Genealogía cubana. San Isidoro de Holguín / una entrevista para DDM y Radio Miami

Una entrevista para Diario de la Marina y Radio Miami de Félix J. Hernández sobre nuestro libro Genealogía cubana. San Isidoro de Holguín (Ed. Aduana Vieja, Valencia, 2015)

Enlace aquí:

Diario de la Marina

Radio Miami

GC

Genealogía cubana, un libro muy especial

Félix José Hernández

París, 10 de diciembre de 2015.

Querida Ofelia:

Sé bien que conoces a William y su obra, ya que te he enviado todos sus libros, pero comienzo la presente con sus datos biográficos para los que no están al tanto de su fructífera labor intelectual.

William Navarrete nacido en Cuba en 1968 vive en París desde hace 25 años. Tiene en su haber más de quince publicaciones en géneros tan diversos como la poesía, la novela, el cuento, el ensayo y el periodismo. Su novela más reciente, Fugas (Tusquets, 2014) ha visto la luz en francés bajo el título de En fugue (Ed. Stock, París, 2015) con traducción de Marianne Millon. Navarrete ha sido curador de exposiciones, traductor para el sistema de Naciones Unidas, activista político a través de asociaciones que fundó en París junto a otros compatriotas. Ha preparado antologías: una de homenaje a José Lezama Lima, Aldabonazo en Trocadero 162; otra por el centenario de la República cubana, publicada en 2002 en las ediciones Universal (Miami); una de poetas cubanos en París titulada Insulas al pairo.

Ha preparado monografías críticas de artistas, montado exposiciones y dirigido colecciones de literatura en donde ha publicado a muchos autores. Colabora permanentemente para El Nuevo Herald y otras publicaciones periódicas, y ha organizado, además, decenas de presentaciones de libros y películas en la Maison de l’Amérique Latine de París durante más de una década, y ofrecido conferencias en bibliotecas y espacios culturales en Francia, Italia, España, Alemania, Estados Unidos y América Latina.

Muy presente en salones y ferias literarias en el país donde vive y en todo el mundo, ha sido invitado en los últimos años a la Feria Internacional del Libro de Miami, al Festival de la Palabra de San Juan de Puerto Rico, a la Feria de la UANL en Monterrey, el festival de Santa Cruz de las Letras en Bolivia, el HAY Festival de Xalapa (México) y a gran cantidad de salones literarios a lo largo de Francia: Niza, Deauville, Montmorillon, París, Saint-Louis, Cosne-sur-Loire, Villeneuve-sur-Lot, Provins, Narbonne, Quimper, Roquebrune, Sète, Le Mans, entre muchos más. Recientemente acaba de recibir la beca de Creación que otorga al Centro Nacional del Libro en Francia a escritores consagrados que presentan un proyecto de escritura y que cumplen con los requisitos de esta.

Sorprendente es su nuevo libro: Genealogía cubana. San Isidoro de Holguín, con la colaboración de María Dolores Espino, profesora de economía internacional, ambiental y de recursos naturales, en la Universidad de Saint Thomas y en la Florida International University. Lo publica la editorial valenciana Aduana Vieja (Valencia, 2015), y este tema en el que, a pesar de llevar un blog de genealogía holguinera , desconocía motivaba a este escritor.
En una entrevista que me concedió hace dos días en el celebérrimo Café de Flore, del Boulevard de Saint-Germain, en el corazón del Barrio Latino, me explicó ampliamente en qué consiste y me ofreció detalles sobre este valioso trabajo.

He visto tantas películas y fotos sobre ese café que siempre que debo reunirme con alguien en él, llego anticipadamente, como ocurrió con William. Mientras esperaba en una pequeña mesa para dos personas, en su interior, deleitándome con un Martini, observaba discretamente a los clientes. ¿Sabrían que estaban sentados en las mismas sillas, butacas o sofás de una pléyade de figuras de las artes y las letras internacionales? Me parecía ver en una mesa a: Jean Gabin con Lino Ventura, Michelle Morgan y Alain Delon; en otra se encontraban Yves Montand, Simone Signoret, Edith Piaf , Marcel Cerdan y Marlene Dietrich; un poco más lejos, en un sofá se podían ver a Truman Capote, junto a Ernest Hemingway, Tennessee Williams, Arthur Miller y Sinclair Lewis. Mientras que en la terraza que da al Boulevard, hoy llenas de turistas chinos cargados de bolsas de tiendas de lujo, podía imaginar al grupo formado por: Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias, Antonio Machado, Salvador Dalí, García Lorca y Pablo Picasso.

Llegó mi gran amigo William y después de los saludos de rigor, coloqué mi pequeño magnetófono a la derecha de la mesa, para no perder ni una palabra de lo que él me diría. Así comenzó la entrevista.

FJH: ¿En qué consiste este nuevo libro Genealogía cubana. San Isidoro de Holguín?

WN: Se trata de un libro muy diferente de todo lo que he publicado hasta la fecha. La ciudad de Holguín, en el norte del Oriente cubano, fue un desgajamiento de Bayamo. Cuando los ingleses conquistaron Jamaica y se la arrebataron a la corona española, los colonos peninsulares que allí vivían tuvieron que evacuar la Isla. El éxodo jamaicano se dirigió entonces, en gran medida, hacia las villas cubanas de Santiago y Bayamo, las más cercanas geográficamente a la colonia perdida. Es por ello que ocurre un abrupto crecimiento demográfico en el año de 1655 y que parte de la población que llega a Bayamo se instalará poco después en otras regiones de la comarca. En esa época, lo que hoy es la ciudad de Holguín (tercera en número de habitantes de Cuba) estaba solamente constituida por hatos, haciendas y corrales, fundados, en su mayoría, en el siglo XVI y XVII, en épocas de las naborías de indios. Con la explosión de la población de Bayamo dichos hatos se convierten en una solución ideal para prosperar económicamente y, poco a poco, alrededor de ellos, se va constituyendo un incipiente poblado que en 1735 posee ya 114 casas. Hay que recordar que en ese tiempo, en la región de Holguín, se daba un tipo de hacienda llamada comunera, un tipo de propiedad agrícola en que diferentes personas podían comprar porciones evaluadas en pesos. Es por ello que, ante el crecimiento demográfico de Bayamo, muchos adquieren por determinada cantidad de pesos partes en las haciendas de la comarca norte, o sea, en el Holguín actual.

Surge entonces la necesidad de hacer un censo o empadronar a los habitantes de ese poblado inicial, que desde los orígenes había sido colocado bajo la advocación de San Isidoro y de la Virgen del Rosario. Para ello, el Cabildo bayamés decide asignar a un funcionario la misión de establecer el censo o Padrón de casas y familias de este pueblo de San Isidoro de Holguín (febrero de 1735) que es el título original. El funcionario a cargo de esa tarea anota, casa por casa, quienes las viven y la edad de cada habitante. En general, aparece el pater familias, su esposa, los hijos que viven bajo el mismo techo, los parientes y esclavos.

Sucede que muchos de los que se han interesado en los orígenes de Holguín, muchos en pos de sus propios ancestros, han consultado este primer censo o padrón, de carácter excepcional, por cuanto sabemos que en Cuba escasean los materiales del siglo XVIII y que la imprenta llegó muy a finales de aquel siglo. Sin embargo, la dificultad para todo el que consultaba el censo o padrón era identificar realmente a cada personaje mencionado, ya que el funcionario ofrece sólo el primer apellido y, en ocasiones, se equivoca en la grafía de éste, en la edad o no deja claro el vínculo de parentesco con otros mencionados. Fue por ello que, consultando los libros parroquiales, los protocolos y el manuscrito de familias holguineras que escribió Diego de Ávila Delmonte hacia 1860 fue que decidí corregir, ampliar, comentar e identificar a cada uno de los personajes que aparecen en este documento. De un censo de unas 15 páginas, cuyo original atesora el Archivo de Indias de Sevilla, ha salido un libro de 280. Quienes descienden de los apellidos Almaguer, de Ávila, Batista, del Corral, de la Cruz, Escalona, Fonseca, González de Rivera, Hechavarría, Leyva, Paneque, Peña, Pupo o Ponce de León, de los Reyes, Ricardo, Rodríguez de Leitía, Serrano, de la Torre, Vázquez y Velázquez de Cuéllar, así como de los primeros Abreu, Aguilar, Aguilera Gómez, Argüello, Diéguez, Durán, Domínguez, Fernández, Fuentes, Guerrero, Hernández de Manzano, Legurde, Losada, Marrero, Meneses, Mora, Muñoz, Ochoa, Osorio, Parada, Paredes, Pérez de la Vega, Proenza, Reynaldos, Rojas, Sablón, Tejeda y Toledano, encontrarán en este libro a sus ancestros.

FJH: ¿Cómo pudiste desde París reunir todo el material de archivos para este trabajo?

WN : Llevo muchos años reuniendo información. En un artículo que publiqué hace algún tiempo en la revista francesa Siècle 21, cuento cómo viviendo en La Habana, ciudad donde crecí y viví hasta mi salida de Cuba, me enviaban de vacaciones a la casa de mis abuelos paternos, en Banes, provincia actual de Holguín. Digamos que, entre los 10 y 16 años pasé todos los veranos en aquel pueblo del norte de Oriente. Para matar el aburrimiento empecé a hacer un árbol genealógico de ambas ramas, las de mis dos abuelos paternos, y a medida que iba avanzando me daba cuenta de que todos éramos parientes, por una u otra rama. Así, Banes, fundado hacia 1890, era un desgajamiento de los pueblos de Gibara y de Fray Benito, poblados a partir de 1820, y estos dos, lo eran ya de San Isidoro de Holguín, que a su vez, lo fue de Bayamo. A las familias fundadoras se iban añadiendo nuevos colonos: algunos que llegaban a través del puerto de Gibara (a partir de 1820) o desde Santo Domingo, Santiago, Baracoa, Bayamo y Puerto Príncipe, fundamentalmente. La genealogía permite ver el extraordinario movimiento humano y el tejido histórico social de la región y, a la larga, de todo el país. Es por eso que, básicamente, parte del material lo había sacado de aquellas primeras búsquedas cuando, adolescente, visité la parroquia de Santa Florentina del Retrete de Fray Benito, la catedral San Isidoro de Holguín, los archivos de San Fulgencio de Gibara y los Registros Civiles (para los tiempos posteriores a la guerra de 1895) de diferentes municipalidades de la zona.

Establecido ya en París abandoné esto durante cierto tiempo (todo el que se aficiona a la genealogía sabe que en las búsquedas hay momentos de frenesí, otros de investigación febril y, por último, periodos de completo abandono, según la disponibilidad de tiempo). Lo retomé a principios del 2000 y, poco a poco, gracias a una amiga que viaja constantemente entre París y Holguín, así como de un medio hermano que vive allá, empecé a reunir todo el material que me faltaba. Por otro lado, gasté muchísimas horas y bastante dinero llamando a los archiveros en Holguín y pagando, por supuesto, las informaciones que iban saliendo a la luz. Las búsquedas son engorrosas porque los libros están en mal estado, faltan páginas, la caligrafía de ciertos curas o notarios de la época a veces es difícil de entender, la tinta se borraba o se vuelve tan tenue que es difícil descifrar ciertos manuscritos.

Por último, apareció, como un arcángel, María Dolores Espino, economista y profesora universitaria en Miami, de orígenes holguineros por algunas de sus ramas, con quien comparto algunos ancestros, pero sobre todo, la misma pasión por estos temas. Gracias a ella, al rigor de su lectura, al hecho de que sabe sacar cuentas mejor que yo (cosa importante en el tema de las edades de los empadronados y en calcular quién puede o no ser hijo o nieto de quién), pudimos poner orden a todo este caudal de información. De hecho es coautora de este libro.

………………..

Llegó a nuestra mesa el elegante y solícito camarero con la bandeja de mariscos y la botella de vino blanco de Sancerre, por lo cual hicimos una pausa en la entrevista y mientras almorzábamos, nuestra conversación giró en torno a los últimos viajes que hemos hecho. William es un trotamundos de ve, de las tres personas que conozco, que más ha recorrido nuestro planeta en dirección a los cuatro puntos cardinales. Lo cual lógicamente, como a todo el que ama viajar, le ha abierto sus horizontes, enriquecido culturalmente y cultivado su espíritu solidario y tolerante.

Nunca he podido comprender como hay quienes pueden vivir encerrados en su guetto, sin leer, sin pasar fronteras, “informados” solamente por la telebasura. Al final se convierten en intolerantes a causa del mundillo de ignorancia en el que viven. ¡Los pobres! Terminados los mariscos, aunque no el delicioso Sancerre, volví a encender el magnetófono para continuar con la entrevista.

……………………

FJH: ¿Se tiene noticias en Cuba de esta publicación?

WN: Ni idea. El libro lo presentamos ante un grupo de apasionados del tema hace un mes en Miami. Allí hay un Club de Genealogía Cubana muy activo y que recientemente ha hecho un valioso trabajo de digitalización y puesta en línea de la colección de Enrique Hurtado de Mendoza, genealogista cubano cuyos archivos compró la Universidad Internacional de la Florida (FIU). No sé si en Holguín se han enterado.

FJH: ¿Algún otro proyecto en este sentido?

WN: Tengo material como para tres libros más, siempre de genealogía e historia de familias del norte de Oriente entre los siglos XVI y XIX. Algo estamos preparando, pero se avanza lentamente. Es muy posible que el próximo sea un poco en el estilo de Historia de familias cubanas, voluminosa obra en 9 tomos que realizó el conde de Jaruco, Francisco Xavier de Santa cruz y Mallén, o sea, un estudio de unos 30 apellidos fundadores a lo largo de tres siglos, digamos desde el siglo XVII hasta finales del XIX. Por el momento, dos semanas de trabajo, han permitido organizar la mitad del apellido de la Cruz. Eso significa que la información la tenemos, pero ordenarla y presentarla en forma de libro es otro tema.

Al salir del café, después de un abrazo cubano, William se dirigió a su hogar, en donde le esperaban las maletas sin terminar, para irse esa misma noche hacia otras latitudes.

……………………….

Me dirigí hacia el jardín del Atelier de Eugène Delacroix, situado en un callejón, detrás de la Abadía de Saint-Germain. Me senté en un banco junto a la rosaleda y cuando me disponía a continuar a leer el poemario “Con mis blancas gaviotas”, escrito por esa gran dama de las letras cubanas que es Doña Matilde L. Álvarez, llegó una señora muy distinguida, se sentó en el banco situado frente al mío, abrió el libro “L’Amant” de Margherite Duras – una de mis novelas contemporáneas francesas preferida-. Mientras pasaba las páginas con sus bellas manos, parecía que las acariciaba. Aunque yo la observaba discretamente, ella se percató de ello, levantó la vista, cruzó mi mirada y una leve sonrisa apareció en sus labios. Nunca podrá saber que su parecido extraordinario con una chica que tanto amé, me llevó en un instante a La Habana de los años sesenta.

Me pregunto cómo es posible que alguien pueda encontrar placer al leer un libro en una fría tableta electrónica. ¡Qué horror!

Durante mi niñez allá en mi querido terruño camajuanense, jamás hubiera podido imaginar que gracias al exilio en París, conocería y crearía lazos de amistad con tantas personas brillantes: poetas, novelistas, pintores, escultores, músicos, catedráticos, políticos, periodistas y un largo etcétera.

Un gran abrazo desde la sublime Ciudad Luz, que en esta época del año hace gala de su nombre, gracias al despliegue fastuoso de la decoración navideña,

Félix José Hernández.

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.