“Animal en vilo” en “El Nuevo Herald”

Agradecido a Daniel Fernández por esta hermosa reseña de mi reciente poemario Animal en vilo (México, 2016) publicada en El Nuevo Herald de hoy.

Enlace: La geografía poética de William Navarrete

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Animal en vilo (Monterrey, 2016), William Navarrete

La geografía poética de William Navarrete

El Nuevo Herald / Daniel Fernández / 19 de noviembre de 2016

El polígrafo William Navarrete no deja de sorprender a sus lectores, que son muchos y en varias lenguas. Cubano afincado en París desde hace décadas, ha publicado desde divertidas novelas hasta enjundiosos tratados históricos y genealogías. Viajero infatigable y autor de cientos de artículos de viaje que aparecen en este periódico y en su muy transitado blog. La sorpresa viene de la mano de su más reciente poemario Animal en vilo (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2016. Ilustraciones de Segundo Planes).

A pesar de tanta actividad literaria y viajera, a pesar del paso de los años, que a menudo cambia el vuelo poético por el paso prosaico, Navarrete, que ganara el Premio Florit con su primer afán poético, en 2004, conserva la mirada fresca del poeta que como el niño es atraído y seducido por una hoja caída, una antigua plaza o el cadencioso andar de una prostituta callejera. “Escribo poesía en las raras ocasiones en que la luz rima con el viento, es algo tan inexplicable como la poesía misma por la simple razón de que se siente y no se explica”, confiesa.

En cuatro estaciones se resume este “vilo” en el que el poeta explora su geografía personal. Cada estación es identificada con lugares del mundo que Navarrete habita todos los años. Abre el libro, como el año, con el invierno y el Piamonte, bella región del norte de Italia cargada de historia y de recuerdos amables o tristes para el autor. Diez poemas sin título resumen el paisaje nevado y con horizonte de Alpes. Los muros de la ciudad recuerdan al poeta las guerras; los cementerios insisten en su propia mortalidad, y entre la niebla, el silencio y el frío, se pregunta: “A qué teatro pertenecen estas sombras?”

Luego la primavera lo renueva todo, y se instala en el barrio de Pigalle, en París, cerca de donde vive el autor, y hasta el estilo del libro rejuvenece. Ahora los poemas llevan título. El primero, Sura, recrea un encuentro sexual con un moro, que olvida las suras punitivas de la sodomía, aunque le rechaza la cerveza en sumisión a otras que sí obedece.

Barrio lleno de contradicciones como esa, como las que abundan en esa ciudad, centro de cultura y arte, pero también de miserias humanas. Los poemas aquí se llenan de luz, de calor y vitalidad, y hasta el lenguaje cambia; ahora el verso se trenza a flor de piel, hay palabras duras, calientes. La primavera es la estación del sexo “en vilo”. Desde la flor al hombre, todo lo que vive busca el placer de la reproducción, y en la primavera de Pigalle abundan las putas y las locas, los marinos y los policías, los inmigrantes, los mendigos, los borrachos y todos rezuman un sudor que evoca el sexo. El poeta se sumerge en este mundo, como el que nada en el mar, y hasta lo dice: “Este bulevar es mi malecón./ Las olas son los ruidos de los autos…”.

El verano lleva por subtítulo Biscayne, calle de Miami, ciudad donde vive la madre del poeta y donde cuenta con muchos amigos. Asiduo residente temporal, ha podido observar la evolución de esta urbe que se va volviendo megápolis y evoca con nostalgia las imágenes de esta veraniega pradera que han ido pasando y perdiéndose en el tiempo.

La emblemática calle que bordea la bahía y para la que Burle Marx diseñó aceras como las de Copacabana que nunca se han llevado a la realidad es, más allá del centro de los grandes teatros y estadios, un sembrado de moteles dudosos. Por las aceras baratas y feas deambulan las prostitutas que parecen salidas de otros tiempos…

Estos son posiblemente los poemas más desgarrados y coléricos de la colección. Especialmente uno, dedicado al poeta cubano suicida Heriberto Hernández Medina. Navarrete capta como pocos el contraste de una ciudad de luz y calor, donde la soledad y la frustración acechan en cada banco de parque, y hasta puede haber asesinos armados en la sombra.

Cómo esta geografía inhóspita/ –en que la noche se confunde con el día–/ se ha vuelto Meca y meta del futuro/ de pobres ilusos obtusos infelices.

Cierra el libro con aires otoñales, un toque de reflexión azureño, inspirado por los semidormidos pueblos de la Côte d’Azur, donde “por no pasar, ni el cura pasa”. Niza es el enclave en que el poeta vive unos meses al año y desde donde parte a explorar las villas mediterráneas donde Se esconde el sol en el abismo de su ruta/ para devolver al mundo su silencio. Aquí habitan los poemas más filosóficos de esta colección, donde hay también homenajes a amigos y a otros escritores como Juan Ramón Jiménez y José Miguel González-Llorente.

Hay mucho más “en vilo” de lo que he apuntado. Navarrete, con sus 48 años, ha vivido, viajado y leído mucho, muchísimo, y su verso va preñado de resonancias que pueden cambiar de color y tono en cada lector. Incluso, hay poemas que se transfiguran en la segunda lectura, en la tercera. Este es un poemario mayor. No es para leerlo de seguido –su autor se tomó cinco años para escribirlo–, sino para disfrutar en ricas pausas, como el trago fresco que se paladea en un café al aire libre, viendo pasar las gentes al ritmo suave pero implacable de las cuatro estaciones de la vida.

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