En El Nuevo Herald / sobre la expo Wifredo Lam en París

Hoy escribo en El Nuevo Herald sobre la exposición retrospectiva de Wifredo Lam en el Centro G. Pompidou en París.

Enlace aquí:

William Navarrete / Muestra del pintor cubano Wifredo Lam en el Pompidou en París

Retrospectiva de Wilfredo Lam en el Pompidou en París.

Retrospectiva de Wilfredo Lam en el Pompidou en París.

Wifredo Lam en el Pompidou de París

William Navarrete / El Nuevo Herald

El pintor cubano más relevante del siglo XX, Wifredo Lam (Sagua la Grande, 1902), es también el que vivió más tiempo en París, más de cuatro décadas, desde 1938 hasta su muerte en 1982, excepto durante la década de 1940 en que regresa a Cuba.

El mestizaje de Lam (chino por parte de su padre, español y africano por el lado materno) encajó perfectamente en lo que las corrientes pictóricas europeas del periodo de entreguerras pretendían reivindicar: la africanía y la búsqueda en el arte de pueblos entonces llamados primitivos que en nuestros tiempos llaman arts premiers (artes primeras o primigenias). En ese contexto, París era la meca de dicha corrientes y el joven caribeño supo sacar muy buen provecho de ello. De la mano del español Pablo Picasso, Lam es presentado a Braque, Léger, André Breton, Matisse, Michel Leiris, Miró y prácticamente a todo el que en materia de vanguardia artística tenía algo que decir.

Sin esos encuentros no hubiera sido posible el desarrollo posterior del artista. Las obras anteriores a la fecha, en su mayoría concebidas durante su estancia en España (1924-1938), no reflejan el estilo por el que, después de su célebre lienzo de La jungla (1943), se le reconocerá siempre.  A encontrarlo y encontrarse coadyuvaron los etnólogos cubanos Lydia Cabrera y Fernando Ortiz, el poeta martiqueño Aimé Césaire,  el antropólogo Pierre Mabille de paso por La Habana después de una estancia en Haití y el galerista francés Pierre Loeb. Lam descubre Cuba y el universo mágico afrocaribeño gracias a París, pero se lo apropia y lo reinterpreta durante y después de aquel ‘’regreso al país natal’’ (parafraseando el título del poemario de Césaire que él mismo ilustrará en ese entonces).

El Centro George Pompidou de París expone hasta febrero próximo una retrospectiva – la primera desde 1983 – de este importante artista, pasarela imprescindible entre Europa y el Caribe. Se trata de más de 400 obras y documentos, entre pinturas, esculturas, fotografías, catálogos y esbozos procedentes de colecciones privadas y públicas, muchos nunca antes expuestos.

Al primer periodo corresponden los cuadros de su vida en España: Autorretrato II (1938), Desnudo acostado (1939), Muchacha sobre fondo verde claro (1938) y Figura (1939) que denotan la búsqueda desesperada por parte de Lam de un lenguaje que traduciera la modernidad a la vez que su propia identidad.

Tras la llegada a París (1938 – 1941), interrumpida por la inminente ocupación alemana, la influencia picassiana será notable. La llegada a Cuba, poco tiempo después, significa un cambio radical en su estilo y prueba de ello será el óleo Anamú (1942), clara referencia a la vegetación y al monte cubano, rico en tradiciones curativas y sentidos esotéricos; seguido de La sombra de Malembo y El ruido, un año más tarde. Lo que en Europa significaba un coup de force para apropiarse de una negritud ajena al contexto, en Cuba (y en el Caribe en general), esto se encontraba al alcance la mano y se había fusionado con otras culturas para dar cuerpo a la identidad.

La jungla, considerada por muchos como su obra maestra, además de una de las piezas más importantes de la pintura americana, expresa ante todo esa compleja fusión de elementos que conforman la identidad caribeña de difícil comprensión por quienes no forman parte de ese mundo. Color de monte, imbricación de cuerpos, atiborramiento de símbolos, dureza manifiesta en la verticalidad de las cañas y personajes, misterio en la profundidad de la maleza, caos y orden, sobreabundancia y dificultad para separar las partes que dan cuerpo al todo, son intenciones que al ojo occidental cuesta captar. No ha de extrañarnos que durante mucho tiempo la célebre pieza, adquirida por el MOMA en la temprana fecha de 1944, ocupara un sitio secundario en dicha institución antes de que se le colocara al lado de Les Demoiselles d’Avignon, de Picasso. Excepcionalmente, el célebre lienzo ha viajado de Nueva York a París para formar parte de la muestra.

A partir del periodo que muchos llaman ‘‘quinquenio dorado de las artes en Cuba’’ (1940-1945), Lam, a los 40 años, ha encontrado lo que muchos artistas buscan toda su vida sin encontrarlo: su propia voz, un signo distintivo y un camino que le abrió las puertas de la aceptación del público y el mercado. En lo adelante, la obra girará en torno a lo expuesto en La jungla, manifestándose con variaciones de composición, color y tema en obras posteriores como La frutabomba (1944), Belial emperador de las moscas (1948) , Umbral (1950), Las manos cruzadas (1951), Tótem a la luna (1955), todas expuestas en el Pompidou.

Establecido en el mercado del arte contemporáneo, el artista puede permitirse otras búsquedas y por ello decide pasar temporadas en Albisola Marina, Liguria, a partir de 1962, en donde en el taller La Ceramiche San Giorgio se iniciará en la cerámica, manifestación a la que dedicó bastante tiempo con resultados bastante poco convincentes si se considera la calidad y pertinencia que alcanzó en el ámbito de la pintura.

También, se abre una época de franca simpatía con la revolución cubana y se convertirá en adalid del famoso congreso de la cultura que con tanto entusiasmo y tan pocos resultados celebró La Habana en julio de 1967 para recuperar algo del capital propagandístico que se le escurría entre las manos a fuerza de censura, represión y excesos cometidos. Desde París, Lam nunca se enteró (o no quiso enterarse) de que la revolución a la que él personalmente nada aportó eraun  espinoso tema del que podían prescindir los grandes artistas como él.

La restrospectiva viajará después del Pompidou a Madrid (Reina Sofía) y a Londres (Tate Modern). En París es una de las visitas culturales imprescindibles que ofrece la temporada invernal.

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