Sobre Lima y mi visita / en El Nuevo Herald

Hoy escribo sobre Lima en El Nuevo Herald, para aquellos que pasan muy de prisa por la capital del Perú piensen en deternerse un poco más.

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Lima, la fascinante malquerida
William Navarrete / El Nuevo Herald / 6 de julio de 2014

Para los que visitan Perú, Lima es solo un punto de llegada y de partida. La capital peruana ha ido adquiriendo mala fama con el tiempo. El manto gris que la cubre buena parte del año; las desagradables gotas de una lluvia que no llega a caer y que allí llaman garúa; la contaminación ambiental, la inseguridad, entre otras razones, han contribuido a ese desamor. Y es una auténtica pena porque Lima tiene, digámoslo desde el principio, muchísimos secretos y no pocos encantos.

Los mejores barrios para alojarse son Miraflores, San Isidro y Barranco pues son los más seguros y tienen vista al inquietante océano Pacífico. Como es poco aconsejable pasearse de noche por otros sitios, un hotel cerca del Ovalo de Miraflores, epicentro del tráfico entre la costa y la parte antigua de la ciudad, será el lugar ideal.

La visita debe comenzar por el casco histórico, primer asentamiento que los locales llaman simplemente Lima. Alrededor de la restaurada Plaza de Armas (sede del poder religioso y civil colonial con la Catedral, el Palacio Arzobispal y el de Gobierno), se percibe el trazado original de la ciudad fundada por los españoles a orillas del río Rímac.

Esta plaza y la San Martín se comunican por la arteria peatonal Jirón de la Unión, en otros tiempos señorial y hoy día exhibe exclusivamente comercial, llena de tiendas de baratijas chinas. Afloran, eso sí, esbeltos edificios coloniales y modernistas, la casa en donde vivió Bernardo O’Higgins (prócer de la independencia chilena) y la extraordinaria iglesia de la Merced de 1541 (convento y claustro aledaños), lugar donde se celebró la primera misa católica de Lima.

Dos otros monasterios son de obligada visita: el de Santo Domingo con una antigua biblioteca con incunables de gran valor, una admirable pinacoteca de pintura colonial y dos hermosísimos claustros; y el de San Francisco que atesora las mayores catacumbas de la ciudad (70,000 sepulturas), además de una impresionante biblioteca del siglo XVII con 25,000 volúmenes y una colección de lienzos coloniales entre los que destaca una Ultima cena sincrética de finales del siglo XVI, algunos óleos de Zurbarán, entre obras de la Escuela del Cusco.

El casco antiguo conserva muchas casonas palaciegas. Pueden admirarse la Torre Tagle (sede de un ministerio), la de la Riva, la de Oquendo, la Riva-Agüero, así como la famosa Casa Aliaga, la más antigua de la ciudad, aún propiedad, 16 generaciones después, de la misma familia que la construyera a un costado del Palacio de Gobierno, en 1535.

Del otro lado de la populosa avenida Tacna se halla el concurrido Santuario de Santa Rosa de Lima (patrona y protectora de la ciudad que inspira gran devoción) y la capillita recubierta de azulejos del primer santo negro de la historia, San Martín de Porres, también limeño y muy venerado. Otras iglesias (San Agustín, San Pedro o las Nazarenas) poseen elementos barrocos relevantes y un mobiliario y obras artísticas de interés.

Hay museos gratuitos como el del Banco Central de Reserva que exhibe un muestrario completo de objetos precolombinos, ideal para familiarizarse con el tema antes de emprender viaje a los sitios arqueológicos.

En los linderos este y sur del casco se hallan el barrio de Rímac (de imponente y mal conservada arquitectura) y el llamado Barrio Chino, sede y cuna de una gastronomía oriental llamada “chifa” de fusión andina que es orgullo del Perú.

Lima está atravesada de este a oeste por las anchas avenidas Wilson y Arequipa. En otros tiempos era la arteria elegante que conducía a los citadinos al mar y a los barrios periféricos de Miraflores y San Isidro. Hoy día, es una avenida de agobiante tráfico en la que afloran, por islotes, interesantes casonas del siglo XIX y XX, entre las que se destacan algunas sedes diplomáticas. Se hallan en su curso el Parque de la Cultura (con su jardín japonés y un anfiteatro), el Museo de Arte de Lima (conocido como MALI y principal museo de bellas artes), el Museo de Arte Italiano, así como el Parque de la Reserva (con su célebre Circuito Mágico del Agua, atracción nocturna de fuentes y juegos de agua iluminados realmente admirable).

La ciudad fue construida sobre asentamientos precolombinos, de modo que en existen dos huacas (túmulos funerarios semipiramidales) que pueden visitarse. La de Huallamarca (500 dC) está en el barrio de San Isidro y la Pucllana, en Miraflores, excesivamente restaurada, con un museo adyacente y un excelente restaurante cuya terraza se abre hacia el monumento.

En San Isidro, barrio de la clase alta limeña, está el Museo Larco establecido desde 1926 en uno de los palacetes del Virrey. Posee una impresionante colección de cerámicas precolombinas, objetos, tejidos y piezas de valor. También el Museo Nacional de Antropología, en donde se halla la célebre estela Raimondi de la cultura chavín; así como el bosque El Olivar, barrio aristocrático de mansiones diseminadas en medio de un bosque de olivos plantado en el siglo XVII.

Miraflores es el barrio comercial por excelencia. Abundan restaurantes, tiendas, centros comerciales, agencias bancarias y cafeterías. Alrededor del parque Kennedy (con su inconfundible iglesia y el ecléctico Ayuntamiento) hay callejuelas peatonales con terrazas de cafés y restaurantes. Dos de los cafés más antiguos (el Haití y La Tiendecita Blanca), así como la librería más prestigiosa (La Familia) o la popular sanguchería La Lucha (para almuerzos rápidos) están frente a ese parque. No lejos de allí, el mercado de artesanías y la casa museo donde vivió los últimos años de su vida el escritor Ricardo Palma, un sitio fuera del tiempo que permite ver una vivienda del momento de la urbanización del barrio (principios del XX).

El Malecón (paseo del Pacífico en lo alto del acantilado de Miraflores) ha sido habilitado como fachada peatonal marítima. En el sitio donde la avenida Larco desemboca en el océano se encuentra un moderno centro comercial con tiendas, restaurantes y agradable mirador.

Estamos cerca de Barranco, el barrio a la moda donde ocurre la vida nocturna. Allí está el Museo Pedro de Osma (de arte colonial) y la galería Lucía de la Puente (una de las vitrinas de arte contemporáneo de Lima). Barranco tiene su Puente de los Suspiros, un sitio mítico ampliamente evocado por el cancionero popular, y también un café-galería muy acogedor (Dédalo), para souvenirs de calidad y meriendas bajo la sombra de grandes árboles.

El Callao, mítico puerto de Lima de donde salían los galeones cargados de oro, es hoy un denso barrio popular poco aconsejable. La fortaleza del Real Felipe (1747) puede ser visitada. La península que cierra al norte la bahía es La Punta. Fue durante el siglo XIX un balneario elegante de villas de estilo neocolonial y art-deco. Todavía conserva ese carácter y es ideal para cenar a orillas del mar y dar un bonito paseo.

Melville (autor de Mobi-Dyck) dijo que Lima era ‘’la ciudad más extraña y triste que puede verse’’. Cualquiera que la visite lo que podrá decir es que es una de las ciudades del mundo donde mejor se come. Los chefs limeños han adquirido reputación y galones al punto de convertirse en reconocidos maestros gastronómicos a nivel internacional. En las listas de grandes mesas del mundo aparecen siempre varios restaurantes limeños.

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