Grajal de Campos, sus monumentos y un Alcalde ejemplar

por William Navarrete

Empezar un texto sobra las riquezas monumentales de un pueblo por la personalidad de un hombre es poco común. Y si ese hombre es, como en el caso que me ocupa, su Alcalde, entonces el texto es más raro todavía.

Es el caso de Grajal de Campos, un pueblo de León, muy cerca de Sahagún, en medio del paisaje poco elevado y árido de esa antigua Castilla que tantas historias evoca. A simple vista parece un pueblo inhabitado, sobre todo si se llega a él, como fue nuestro caso, después del mediodía bajo un sol reverberante y casi 37 grados.

Nos habían indicado en Sahagún que preguntáramos por el Alcalde Francisco Espinosa López, aparentemente él nos daría las llaves del Palacio de los Condes de Grajal para que pudiéramos visitarlo. Así hicimos. Preguntamos por él y nos indicaron tocarle la puerta de su casa. Cuál no fue mi sorpresa hacerlo y darme cuenta de que, sin importarle que lo sacáramos de su merecido descanso sabatino (eran ya las dos de la tarde), Francisco se propusiera enseguida de muy buena cara para servirnos de guía.

Nos condujo al Palacio y a partir de ese instante fueron sorpresas tras otras. Francisco Espinosa nos contó cómo en 1998 logró la compra por parte del Ayuntamiento del Palacio de los Condes de Grijal (no marqueses, como aparece escrito en las guías Total) en franca ruina, según pudimos constatar en las fotos que nos mostró y que conserva en un mural del zaguán. Los propietarios lo habían abandonado desde hacía luengos años y, al parecer, entendieron que mejor estaría en manos del pueblo y accedieron a venderlo por la simbólica suma de 6 euros. Desde ese momento, y hasta el día de hoy, el Alcalde y su equipo no han cejado en el empeño de restaurarlo, piedra a piedra. Han limpiado los techos de artesonado de nobles maderas cubanas que se hallaban cubiertos de hollín y grasa debido al tiempo que los aposentos sirvieron de acampada a forasteros. También reconstruyó à l’identique, palmo a palmo, el patio, las galerías y las balconaduras de cuyas columnillas solo quedaban 9 intactas. Nos contó cómo se había deteriorado el suelo y dislocado la piedra de las lozas por efecto de la humedad y del abandono.

Para darle vida a dicho monumento, Francisco y su equipo organizan fiestas en efemérides determinadas y en estos momentos se está terminando de habilitar la planta baja (la que da hacia la plaza del Ayuntamiento), para instalar allí, en lo que fueran las celdas del palacio, unan hostería de peregrinos, ya que por Grajal de Campos pasa el camino de Santiago para quienes lo emprenden desde Madrid.

También hay en Grajal una extraordinaria fortaleza militar: el célebre Castillo, construido entre 1517 y 1521 por Lorenzo de Adonza, y considerado una de las joyas arquitectónicas de León. Es, leo en el folleto explicativo perfectamente ilustrado y editado por el Excelentísimo Ayuntamiento, el primer castillo íntegramente artillero de España. Su propietario es el actual duque de Alburquerque, al que no se le debe ver mucho el pelo por allí.

Otro monumento es la iglesia San Miguel, del gótico tardío, con una característica que Francisco nos explicó: su torre campanario es la única que posee cinco esquinas, y al Alcalde le gusta añadir “y le falta una para tener cuatro”. Lo cual es cierto. Posee un bellísimo retablo policromado del siglo XVII y un Cristo de lluvias atribuido al escultor salmantino Bernardo Pérez de Robles.

Fuera del pueblo, el Convento de la Virgen conoció seguramente mejores tiempos. Fue fundado en 1599 por el conde Juan de Vega y sufrió, como todos los edificios religiosos, ocupaciones, invasiones, saqueos y desamortizaciones. Fue adquirido en 1881 por unas monjas carmelitas descalzas de Guatemala que lo habitaron hasta 2006. Al abandonarlo, las monjas se llevaron las tallas que atesoraba la iglesia y a pesar de una campaña del Ayuntamiento para que el patrimonio le fuera devuelto a los habitantes Grajal, nada han conseguido desde entonces. Lo cual prueba dos cosas: que no son tan descalzas las monjas, y que la zafia Iglesia nunca ha sido muy desprendida cuando de trata de procurar el disfrute de sus tesoros por parte del prójimo. Los guarda con mucho celo y poco han aprendido de los muy oportunos escarmientos que les ha dado (y seguirá dando) la Historia.

Dejamos a Francisco retomar su descanso sabatino, después de una hora de visita y deliciosa conversación. Cuando le pregunté cuánto le debíamos, me respondió: “la voluntad”. Cosa admirable en nuestros tiempos, y tanto más que casi todas las iglesias relevantes de la región de León y Zamora cobran no sólo la entrada, sino que hasta el derecho por sacar fotos. Y esto, sin distinción o muy poca, e importándoles un bledo que el visitante sea periodista y que esté dispuesto a darles gratuitamente la publicidad que les aporta visitantes y vida.

Por eso, por la voluntad del Sr. Francisco Espinosa López me he detenido largamente (cosa que no suelo hacer en mi diario personal y público) en contar lo muy bien que ejerce su función y lo admirado y satisfechops que quedamos. ¡Ojalá muchos muchos otros funcionarios del Estado lo imitasen! Las cosas no irían, entonces, tan de capa caída.

Para colmarnos de dicha, comimos en ese mismo pueblo en el Mesón de las Setas, una excelente comida casera, servida con gusto. Las natillas estaban tan buenas que no me quedó otra que pedir otra. Como ya habíamos pagado le pedí al dueño que me la cobrara. Se negó rotundamente. Y cuando le dije que le estaba dando pérdida, me respondió: “aquí nada se había perdido, pues la ha disfrutado”.

¡Vaya con Grajal y su gente!, ¿no? Lo voy a declarar “Pueblo de las mejores voluntades“. Acabo de hacerlo. Después de todo, es casi mejor que se hayan largado las susodichas monjas. Así se respira, como respiramos nosotros en esta memorable visita veraniega, la humildad, el trato afable, la cordialidad y la transparencia de su gente.

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El Sr Francisco Espinosa López, Alcalde de Grajal de los Campos.

La plaza principal de Grajal de Campos: iglesia, palacio y ayuntamiento, describe muy bien los tres poderes tradicionales de otros tiempos.

La plaza principal de Grajal de Campos: iglesia, palacio y ayuntamiento, describe muy bien los tres poderes tradicionales de otros tiempos.

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El elegante patio del Palacio de los Condes de Grajal. Hubo que reconstituir practicamente todo el barandal pues solo se conservaban 9 columnillas del parapeto.

El elegante patio del Palacio de los Condes de Grajal. Hubo que reconstituir practicamente todo el barandal pues solo se conservaban 9 columnillas del parapeto.

Escalera interior del Palacio de los Condes de Grajal

Escalera interior del Palacio de los Condes de Grajal

El parapeto de la escalera en puro estilo del Renacimiento depurado español

El parapeto de la escalera en puro estilo del Renacimiento depurado español

El Castillo de Grajal de Campos, auténtica fortaleza militar del Renacimiento y uno de los monumentos leoneses de mayor importancia.

El Castillo de Grajal de Campos, auténtica fortaleza militar del Renacimiento y uno de los monumentos leoneses de mayor importancia.

El artículo de prensa que cuenta cómo el Alcalde logró comprar para el Ayuntamiento, por el simbólico precio de 6 euros el Palacio en ruinas

El artículo de prensa que cuenta cómo el Alcalde logró comprar para el Ayuntamiento, por el simbólico precio de 6 euros el Palacio en ruinas

Una casa típica del pueblo donde funciona una tienda de comestibles.

Una casa típica del pueblo donde funciona una tienda de comestibles.

El convento de donde las monjas se llevaron impunemente las tallas

El convento de donde las monjas se llevaron impunemente las tallas

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