Lujazo

Es verdad que la Riviera ha sido desde siempre el lugar en que todo el que daría el culo por vivir en ella termina hablando pestes, sin conocerla, para consolarse. Normal. Unas vacaciones en la Côte cuestan tres veces más que en el Finisterre. Y es verdad que la Côte no es ni popular (en el sentido estricto) y mucho menos democrática. No en balde la gobierna de punta a cabo la derechona y nunca, nunca, nunca, ha flotado ni de casualidad en el techo de ninguna de sus alcaldías la bandera del puñito y de la rosa. La Côte a la que me refiero va desde el Estérel hasta Menton, e incluye una trastierra que es puro ensueño. Pero esto, es otra historia.

Los más sabios, y afortunados (porque hace falta más que buen tino y gusto para ello), terminan por vivir la mitad del año en la Riviera y la otra en París (o en otra parte). No es necesario ni de buen gusto pasar el año entero en un mismo sitio. ¡Ni siquiera cuatro meses! Así lo entendieron aquellos que nos han legado sus maravillosas residencias y mucho de su obra, dispersa por el formidable Mediterráneo francés, sobre todo entre los departamentos del Var y de los Alpes Marítimos. Quien no la haya visto y vivido de verdad no sabe lo que es Francia. La lista de esos ilustres sabios, pintores, cantantes, arquitectos, músicos, escritores, filósofos, científicos, artistas, políticos de todos los bandos, divas y divos, banqueros y petroleros, y hasta la realeza misma, la de todos los que escogieron estos parajes y siguen escogiéndolos, es tan larga que me pasaría una semana enumerándolos … Y como se acerca mi cumpleaños y con él mi viaje ritual a la belleza, os digo abur, hasta prontito, y esperen que les deleitaré con las imágenes del sitio que he escogido para celebrarlo.

Aquí la hermosa ensenada des Milliardaires (o de l’Argent Faux)), en el Cap d’Antibes, al pie de suntuosas villas como la Eileen Roc en el atardecer de ayer. 28° C y baño mañanero de azur y otro antes del crepúsculo. Un lujazo. Lo demás es bobería:

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