en que el autor se asoma al ventanillo del Versailles de la Calle Ocho y pide un café cortado con leche evaporada. En ese justo instante, cuando el crepúsculo reparte naranjas y violetas en el horizonte de esa misma calle, el autor exige que le sirvan su café en una taza de cerámica blanca (y no en una vulgar de lleva y trae, de esas de poliespuma).

De la misma manera que presta atención a este detalle, se protege de las palabras que pudieran afear su poesía. La armonía de estos versos tiene mucho que ver con la música y la voz, pero se complementa, crece y alcanza la belleza plena gracias a cada uno de sus (estos) gestos.

 

 

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