El Estéron y un baño estival

Un lujo bañarse en estos ríos alpinos. Primero, porque el agua baja pura de las montañas Segundo, porque no hay un alma en todo esto, mientras que la Costa vomita muchedumbres. Tercero, porque en esta época la temperatura del río supera la del mar. Y, por último, porque se disfruta a plenitud de la naturaleza sin ruidos, noticias, interferencias, mala onda …

El río generoso cambia su geografía cada vez. Las pozas no son siempre iguales de profundas. Los saltos por donde se despeña el agua mutan después de las crecidas. Es el mismo río de cada año, pero no se parece en nada, al mismo tiempo, al de hace un mes.

Es el Estéron, en la trastierra de Niza, a más de una hora de carretera de la Costa.

El viejo oratorio (foto 1) marca la bajada desde el pueblo. Una vez abajo, en el río, el pueblo se ve pequeñito, arriba, asomado al borde de los farallones (foto 2). La bajada es hermosa. El camino de piedras o de tierra atraviesa bosques de encinas, robles y castaños, también olivares. Por momentos se ven parcelas de tierra removida. Indicio de que la noche anterior los jabalíes anduvieron excarvando raíces y bellotas. Cuando llegas al río el cuerpo pide zambullirse, nadar, sacarse el calor del esfuerzo realizado para llegar hasta allí. La tarde se convierte en el mejor regalo del mundo.

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