Hoy en El Nuevo Herald / Jean Cocteau y Menton

Hoy escribo en El Nuevo Herald sobre Jean Cocteau y su nuevo museo en Menton: Jean Cocteau y su nuevo museo en Menton

coc 1

coc 2

"El durmiente y el platillo volador", Jean Cocteau, 1952.

“El durmiente y el platillo volador”, Jean Cocteau, 1952.

Jean Cocteau y su nuevo museo de Mentón William Navarrete / El Nuevo Herald, 21 de febrero de 2015 Hace tiempo que Mentón, la ciudad más meridional del sureste de la Francia hexagonal, a escasos minutos de las fronteras italiana y monegasca, soñaba con un museo concebido especialmente para uno de sus huéspedes ilustres: el poeta, cineasta y artista Jean Cocteau (1889-1963), una de las figuras claves de la vida artística francesa después de la Primera Guerra Mundial.

En la Riviera Francesa no faltan los sitios donde Cocteau dejara importantes huellas. En el Cap Ferrat, al pie del faro, se halla la Villa Santo Sospir, propiedad de Francine Weisweiller, mecenas del artista, en donde residió largos periodos entre 1946 y 1950, dejando en sus paredes una serie de frescos de gran valor. En Villefranche-sur-Mer, la célebre Capilla San Pedro, fue también enteramente pintada en 1957 con frescos que Cocteau ofreció a los pescadores de un pueblo en el que pasó largas temporadas hospedado en el hotel Welcome. En el propio Mentón, ese mismo año, decoró a petición del alcalde, el Salón de los Matrimonios del Ayuntamiento con una de sus grandes obras.

Cocteau fue uno de esos parisinos – nació en las afueras de la Ciudad Luz – que se autotitulaba mediterráneo. En aquel entonces integraba esa élite que tomaba el llamado ‘‘tren azul’’, o sea, el camino de la Riviera francesa (Côte d’Azur, en francés) para pasar largas temporadas. Su fascinación por la desnudez y la luz diáfana deben ser razones por las que esa región se encuentra perfectamente imbricada en su extensa obra.

En noviembre de 2011, la municipalidad de Mentón inauguró un museo enteramente dedicado al artista. 1 800 obras propiedad de Séverin Wunderman, coleccionista belga establecido en Los Ángeles, pasaron a formar parte de su patrimonio. Anteriormente, la obra de Cocteau disponible en la pequeña ciudad se hallaba confinada al Bastión, un antiguo fuerte del siglo XVII, a orillas del mar, en donde todavía se exhibe un muestrario limitado de esta.

El edificio diseñado para acoger la colección mencionada es la obra del arquitecto Rudy Ricciotti. Inaugurado noviembre de 2011, levantó inmediatamente fuertes polémicas porque se le achachó, entre otras cosas, el no integrarse a la arquitectura local, influenciada más bien por el barroco de origen italiano en el que abundan formas abigarradas y una paleta de colores cálidos. Los habitantes de Mentón lo bautizaron inmediatamente ‘‘La Dentadura’’ (Le Dentier) pues es cierto que visto desde cualquier ángulo es eso lo que parece.

A ello se suma un constante problema con los reflejos de luz sobre los cuadros, pues el arquitecto no tuvo en cuenta (y si lo tuvo no lo logró entonces) que la luminosidad – tan cara al propio Cocteau – es uno de los grandes enemigos de la pintura en el Sur, y ello debido a la reverberación y sus reflejos, agentes corrosivos de la imagen. Los curadores han obtenido un espacio agradable, probablemente volviéndose magos para vencer los obstáculos vinculados a la pésima arquitectura. El narcisismo, el deseo de darse gusto, impide a ciertos arquitectos tomar en consideración el medio ambiente y la integración del edificio a este. Los experimentos personales, aunque medien concursos, no deberían hacerse con dinero del erario público.

Así y todo, la oportunidad de apreciar en un espacio de proporciones repetables buena parte de la obra del artista es una experiencia única. Se trata de la mayor colección pública a nivel mundial. Y están presentes todos los periodos, desde los primeros autorretratos de 1910. En total, sumando las obras ya presentes en El Bastión, 2 000 obras (990 de Cocteau) se pueden apreciar. Escoger cuáles se exhiben cada año es  tarea ardual. Por ello la colección cambia cada doce meses para dar oportunidad de exhibir otras y proteger las más frágiles. Esta condición da originalidad a un museo que se renueva incesantemente.

2015 permite apreciar la serie de ‘‘Los Astrólogos’’, concebida en 1954, y reunida en su integralidad por vez primera gracias al esfuerzo mancomunado entre el museo y la Casa de Cocteau en Milly-la-Forêt; así como obras que reflejan un tardío interés del artista por la ciencia ficción y, entre las que se destaca El durmiente y el platillo volador (1952). También, reservadas a un espacio íntimo para no afectar la sensibilidad de los menores, apreciamos los dibujos homoeróticos de la serie ‘‘La isla de los espermofágicos’’ (1949) y otros de jóvenes amantes como el famoso Edouard Dermit, su albacea testamentario, actor de tímida iniciación a la pintura, con quien Cocteau mantuvo una larga relación.

Indisolube de su creación es el cine. Cocteau realizó doce cortos y largometrajes, fue guionista de unos siete, director de fotografía de Canto de amor (de Jean Genet), e incluso actor de algunas películas. De su producción, La bella y la bestia (con el actor francés y también su amante, Jean Marais) y Testamento de Orfeo son las más significativos. Del proceso creador de estos, los diseños de monstruos que siempre lo fascinaron, su debilidad por lo marginal, por aquello que disparara la adrenalina, y lo hiciera vibrar, se ocupa la muestra del Bastión, en donde abundan piezas en relación con lo antes expuesto.

Completan la muestra un boceto para el Cristo de la capilla San Pedro de Villefranche, un Ecce Homo pintado en colaboración con Raymond Moretti, gran cantidad de dibujos con los inconfundibles perfiles ‘’a la Cocteau’’, las planchas originales para ilustraciones de libros, los famosos ángeles (uno de ellos El ángel del Acuario, realizado junto a Moretti, en 1963) que encarnan la imagen del delincuente, el buscapleitos, el matón, o sea, esos ángeles malditos, habitantes de un universo marginal real que siempre le fascinaron al punto de convertirlos en imágenes propias de la mitología.

Cocteau y Menton han sido desde hace más de medio siglo grandes aliados. No ha de extrañarnos el interés de Wunderman por traer a Francia, y en específico a esta localidad, la totalidad de su colección. El museo posee también un importante Centro de Documentación sobre su obra, y ofrece talleres y exposiciones temporales de artistas contemporáneos cuya estética se integre al ambiente.

Esta entrada fue publicada en pintura. Guarda el enlace permanente.