Un romance, un suicidio y un altar en Notre Dame de París / El Nuevo Herald

Hoy escribo en El Nuevo Herald sobre esta apasionante historia: la Virgen de la Guadalupe, Antonieta Rivas y José Vascancelos con la Catedral de Notre Dame de París como telón de fondo. También sobre la capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa en la Casa de las Hermanas de la Caridad en París, rue du Bac. Dos sitios de culto relacionados con América Latina en la capital de Francia:

Un romance, un  suicidio y un altar en Notre Dame de París / William Navarrete / El Nuevo Herald

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Un romance, un suicidio y un altar en Notre-Dame de París

William Navarrete / El Nuevo Herald / 29 de junio de 2016

William Navarrete

La Guadalupe en el corazón de París

Desde 1949, la catedral Notre-Dame de París, posee una capilla enteramente consagrada a la Virgen de la Guadalupe, patrona de México, venerada no sólo en este país sino en todo el mundo. Se dice que fue solicitada desde la década anterior, pero las gestiones quedaron interrumpidas por el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

La Guadalupe de la catedral parisina posee una corona de oro macizo de 18 carates, adornada de perlas y esmeraldas, realizada por los joyeros Mellerio, los mejores del París de aquel tiempo y cuya casa se halla todavía en la calle de la Paix, muy cerca de la plaza Vendôme. La joya se conserva en las salas museables del Tesoro de la catedral. En la capilla, en la nave lateral izquierda del templo, puede apreciarse la réplica de la virgen que se halla en el santuario mexicano de Tepeyac. Fue encargada a la fábrica de mosaicos del Vaticano y bendecida por el Papa Pío XII antes de que viajara a París. En el momento de su consagración en Notre-Dame, un 26 de abril, la ceremonia fue presidida por el Arzobispo de la Ciudad Luz, Emmanuel Suhard; el de México, Luis María Martínez, y el de Guadalajara, José Gabiri. Se contó además con la presencia de unos 16 arzobispos y obispos de Francia, más 20 prelados de otros países y decenas de representantes de congragaciones y órdenes religiosas de todo el mundo.

Ese día también estuvieron presentes Río Cañedo, el embajador mexicano en Franciaa, así como Pierre de Gaulle, hermano del futuro presidente francés, quien entonces era  el presidente de la Asamblea Nacional francesa. Desde entonces, de todas las capillas del templo mayor de París es la de la Guadalupe la más florida y la que mayor cantidad de velas y cirios encendidos posee en cualquier época del año.

Esta capilla es una de las pocas que, en iglesias francesas, rinde culto a una virgen de devoción latinoamericana, si exceptuamos la de Santa Rosa de Lima en la catedral Santa Reparata de Niza y la de la Virgen de la Caridad del Cobre cubana y las patronas de Argentina, Brasil, Colombia y Chile en la basílica de Santa Teresa de Lisieux, en Normandía.

Un suicidio al pie del altar

El 11 de febrero de 1931, al pie del altar mayor de Notre-Dame, se suicida de un tiro en el corazón, una de las mujeres mexicanas que más se había destacado en ámbito cultural durante el primer tercio del siglo XX. Su nombre, Antonieta Rivas-Mercado Castellanos, ha incentivado desde aquel fatídico día el imaginario colectivo mexicano ya sea por su vida díscola, por sus amores frustrados, por su muerte trágica o porque su condición femenina le impedió trasgredir las convenciones y normas sociales de su tiempo.

Nacida en 1900, Antonieta era la hija del arquitecto oficial del régimen porfirista Antonio Rivas Mercado, autor del teatro Juárez de Guanajuato y también del famoso Ángel de la Independencia que, desde 1908, engalana una de las rotondas más céntricas del Distrito Federal. Con su padre viajó a París en el momento en que se escogieron los materiales para la realización del monumento. Había crecido en un hogar de sólida educación, hablaba varias lenguas y durante su infancia y parte de la adolescencia viajó a lo largo de Europa. Ya casada con un hombre que nunca amó, al morir su padre, se convierte en heredera de una fortuna colosal. Fue entonces que devino infatigable promotora cultural, ofreciéndose como mecenas del mundo literario. A ella se debió entonces la renovación del panorama teatral de la capital mexicana al patrocinar la creación del Teatro Ulises, costear las ediciones del mismo nombre y dar fondos para la Orquesta Sinfónica de Carlos Chávez.

Rica, culta y liberal, se compromete a financiar y apoyar en 1929 la campaña presidencial de José Vasconcelos quien, entre otras medidas, prometía dar el voto a la mujer si salía electo. Antonieta desarrolla entonces una actividad febril por los derechos femeninos, pero su candidato, convertido para entonces en amante, fracasa ante las urnas. Aquejada por una crisis nerviosa debido al exceso de trabajo se retira a Nueva York. La situación con su marido se había vuelto intolerable. Además de acusarla de descuidar el hogar y sus obligaciones de mujer, por lo cual le había quemado su biblioteca, el padre de su único hijo logra que un juez le retire la patria potestad del niño. Desesperada, Antonieta regresa a México, falsifica la firma del marido y se lleva a su hijo a Burdeos, en Francia. En ese momento la persigue la justicia mexicana, la ruina financiera y hasta sus cuentas han sido congeladas.

A José Vasconcelos, mujeriego empedernido, con ínfulas políticas y la esperanza cifrada en aquella campaña presidencial, Antonieta se había entregado en cuerpo y alma. Ambos creían realmente en un México democrático y culto, y por él había dilapidado buena parte de su fortuna. De Burdeos viaja a París a encontrarse con Vasconcelos. Cree que hallará en sus brazos la protección y apoyo necesarios para vencer las calamidades financieras que la acosan. No fue así. El amante le da la espalda. Está convencida que sólo la muerte podrá liberarla de aquel suplicio. Abandonada y traicionada, roba de la habitación del hotel en que él se alojaba su revólver, el mismo con que se pegará un tiro frente al altar mayor de la reina de las catedrales de Francia.

Antes de suicidarse, tuvo Antonieta la delicadeza escribir un billete en que exoneraba a Vasconcelos de toda culpa. Terminaba su mensaje pidiendo que telegrafiaran a su marido en México para que recogiera a su hijo en la casa de la familia bordelesa donde lo había dejado.

Medio siglo después, en 1982, el director de cine español Carlos Saura llevó la vida de esta heroína trágica al celuloide.

Una celebración guadalupana cada 12 de diciembre en París

Multitudinaria es la misa que conmemora en Notre-Dame de París, cada 12 de diciembre, la aparición de la virgen a Juan Diego Cuauhtlatoatzin en 1531. Lo que empezó como una liturgia íntima al pie de la capilla guadalupana se convirtió, a partir del año 2000, en un acontecimiento de envergadura celebrado ante su altar mayor.

Desde hace 20 años Sandra Lupercio, una profesional regiomontana del ámbito de la comunicación establecida en la capital de Francia, pone a vibrar el templo gótico a ritmo de mariachis. Se oyen La Guadalupana, Cielito lindo, Virgen ranchera, Las mañanitas y otras canciones populares, cantadas por el mariachi El Sol y por artistas de remombre como Guadalupe Pineda o el tenor Jorge Negrete que han asistido ya a la misa entonando los cantos inmortales de México.

Ese día se da cita allí la diáspora mexicana radicada en la capital de Francia, aunque también latinoamericanos, religiosos y sacerdotes franceses y un público que trasciende la mera dimensión litúrgica de la celebración. Afuera, en la explanada de Notre-Dame, se ven mujeres que venden tamales caseros como sucedería en cualquier plaza de México.

La misa de la Guadalupe ha sido inscrita en 2010 por el Ministerio francés de la Cultura en la lista del Patrimonio Inmaterial en Francia. Y aunque su capilla fue consagrada en 1949, la presencia de la virgen en el templo parisino data de principios de la década de 1930. Un rumor corre sottovoce: Vasconcelos impactado por el trágico fin de Antonieta, tal vez por remordimiento, tal vez porque la amó realmente, actuó entre bambalinas para que la Guadalupe tuviera su imagen en el lugar donde había puesto fin a su vida la desafortunada Antonieta.

Otros lugares de culto latinoamericano en París

Del otro lado del Sena, colindando con la tienda por departamentos Le Bon Marché, se halla la Capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, centro de peregrinación de fieles de todo el mundo frecuentado particularmente por los latinomericanos que viven o están de paso por la capital francesa.

La capilla se encuentra en la casa de la Compañía de las Religiosas Hijas de la Caridad, orden fundada en 1633 por Luisa de Marillac (Santa Luisa), cuyo cuerpo reposa intacto en una sarcófago de cristal, y por San Vicente de Paúl quien también se halla incorructo en la iglesia de los lazaristas a pocos metros del Bon Marché.

Allí, a la casa de las Hermanas de la Caridad llegó desde su Borgoña natal, en 1830, una joven aspirante a novicia, Catalina Labouré, testigo, poco tiempo después, de tres apariciones de la Virgen. Fue durante la segunda de las apariciones, un 19 de julio de 1830, que la Virgen le confió el mensaje salvador de mandar a acuñar una medalla. En su reverso debía aparecer la letra M con una cruz en lo alto y en la parte inferior dos corazones, uno coronado de espinas y otro traspasado por una espada, rodeados de 12 estrellas que representaran a los apóstoles. Quienes llevaran colgada la medalla al cuello deberían recibir grandes gracias.

Para los creyentes es ésta la única medalla diseñada por la Virgen. En el anverso exhibe una imagen mariana y en derredor el mensaje ‘‘Oh María sin pecado concebida ruega por nosotros que recurrimos a ti’’. En este culto radica el origen de la doctrina de la Inmaculada Concepción, proclamada por el papa Pío IX en 1854.

El culto a la medalla se expandió rápidamente por el mundo. Ya en 1835, apenas cinco años después de las apariciones, se habían acuñado más de un millón, y cuatro año después la cifra superaba los diez millones.

Un siglo después, en el momento de la exhumación en 1933 de Catalina – quien sólo había revelado las apariciones a su confesor de entonces, encargado de difundirlo sin mencionarla nunca – se constató que su cuerpo estaba intacto. Fallecido el confesor, y a punto de morir también Catalina, contó entonces que había sido ella la depositaria del mensaje mariano de la medalla. El cuerpo incólume exhumado fue trasladado enseguida al altar mayor de la casa parisina de las Hermanas de la Caridad, en la calle del Bac, donde descansa en un ataúd de cristal colocado en la Capilla de los milagros.

Dos cultos diferentes, el de la Guadalupe en la Catedral Notre-Dame y el de la Medalla Milagrosa de la Virgen, en la capilla de las Hermanas de la Caridad forman parte del itinerario espiritual de los fieles latinoamericanos cuando visitan la capital de Francia.

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