Hoy en El Nuevo Herald, sobre Una noveleta pornográfica, de José Triana

Hoy escribo en El Nuevo Herald sobre Una noveleta pornográfica, último libro del escritor cubano exiliado en París José Triana. Aquí les dejo el enlace: Una noveleta inesperada de José Triana

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José Triana en su estudio en París con su perro Mojito / Foto © William Navarrete

José Triana en su estudio en París con su perro Mojito / Foto © William Navarrete

pepe herald 3 Una noveleta inesperada de José Triana

William Navarrete / El Nuevo Herald / 8 de febrero de 2015

Sería lamentable a estas alturas del siglo XX tener que evocar los clásicos de la literatura erótica y de la pornografía culta para avalar el tema. De nada valdría ofrecer una lista que comenzaría con Boccacio, el Marqués de Sade y continuaría en el siglo XX con El amante de Lady Chatterly (de David H. Lawrence), la Historia del ojo (de Bataille), Historia de O (de Pauline Réage), Emmanuelle (de Emmanuelle Arsan), Lolita (de Nabokov) y una larga lista a la que habría que añadir también amplio muestrario de cineastas en los que Pasolini o el reciente Abdellatif Kechiche con La vie d’Adele no serían más que ejemplos.

José Triana (Camagüey, Cuba, 1931), de extensa obra (teatro, poesía, novela, cine) y tres décadas de vida en París, nos entrega hoy Una noveleta pornográfica (Ed. Aduana Vieja, con oportuno prólogo de Fabio Murrieta, portada de Jenny Alfonso Relova), y es probablemente la primera de su género escrita por un escritor cubano, si consideramos que el contenido erótico abarca desde la primera hasta la última línea sus 200 páginas.

No se tratan de pinceladas del género como en el célebre capítulo 8 de Paradiso (Lezama Lima) o en el llamado realismo sucio de Pedro Juan Gutiérrez, por ejemplo, sino de una sexualidad descarnada de principio a fin, en el contexto de los meses que preceden al triunfo de la revolución de 1959. Tal es el marco que sirve de telón de fondo, y resulta de exquisita ironía notar que, ajenos a la turbulenta situación política de aquel 1958, los personajes de la Noveleta … viven intensamente el placer de la carne como si solo les importara poner en práctica aquella frase popular de ‘‘¡a gozar que el mundo se va a acabar!’’.

Ni Carola y su hermano Rodi (en escenas incestuosas memorables), ni Zulema, Betico y Orlandito (protagonistas de un menage à trois en el hotel Habana Hilton que hace palidecer de envidia cualquier intento similar en la literatura cubana), ni la propia Zulema con el tío Joaquín en descarnados combates sexuales, parecen estar al corriente (ni les importa) el ajetreo de la revolución en marcha. Viven de espaldas a la calle.

El entusiasmo, desenfado y ligereza con que los cubanos se entregaron en ese momento a una situación por las que pagarían (y pagan) un altísimo tributo, equivale al de ellos en materia sexual. Fuera del ballet erótico incesante, la familia (madres y tías) ni siquiera son testigos incómodos. En la mejor tradicion hispanoárabe ninguno se atreverá a juzgar de ‘‘inmoral’’ lo que a todas luces y según sus códigos debería serlo. En una familia que se respete estas cosas no suceden y punto. Las evidencias nunca serán suficientes.

No cabe dudas de que la teatralidad es uno de los fuertes de José Triana (autor de connotadas piezas como La noche de los asesinos, La muerte del Ñeque y El parque de la Fraternidad) su Noveleta … posee todos los ingredientes para ser llevada a las tablas de un teatro libertino, si no fuera porque vivimos una época en que retrocede la libertad más natural y elemental bajo criterios de falsa moral. A ello se añade el rescate minucioso del argot cubano de la época que aparece aquí como auténtico diccionario vivo de la sexualidad.

Tenga cuidado el lector entonces en limitar su goce estético en aras de obediencias ajenas a la libertad individual, y disfrute a plenitud el libro de José Triana tan legítimo como la desnudez con la que venimos al mundo, y tan cubano en la manera de contar.

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