Los Terry de Cienfuegos / hoy en El Nuevo Herald

Hoy escribo sobre la familia Terry, de orígenes irlandeses, genoveses y españoles, instalada en Cuba y crecida en la Isla durante el siglo XIX.

Les dejo el enlace:

“Un castillo francés propiedad de cubanos” / William Navarrete / El Nuevo Herald

terry portada

Un castillo francés propiedad de cubanos

William Navarrete / El Nuevo Herald

Pocos saben que uno de los castillos franceses más conocidos, el de Chenonceau, construido en 1513 en el valle del Loira, estuvo durante varias décadas en manos de cubanos. Imponente por haber sido erigido sobre pilares que atraviesan, como si de un puente se tratase, el caudal del río, fue comprado por José Emilio Terry Dorticós, descendiente de una familia cienfueguera.

José Emilio lo adquiere en 1891 y lo vende en 1896 a su hermano Francisco Terry (1850-1908), padre del arquitecto y decorador Emilio Terry Sánchez. Tras su muerte lo hereda su hija Natalia Terry quien lo vende en 1913 a Henri Menier, heredero de los fabricantes de chocolates del mismo apellido, cuya descendencia lo posee todavía.

Una de las mayores fortunas de América

Los Terry descienden de irlandeses que se establecieron en Génova y en Cádiz, en el sur de España, antes de que algunos miembros de esta familia de armadores y comerciantes llegaran a América a finales del siglo XVIII. Son conocidas las bodegas andaluzas que llevan un apellido que marcó indiscutiblemente el siglo XIX cubano. También a la buena sociedad francesa de finales de ese siglo y principios del siguiente.

Los Terry de Cuba llegaron desde Caracas hacia 1830. Se establecieron en la recién fundada villa de Cienfuegos, al sur y centro de la Isla donde erigió su fortuna el fundador del linaje en la isla, Don Tomás Terry Adán, llamado el ‘‘Creso cubano’’ por ser uno de los cinco hombres más ricos del continente americano.

A Cienfuegos, fundada por franceses en 1819, llegó Don Tomás desde Curazao y allí se especializó en el negocio de tiendas, diversificando enseguida su capital en la industria azucarera, hasta poseer varios ingenios entre los que se encontraba el Central Caracas, el más grande de Cuba en su momento. También se hizo prestamista, tonelero y se dedicó a la compra y venta de esclavos.

Para los cienfuegueros los Terry fueron grandes mecenas que contribuyeron a la fisonomía de la ciudad. En 1890, un año después de la muerte de Don Tomás, sus herederos sufragaron la construcción de un teatro con capacidad para 1 200 espectadores, el más grande y moderno de la ciudad. En su vestíbulo, una estatua realizada por el italiano Tomasso Solari, perpetúa la memoria del patriarca. También relacionados con este último por ser el benefactor Nicolás Acea su yerno, se construyeron las escuelas de San Lorenzo y Santo Tomás y, más tarde, con la fortuna que dejara en manos de su viuda se dotó en 1926 a Cienfuegos del cementerio Acea, uno de los más hermosos del Caribe.

La guerra de los Diez Años, a partir de 1868, obligó a muchos del clan Terry a emigrar. Algunos se fueron a La Habana o Nueva York, pero casi todos los hijos del patriarca se establecieron en París.

Una familia ennoblecida en Francia

Nobleza contra dinero, era lema corriente en un siglo en que las grandes familias aristocráticas de Europa, arruinadas por las guerras o las divisiones del patrimonio, buscaban desesperadamente mejorar su situación financiera. Inmensamente ricos, los Terry tenían mucho dinero que ofrecer a cambio de títulos prestigiosos que les permitieran entrar en la alta sociedad europea.

En Francia e Italia hijos y nietos de Don Tomás se casarán con príncipes, condes y barones: con el príncipe de Faucigny-Lucinge, con el de la Tour d’Auvergne, con el conde Stanislas de Castellane o el barón de Blanc. También obtendrán el marquesado de Perinat, título creado por el rey Alfonso XIII en 1893 y concedido a María del Carmen Terry Dorticós.

Muchas familias francesas han quedado así emparentadas con estos latifundistas cubanos. Tal es el caso de Anne-Aymone Sauvage de Brantés, esposa el ex presidente francés Valéry Giscard d’Estaing, que es nieta de Natividad, una de las hijas de Don Tomás casada con el príncipe de Faucigny-Lucinge.

Un arquitecto y diseñador de renombre

En el extraordinario castillo de Chenonceau pasará Emilio Terry (París, 1890-1969) parte de su infancia. De más está decir que el peso de la historia de este monumento y su ambiente influirán en lo que más tarde definirá su obra de diseñador, paisajista y arquitecto como creador de un estilo que en Francia se conoció como ‘‘Louis XIX’’, libre e imaginario, inspirado esencialmente en Palladio y Ledoux.

Emilio Terry tenía todo el dinero del mundo y se permitía el lujo de aceptar los encargos que más le complacían. Su posición social le permitía codearse con familias influyentes de la belle époque que le pedían el diseño de sus villas, muebles, tapices, objetos de arte, jardines. En su palacete de la plaza Bourbon, en París, comprado al conde Boni de Castellane, recibía lo mismo a Paul Morand, François Mauriac, Jean Cocteau, los Giacometti o Salvador Dalí (quien le hizo un retrato en 1936 que se conserva en su casa-museo de Figueres) que a Julien Green, Coco Chanel, la condesa Anne de Noailles o al excéntrico multimillonario mexicano Carlos Beistegui Iturbe para quien remodela una de sus propiedades, el castillo de Groussay.

En 1934, compra a su cuñado el conde Stanislas de Castellane el castillo de Rochecotte, en el valle del Loira, que remodela según su estilo, y que tras su muerte legó a su sobrino, el conde Henri de Castellane. El castillo es hoy un hotel de lujo que conserva parte de la decoración original, la extraordinaria biblioteca diseñada por Terry y en sus jardines se encuentra el mausoleo de su madre, la cienfueguera Antonia María Sánchez Sarría.

La actividad creativa de Emilio Terry se diversifica a partir de la década de 1920. Lo encontramos creando escenografías y vestuarios por encargo de Georges Balanchine para los ballets Les Valses de Beethoven y Apolo y Dafne. También decorando el castillo de Clavary o diseñando una casa neoclásica en Boulogne-Billancourt, municipalidad limítrofe con París, para Gilbert des Crances.

Los encargos a Terry se multiplican. Lo mismo ambienta los jardines del castillo de Haroué, en Lorena, que decora el apartamento de la princesa Gracia de Mónaco por encargo del príncipe Rainiero III o crea, en 1938, en la villa Bessaraba, tras la muerte de la célebre condesa Anne de Noailles, un templo en su memoria a orillas del lago Lemán. En esa época participa con piezas propias en la exposición Fantastic Art, Dada and Surrealism, del MoMA de Nueva York, en 1936.

Un estilo único

El estilo de Emilio Terry sosprende por su extravagancia, a la vez que por la modernidad. Le gustaba el concepto de la arquitectura efímera y no era raro que concibiera templetes de cartón u otros materiales, así como escenografías para fiestas mundanas y bailes de disfraces. En este sentido creó muchas de las ambientaciones del fotógrafo Hurst y diseñó para la revista Vogue. La mezcla de barroco con modernidad depurada, la introducción de formas olvidadas, de elementos kitsch revalorizados en otros contextos eran también características de su obra muy apreciadas en su tiempo.

Recientemente la casa de subastas Osenat de Fontainebleau vendió por 70 000 euros 3 269 fotografías tomadas por Emilio Terry entre 1902 y 1940. El lote es un documento histórico único que incluye a personajes de la alta sociedad francesa y europea en general, pero también da fe de los viajes que realizó Terry por el mundo. Por la descripción de su contenido nos enteramos de que estuvo en Cuba entre 1907 y 1912 en que retrató el sitio de Pasacaballos, a orillas de la bahía de Cienfuegos. Es muy probable que haya ido a la isla a arreglar el tema de la herencia y sucesión tras la muerte de su padre, pues la fecha coincide con el cese de la actividad económica familiar en la región cienfueguera.

Con anterioridad, en 1999, otra subasta en París – la de los bienes de Carlos Beistegui – incluyó gran cantidad de piezas y dibujos de Emilio Terry, pertenecientes a su estrafalario amigo, autor en el palacio Labia de Venecia del baile más famoso del siglo XX.

Un libro titulado Emilio Terry 1890-1969. Architecte et décorateur, ha sido publicado en 2013, en Francia, por el investigador Pierre Arizzoli-Clémentel. En sus páginas podemos ahondar en la personalidad fascinante de este descendiente de criollos cubanos de relevante vida y obra en Francia.

 

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