Entrevisto a catorce cubanos de Europa para El Nuevo Herald

Los entrevistados opinan sobre qué creen del restablecimiento de relaciones entre Cuba y USA.

Son ellos, por orden de aparición en mi artículo:

Amir Valle (Berlín, Alemania), María Elena Blanco (Viena, Austria), Manuel Díaz Martínez (Santa Cruz, Canarias), Mae Liz Orrego (Bruselas, Bélgica), Miguel Sales (Málaga, España), Mirtha Caraballo-Trezecinski (Polonia), Waldo Pérez Cino (Leiden Holanda), Mercedes Marrero Guavallo (Venecia, Italia), Pedro Luis Alvarez Peña (Estocolmo, Suecia), Mayda Claude (Provenza, Francia), Waldo Balart (Madrid, España), Yusil Gascón (Barcelona, España), Félix José Hernández (París, Francia) y Karla Suárez (Lisboa, Portugal).

Enlace directo: ¿Qué opinan los cubanos de Europa sobre las relaciones Cuba-EE UU? / William Navarrete / El Nuevo Herald

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¿Qué opinan los cubanos de Europa sobre las relaciones Cuba /EE UU ?

William Navarrete / El Nuevo Herald (Trasfondo)

sábado, 3 de octubre de 2015

Han pasado más de cien días desde el anuncio, el pasado 17 de diciembre, de la normalización de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, interrumpidas el 3 de enero de 1961, bajo la administración del presidente Dwight Eisenhower. Desde entonces, la Casa Blanca ha conocido 11 presidentes y quince mandatos. En La Habana, desde 1959, los hermanos Castro, Fidel primero, y designado por éste, su hermano Raúl, ocupan el poder ininterrumpidamente hasta hoy.

La reanudación de relaciones fue tema que estuvo fraguándose durante conversaciones secretas entre la administración Obama y el gobierno cubano, con el papa Francisco I como mediador histórico que propició el acercamiento entre los dos países. Por supuesto, el anuncio de estas negociaciones entre bambalinas sorprendió a más de uno.

Desde 1959 Europa ha servido de puente para que cubanos de todos los orígenes sociales llegaran a Estados Unidos utilizando el Viejo Continente como trampolín. España fue durante el periodo franquista el país privilegiado a donde llegaban los exiliados de las dos primeras décadas de castrismo. Francia acogió esencialmente a un exilio integrado por escritores y artistas, muchos de ellos establecidos ya en París antes del triunfo de la revolución y que nunca regresaron a la Isla.

Es a partir de la caída del muro de Berlín (1989) y cuando La Habana empieza a autorizar que los ciudadanos cubanos viajen al exterior con una carta de invitación cursada por un extranjero que comienza a llegar un número considerable de cubanos a prácticamente todos los países de Europa. Un porcentaje importante de estos terminó por establecerse en Estados Unidos pero las oleadas sucesivas han mantenido estables la cifra de presencia cubana en el continente, siendo Italia y Francia, después de España, los países de mayor inmigración.

En la última década el fenómeno de naturalización española por la conocida Ley de la Memoria Histórica o Ley del Nieto (2008) decretada durante el gobierno de José Luis Zapatero acrecentó la presencia cubana en la Península. En 2014, 180 000 cubanos se habían naturalizado españoles. De ellos, un número considerable viajó a Europa para continuar su viaje hacia Estados Unidos valiéndose de la facilidad que ofrece un pasaporte comunitario para entrar en el territorio norteamericano con visado turístico de tres meses.

Sobre este nuevo contexto opinan catorce cubanos establecidos en Europa. Sus opiniones divergentes permiten establecer, estadísticamente hablando, indicadores sobre la precepción de los hechos por quienes piensan en Cuba desde este lado del Atlántico.

Amir Valle, escritor nacido en Guantánamo en 1967 y establecido en Berlín (Alemania) desde 2006 estima que ‘‘el inmovilismo político y económico de Cuba durante cinco décadas (47 años de estancamiento ideológico total) hace lógica la esperanza en un cambio futuro’’. Autor de novelas exitosas y dirictor de la revista digital de cultura hispanomaricana Otro lunes se considera un desterrado: salió de Cuba en 2005 a presentar su novela Santuario de sombras y, al regresar un mes después, le impidieron entrar al país. ‘‘Una vez esfumado el fantasma de la invasión yanqui con el cual siempre Fidel Castro nos mantuvo engañados en una omnipresente y estúpida trinchera – nos dice -, la implacable estrategia económica capitalista que asume hoy el raulismo para sobrevivir será quien fuerce el cambio político’’. Algo que se verá favorecido, según él, porque ‘‘la nueva élite de poder, el neocastrismo, no cree en ideologías: su credo es el dinero’’.

Traductora de Naciones Unidas y escritora María Elena Blanco nació en La Habana en 1947 y salió al exilio en 1961 hacia Argentina. Vivió esencialmente en Nueva York, se naturalizó norteamericana en 1967 y desde 1986 se estableció en Viena (Austria). Considera las nuevas relaciones como un paso positivo en esta etapa de evolución política en la Isla. ‘‘Una coyuntura que pone ostensiblemente de manifiesto las contradicciones internas del régimen y podría gatillar la transición hacia una situación inédita’’, afirma. ‘‘Se inicia un necesario proceso de catarsis, no exento de incertidumbres y peligros’’, y espera que esta situación ‘‘fomente condiciones propicias para el despertar de la aún débil sociedad civil y la toma de conciencia cívica con miras a su participación activa y solidaria en la reconstrucción material y moral de la nación sobre una base democrática’’.

Nacido en Santa Clara, en 1936, el escritor Manuel Díaz Martínez fue uno de los firmantes de la célebre Carta de los Diez (1991), un documento en que diez intelectuales cubanos pedían al régimen cambios reales, por lo que fueron acusados de agentes de la CIA y expulsados de sus trabajos. Un año después se exiliaba en Las Palmas de Gran Canaria donde vive todavía. Para él con esta nueva coyuntura ‘‘cesa una situación de inercia que no favorecía a los ciudadanos de ambos países’’, y cree que ‘‘si el experimento de Obama no fracasa los cubanos verán solo mejorías en el orden material’’ pues descarta que ‘‘el régimen castrista esté pensando en hacer cambios políticos que pongan en riesgo su poder totalitario’’. ‘’En Cuba, la dictadura desaparecerá cuando desaparezcan los Castro’’, concluye.

Mae Liz Orrego, consejera política del Parlamento Europeo por el grupo parlamentario ALDE es la única cubana que ocupa un puesto de funcionaria en esta institución. Tiene 34 años y salió de Cuba hacia Suecia en 1996, por reunificación familiar, pues su padre había obtenido el asilo político allí. Es ciudadana sueca y reside desde hace cuatro años en Bruselas (Bélgica). Siente mucha curiosidad ante esta nueva coyuntura ‘‘pese a las frustraciones que sintamos los que hemos trabajado por la democratización de la Isla, pues creo que ahora que EE. UU. ha dado el paso y nadie podrá seguir distorsionando el debate o acusándole de asfixiar al pueblo cubano’’, Antes de trabajar en el Parlamento, Orrego fue responsable del programa ‘‘Cuba’’ en el Centro Internacional Liberal de Suecia. ‘‘El gobierno cubano aprovecha la ocasión para continuar enriqueciéndose ilícitamente, pero debería dar espacio a la oposición. No lo veo venir, pero después de tantos años y sufrimientos prefiero no perder la esperanza del todo’’.

Menos optimista, Miguel Sales, escritor y traductor de organizaciones internacionales de la ONU nacido en 1951, salió de Cuba hacia Estados Unidos en 1978 después de ocho años de presidio político. En los 1990 se estableció en Europa y vivió primero en París y luego en Málaga (España), donde dirige hoy el partido Unión Liberal Cubana. Considera que ‘‘la reconciliación en los términos planteados hasta ahora es un grave error, pues el principal argumento de los apaciguadores es el inevitable giro hacia el capitalismo que redundará en cambios sociales y políticos de signo liberalizador, pero si esto fuera cierto, China y Vietnam serían las mejores democracias del mundo’’. Para el autor de varios libros de ensayos bajo el seudónimo de Julián B. Sorel ‘‘en el horizonte histórico de Cuba asoma un ‘putinismo’ similar al ruso y por razones análogas una fachada semidemocrática tras la que va a operar un régimen férreamente dominado por la alianza entre militares, la jerarquía del Partido Comunista (PCC), con la bendición de la Iglesia y el aplauso de la comunidad internacional’’.

Tenía 21 años cuando en 1965 zarpó en un barco rumbo a Leningrado (hoy San Petersburgo) y vivió hasta 1975 en Kiev (Ucrania). Mirtha Caraballo-Trezecinski es intérprete de cinco lenguas, se instaló en Polonia en 1975 y consideró a este país como su primer exilio. En su libro J’ai fait mon chemin (escrito en francés) contaba que los polacos de entonces eran como el rábano: ‘‘rojos por fuera y blancos por dentro’’, refiriéndose a que el comunismo nunca caló realmente en ellos. Cataloga de ‘‘gran paso’’ la reanudación de relaciones cubanoamericanas y añade: ‘‘deseo creer que habrá libertad de expresión, tolerancia, progreso y, sobre todo, mucho amor entre todos los cubanos’’. En 2013 estuvo en Cuba después de décadas sin regresar y dice que sintió ‘‘gran esperanza al ver los pasos dados en algunos ámbitos con respecto a lo que dejé atrás’’.

Desde Leiden (Holanda), donde dirige los sellos editoriales Almenara y Bokeh, Waldo Pérez Cino, nacido en 1972, salió de Cuba en 1997. Prefiere hablar de cambio de política más que de deshielo: ‘‘Este cambio favorece, al menos a corto plazo, tanto al gobierno como al pueblo cubano, aunque de maneras distintas: puede tener por un lado consecuencias importantes para el desarrollo de la sociedad civil y sus consecuencias económicas incidir en una mayor capacidad de actuación política, y por otro, cabe esperar que el grupo gobernante lo aproveche políticamente’’. Para él no se trata de aplaudir o lamentar lo sucedido sino de ‘‘pensarlo como cambio de escenario que, a medio plazo puede sentar bases importantes para una transición democrática’’.

En Venecia, Mercedes Marrero Guavallo, es guía de turismo especializada y allí estudió Lengua y Literatura Extranjeras. Salió de Cuba en 1974, casada con un italiano, rumbo a Roma. Hoy día forma parte del Comité por Venecia para la preservación del patrimonio de la ciudad y es fundadora de la Asociación Venecia Arte. Estima que ‘‘no se puede leer la historia sin contextualizarla y el restablecimiento de relaciones es un ejemplo que se suma a la larga lista de novedades provocadas por los cambios geopolíticos de la segunda mitad del siglo XX’’. Para esta amante de vino y miembro del movimiento Slow Food ‘‘se abre una época nueva y desconocida’’ de la que se pregunta si los cubanos dispondrán de la brújula idónea para encontrar el rumbo justo. ‘‘Como amo a mi patria y a mi pueblo digo sí con optimismo’’.

Ingeniero de sistemas en Estocolmo (Suecia) Pedro Luis Álvarez Peña salió de Cuba en 1987 como estudiante estudiante hacia la ex Unión Soviética, de donde llegó como refugiado a Suecia en 1991. Considera los pasos de la administración Obama como ‘‘positivos para un futuro bienestar en Cuba pues la política de enfriamento ha dado pocos resultados en los últimos 50 años’’. Es de los que cree que ‘‘con diplomacia y relaciones económicas se posibilitará mayor intercambio, incluso en los planos político y social, que conllevará a una relajación del estado de control, quedando en manos de la sociedad civil cubana en emprender el camino de lo cambios de considerarse necesario’’.

Desde la Provenza francesa a donde llegó en 1971 casada con un francés, Mayda Rodríguez Gil (Claude de casada) es jubilada. Piensa que ‘‘no es fácil opinar desde el confort de un país tan diferente’’. No ha regresado a Cuba desde 1979 y le ha estado ‘‘dando miles de vueltas en mi cabeza y no veo el beneficio para la nación, y a pesar de que la noticia me entusiasmó pues pensé que se abrían nuevas oportunidades, al pasar los días veo poco cambios’’. Es de las que cree que ‘‘si el régimen no cambia, nada cambiará’’.

Waldo Balart nació en Banes en 1931 y salió de La Habana el 1 de enero de 1959 rumbo a Nueva York. Allí residió diez años antes de mudarse a Madrid, donde vive hace 45. Es uno de los pintores cubanos abstractos de mayor renombre y en noviembre próximo expondrá en la prestigiosa galería madrileña Guillermo de Osma. Nunca ha vuelto a Cuba. Para él ‘‘este es un asunto terriblemente triste porque Obama no exigió a los Castros ningún requerimiento previo y porque las condiciones de opresión y pobreza del pueblo cubano son las mismas o se han recrudecido’’. Es por eso que Balart, quien es hermano de la primera esposa de Fidel Castro y conoce muy bien a su ex familia política, afirma que ‘‘no hay ninguna señal de mejoría y hasta la presión internacional se ha relajado debido a la influencia de Obama’’.

Se desempeña en contaduría, tiene 44 años, vive en Barcelona hace más de una década y salió de Cuba a estudiar en la ex Unión Soviética en 1989 y, luego, definitivamente, hacia Francia en 1996. Yusil Gascón Valido considera lo sucedido como ‘‘un artilugio creado por la dictadura al no encontrar ya a otro Estado al que pueda desangrar, después de haber dejado a Venezuela en la miseria’’. Es de las que estima que se trata de ‘‘’una estrategia de los nuevos Castros para mantener su dinastía en el poder imitando a Obama en su papel de hacedor de una nueva era libertaria, pero todo no es más que un engaño hacia el pueblo’’.

Nacido en Camajuaní en 1949, Félix José Hernández salió de Cuba en 1981 con su esposa e hijo. Su suegro lo había venido buscar por el Mariel y les impidieron salir. Un año después lograron emigrar a Francia con una ‘‘visa de establecimiento’’ y fueron instalados en un hogar de refugiados en el sur del país. Profesor durante 17 años en la universidad francesa, vive en París y considera que ‘‘el embargo estadounidense no ha llevado la libertad al pueblo cubano y ha sido un fracaso’’. En cuanto a las nuevas relaciones opina que ‘‘provocarán una apertura económica que convertirá a Cuba en una mini China, habrá liberalización de la economía y circularán libremente las personas, aspectos sin dudas positivos, pero el poder político represivo continuará en manos del Partido único, del clan de los Castro y de la oligarquía roja’’.

Nacida en La Habana en 1969, la escritora Karla Suárez salió de Cuba en 1998. Vivió cinco años en Roma, seis en París y actualmente radica en Lisboa (Portugal). Actualmente coordina el Club de lectura del Instituto Cervantes en la capital portuguesa y su última novela, La Habana, año cero fue publicada en el 2012. Nos dice que ‘‘el día que Obama y Raúl Castro salieron por televisión anunciando la reanudación de relaciones’’ sonrió. ‘‘Mi generación creció en un país marcado por sus relaciones con EE. UU que, de una parte, era el enemigo y de otra, era donde vive buena parte de las familias cubanas. ¡Estábamos tan lejos y tan cerca!’’. Suárez es de las que prefiere la cercanía y el fin de un anacronismo de la Guerra Fría: ‘‘por eso, ahora que las cosas empiezan a moverse despacito, tengo esperanza en que algo mejor les suceda a los cubanos’’.

Los 14 entrevistados (siete por cada sexo) viven en catorce regiones y países diferentes de Europa. La mitad de ellos salió de Cuba después de la caída del muro de Berlín (1989), los restantes repartidos entre 1959 y esa fecha. Sus edades abarcan el periodo entre los 30 y 80 años, y ocho de ellos nacieron antes del triunfo de la revolución. Las circunstancias personales y profesionales de cada uno varía en la misma medida que su opinión sobre el restablecimiento de relaciones entre los dos países.

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