La explanada de las mezquitas – Jerusalén

Tercer lugar santo del Islam (después de La Meca y Medina), por haber Mahoma (dicen) subido al cielo desde la roca que esconde esa Cúpula dorada (a la que los no musulmanes no pueden entrar) la famosa Explanada de las mezquitas de Jerusalén es una etapa obligada de cualquier viaje a Palestina. Entrar requiere  a cierto aplomo (los horarios son estrictos: de 7 a 10 de la mañana y de 12h 30 a 1h 30 de la tarde), después de larga cola y después de que las autoridades palestinas (una concesión hecha por Israel para que crean ilusoriamente que siguen siendo los que deciden quién entra o no), luego de ser revisados (objetos de otras religiones deben quedarse fuera), pasaporte en mano, se entra, al fin, a la célebre explanada, motivo de tantas discordias imposibles de enumerar aquí.

El sitio es realmente espectacular. Y a pesar de que tampoco se puede entrar a la mezquita El-Aqsa, vale la pena errar de un lado para otro mirando las perspectivas y la extraña paz que se respira en un sitio tan conflictivo. Los palestinos pueden entrar y salir a cualquier hora por las diferentes puertas que desde la parte antigua de Jerusalén dan acceso a la explanada. Los foráneos debemos pasar por un túnel de madera, que, ironías de la vida, pasa sobre el Muro de las lamentaciones, y que parece salido de una escenografía de películas del Oeste, cuando se desplazaba al ganado de un corral a otro, o cuando se accedía a las minas de oro.

Después de todo, me estimo dichoso de haber podido visitarlo. Como están las cosas cualquier día lo cierran y a rezar a otra parte …

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