Castellón de la Plana y sus encantos

Entre pueblo y ciudad, apacible y grato, Castellón de la Plana es de la costa mediterránea española probablemente una de los sitios menos turísticos. Tal vez no hubiera venido nunca si no fuera porque en 1860 entró en la Academia Militar de este pueblo mi tatarabuelo Ramón Navarrete Guillamón, nacido en Cirat, trastierra castellonense y al pie de los fabulosos montes del Maestrazgo. Este incidente, en relación con una de las historias que he escrito recientemente, me ha llevado a andar y desandar una región que me ha impresionado bastante tanto por la cordialidad de su gente, como por la calidad de vida y la belleza de sus paisajes. Basta con alejarse de la costa para vernos en medio de una naturaleza virgen de olorosos pinares y rodar por carreteras (que harían palidecer de envidia las de muchos países) en donde raramente nos cruzamos con otro auto. Ese paraíso está condenado afortunadamente a perdurar porque las hordas turisticotas aquí no llegan ni llegarán nunca.

Las playas no están muy lejos y tienen una peculiaridad: son cálidas y tienen de telón de fondo la cadena montañosa de Les Palmes que recuerda en mucho a Tenerife:

En el Mercado Central un verdadero mercado de pescados y mariscos. En ningún sitio he visto tal cantidad de pescaderías, una al lado de otra, todas excelentes:

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El Horno Adell es único en su tipo en kilómetros a la redonda. Se halla en el centro histórico de Castellón y hace siglos que se mantiene fiel a la tradicion de hornear pasteles y empanadas, panes y dulces, como lo hacían nuestros tatarabuelos. Sin pretensiones, conservando el estilo de antaño y manteniendo recetas ancestrales, el horno familiar abre sus puertas cada mañana y las cierra a las 14h 00. Todo se vende y todo se fabrica por la noche para que sea consumido fresco durante el día. Sin duda, uno de los secretos mejor guardados de Castellón.

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