Matías Montes Huidobro sin pelos en la lengua, en una entrevista de Luis de la Paz

Excelentes respuestas de Matías Montes Huidobro en una entrevista que le hace Luis de la Paz en El Nuevo Herald. Así se habla cuando se es libre y se tiene dignidad, sin miedo a querer quedar bien con unos y con otros, porque ni unos ni otros se interesan más que en sus propias agendas. Les dejo el enlace y entrecomillo un fragmento de una de esas respuestas que marcarán pautas. Subrayo también la frase que explica, con razón, por qué muchos exiliados han permitido que su obra se publique en Cuba:

Enlace directo: “Matías Montes Huidobro no quiere dar explicaciones

Cito:

“En más de medio siglo, el “exilio” sólo me ha estrenado cinco obras dramáticas (una por década); para verlas en escena yo me he tenido que pagar tres, y son muchas las que tengo digitalizadas sin que nadie se interese en montarlas. Cada vez que en el “exilio” una agrupación teatral estrena una obra de autor cubano, Premio Nacional de Literatura o no, marginando las mías, me llega al alma y lo considero una puñalada trapera. Cada vez que en Miami se hace una invitación oficial a escritores que han mantenido estrechos vínculos con el régimen, y a mí, con la trayectoria académica y creadora que tengo se me ignora, teniéndome al doblar de la esquina, me enfurezco por la canallada que se comete. Y cada vez que tengo que financiarme algún libro (no todos) con dinero de mi bolsillo, producto de mi trabajo en la Universidad de Hawaii, me enervo; lo cual, estoy convencido, es muy saludable.

Dicho lo anterior, con castrismo o sin castrismo, si en Cuba se llegara a publicar todo mi teatro, por ejemplo, sin que me cambien una línea, o algunas de las novelas que tengo que no encuentran editor, con la barreras que me presenta el exilio, que hasta me escatima las reseñas de mis libros (sacar una reseña de mi novela Un bronceado hawaiano en la prensa periódica me costó un año de gestiones) no seré yo quien me oponga. Ciertamente, no tendría que darle explicaciones a nadie, porque me fui de Cuba para no tener que hacer tal cosa. Después de todo, los más destacados escritores que viven en Cuba nos visitan a diario, y a cuenta de los taxpayers, son masivamente aplaudidos por un “exilio” que prácticamente les rinde homenaje. Entonces, ¿aquellos que no me han favorecido, que puede importarles que me favorezcan o no en Cuba? Lamentablemente, esto no ha ocurrido todavía, y ojala que se apuren y lo hagan, lo antes posible, antes que traspase las puertas del cementerio, como ha sido el caso de Lino Novás Calvo y Enrique Labrador Ruiz, que es posible que ni se hayan enterado; sin contar que, en todo caso, gústeme o no, sin Castro o con Castro, soy tan cubano como las palmas y trasciendo esas circunstancias. ”

 

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