Ciudad México, en El Nuevo Herald

Hoy escribo en El Nuevo Herald sobre el casco histórico de Ciudad México, antigua Tenochtitlán, y lo acompaño con diez tomas que hice durante mi última estancia este año en esa ciudad:

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El centro histórico de Ciudad México

William Navarrete / El Nuevo Herald / 8 de junio de 2014

De la misma manera en que todos los caminos conducen a Roma, en el Distrito Federal, capital mexicana, todos los caminos pueden llevarnos al Zócalo. Es el corazón palpitante de la antigua Tenochtitlán y para dar fe de ellos están las ruinas del Templo Mayor, construido por los aztecas en 1325. Pocos vestigios quedan de este sitio arqueológico colindante con la gran Plaza de la Catedral, pero su valor simbólico ha marcado la imaginería y hasta los símbolos indisociables de ese gran país.

Se dice que fue siguiendo una profecía en la que se mencionaba un águila posada sobre un cactus devorando una serpiente que ese sitio fue el escogido para centro de poder de la antigua capital precolombina. Los españoles se encargaron de destruirlo, aunque en 1978 el descubrimiento fortuito de una escultura de Coyolxauhqui dio inicio a las excavaciones de lo que vemos hoy.

El Zócalo ha servido de escenario a acontecimientos que han marcado la historia del DF. En el lado este se halla el Palacio Nacional (1562) ocupando el espacio en que estuvo el de Moctezuma. Tras la independencia de México en 1821, el edificio se convirtió en la residencia presidencial. Luego se le añadió un tercer piso en los años 1920, pero el edificio conserva mucho de su aspecto original. Es allí donde veremos los célebres frescos del muralista Diego Rivera, pintados entre 1929 y 1935, después de la revolución mexicana. La temática escogida es la de episodios históricos nacionales de envergadura, desde la fundación de Tenochtitlán hasta el México moderno de la lucha de clases en el siglo XX.

El segundo edificio significativo de este espacio es la Catedral Metropolitana. Es, sin lugar a dudas, la más grande de América Latina. Sus torres poseen 67 metros de altura y su construcción demoró casi tres siglos. Intervinieron en la obra gran cantidad de artistas y artesanos a lo largo de ese tiempo. Por ello, la Catedral es un buen ejemplo del arte barroco y de su fusión con elementos de la cultura azteca. Vale la pena destacar la sacristía en estilo plateresco, el Altar de los Reyes de Jerónimo de Balbas en estilo churrigueresco, los pináculos neoclásicos de finales del XVIII, así como el campanario de Manuel Tolsá y la capilla de la Virgen de la Guadalupe, patrona del país.

Muy cerca del Zócalo, el Antiguo Colegio de San Ildefonso es nuestra segunda etapa. El edificio data del siglo XVI y fue seminario de jesuitas. Remodelado un siglo después, posee las características del barroco y la elegante sobriedad y considerables proporciones del neoclásico. Allí, en los muros de la escalera del Patio Grande y a lo largo de las galerías del mismo pueden contemplarse los admirables frescos de otro de las grandes del muralismo mexicano: José Clemente Orozco. Vale la pena entonces recorrer sus espacios interiores y hasta echar una ojeada a las muestras temporales de arte que se exhiben.

A pocos metros del Colegio, en la calle Donceles, el Museo de la Caricatura es una prestigiosa institución en el antiguo Colegio del Cristo. Se trata de un buen ejemplo de la arquitectura doméstica para la nobleza del siglo XVII y acoge, hoy día, entre otros exponentes, parte de la obra del célebre caricaturista José Guadalupe Posada, cuya influencia marcará a los artistas de la Vanguardia mexicana.

Otro de los museos de obligada visita en el área del Zócalo es el de José Luis Cuevas, en el antiguo convento de Santa Inés, cuyo claustro es un hermoso ejemplo de la arquitectura religiosa del XVII. Cabe mencionar también el Claustro Sor Juana que funge como universidad.

Hay que deambular por las manzanas del centro para ir descubriendo poco a poco los diferentes edificios. Así, por ejemplo, en la esquina de las calles Moneda y Primo Verdad se halla el edificio de la primera imprenta de América, que llegara a esa casa en 1539 procedente de Europa. Una cuadra después, por la misma calle Monedas, distinguimos la cúpula rosada de la iglesia y antiguo convento de Santa Inés (sede del Museo José Luis Cuevas mencionado). En la prolongación de la calle, cuando cambia de nombre por el de Emiliano Zapata, nos toparemos con la iglesia de la Santísima Trinidad (1755). Un desnivel del templo de tres metros con respecto a la calle recuerda que la ciudad se halla sobre lagos y que, en determinadas secciones, el terreno se ha ido hundiendo con el tiempo.

La iglesia Nuestra Señora de Loreto, la parroquia de Jesús María, la plaza de Santo Domingo (en donde los dominicos implantaron en 1527 el primer convento de México y del que sólo subsiste la Capilla de la Expiación), el Palacio de la Inquisición (actual sede del Museo de la Medicina) y el Palacio de los Condes de Santiago de Calimaya (edificio de 1781 que sirve de sede al Museo de la Ciudad de México), son también algunos de los edificios relevantes de este recorrido.

Una visita al Mercado A. Rodríguez permitirá descubrir la amplia gama de platos de la cocina popular y la gran variedad de frutas que los mexicanos consumen en licuados o zumos, aunque también en cocteles naturales.

En pocas manzanas y sin necesidad de alejarnos mucho de la plaza del Zócalo, ni de llegar hasta el área del Palacio de Bellas Artes, tenemos un muestrario muy amplio de la vida y labor de los que vienen al centro durante el día a vender sus mercancías. Abundan, por otra parte, librerías, tiendas o abarrotes, centros culturales, restaurantes y cantinas. Después de las restauraciones emprendidas por el gobierno y fundaciones privadas el casco antiguo de la capital mexicana se ha convertido en un área en la que es incluso posible pernoctar. Es aquí en donde se resumen los últimos siete siglos de vida de la antigua ciudad.

El centro histórico de Ciudad México / William Navarrete / El Nuevo Herald.

El centro histórico de Ciudad México / William Navarrete / El Nuevo Herald.

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