Cortázar de la A a la Z / en El Nuevo Herald

Escribo en El Nuevo Herald sobre el álbum de Cortázar publicado recientemente por su viuda, Aurora Bernárdez, en la editorial Alfaguara.

Enlace directo: Julio Cortázar de la A a la Z / William Navarrete

cortazara, herald

 

Julio Cortázar: de la A a la Z

William Navarrete / El Nuevo Herald, 18 de octubre de 2014

De Cortázar creemos saberlo todo. Lectura obligada de adolescencia, sobre todo para quienes eran jóvenes con inquietudes literarias en la década de 1980, la figura del emblemático escritor argentino, nacido por azar en Bruselas y establecido en París 33 años, no deja, tres décadas después de su muerte, indiferentes a los lectores.

2014 es el centenario de su nacimiento y a lo largo y ancho del planeta se efectúan homenajes. Es y será el tema de salones y festivales literarios como el de París, en la pasada primavera, o el de la feria del libro de Guadalajara, en este otoño.

Para contemplar el panorama del autor de Rayuela, su obra cumbre, su primera esposa y albacea, Aurora Bernárdez, ha publicado Cortázar de la A a la Z, junto a Carlos Alvarez Garriga, estudioso de su obra. En él trazan un mapa que comienza en Argentina, continúa en París y se extiende hasta Cuba y Nicaragua, países que fueron sus refugios idealistas.
París es, sin dudas, el eje de su obra. Sin la capital francesa no existiría La Maga, protagonista de Rayuela, ni sus inicios como traductor de la UNESCO, ni los estrechos vínculos con pintores como Alechinsky (quien ilustra Cronopios) o el cubano Guido Llinás, e incluso Alecio de Andrade para quien escribe el prólogo de París, ritmo de una ciudad (1981). París es los bouquinistas del Sena; los paseos tras las huellas del inquietante Conde de Lautréamont o un viaje descabellado en combi hasta Marsella con su última compañera, Carol Dunlop, recogido en Los autonautas de la Cosmopista.

Y finalmente, ‘‘caminar por París significa avanzar hacia mí’’, como expresara; su última morada, el cementerio Montparnasse, donde reposa y en donde sus admiradores dejan cartitas, poemas, declaraciones, que el viento del otoño arrastra, quién sabe si a un más allá ‘‘moldororiano’’, desde donde escribe a diario.

Luego aparecen sus conexiones con Cuba. La portada del libro es una foto del olvidado fotógrafo cubano de personalidades llamado ‘‘Chinolope’’ que lo captara sentado en el Malecón habanero. Es allí donde encontró, confesó a la escritora Rosa Montero, ‘‘su camino de Damasco’’. Participó activamente en Casa de las Américas, entonces en pleno apogeo, queda prendido de la obra de ese tótem de las letras cubanas que es Lezama Lima, recibe de Portocarrero el óleo que inspira la Delia de su Circe. En esa Habana conoce a Ugné Karvelis, su segunda esposa, y encuentra su paraíso tropical, entre volutas de habanos y quimeras que el tiempo y los hombres no llegaron a materializar.

Esto es solo parte de lo que revela el libro. Hojearlo es viajar por la memorabilia de Cortázar, palpar, ver los sitios de su imaginario, contemplar los objetos, husmear en los rasgos de su caligrafía, descubrir un mundo que la literatura oculta y que es, en el caso de los escritores, su cotidianeidad, la realidad transformada luego en puras maquinaciones y fantasías

Esta entrada fue publicada en literatura. Guarda el enlace permanente.