Hoy en El Nuevo Herald, sobre Cartier Bresson

Escribo en El Nuevo Herald sobre la expo Cartier Bresson exhibida por el Centro Pompidou en la capital francesa:

Enlace directo: Cartier-Bresson en Paris a los diez años de su muerte

Cartier Bresson, Expo Pompidou / William Navarrete, Nuevo Herald

Cartier Bresson, Expo Pompidou / William Navarrete, Nuevo Herald

Cartier Bresson en Paris a los diez años de su muerte

William Navarrete

El Nuevo Herald, 25 de mayo de 2014

El Centro Georges Pompidou de París, Francia, dedica entre febrero y junio de este año una retrospectiva a la fotografía de Henri Cartier-Bresson. Nacido en 1908 en el poblado de Chanteloup-en-Brie, cerca de París, y fallecido a los 96 años en Montjustin, Altos Alpes de Provenza, en 2004, es uno de los fotógrafos franceses que dominaron estéticamente el siglo XX.

La exposición del Beaubourg es cronológica y comienza con un Cartier-Bresson apenas conocido: el pintor que ha estudiado en la Academia Lhote, y que realiza temperas bajo la influencia del estilo de Cézanne. Poco tiempo después, se acercará al movimiento surrealista, y frecuentará a André Breton y Salvador Dalí durante las visitas en 1929 a casa de los norteamericanos Harry y Caresse Crosby.

Ya en 1930 se vislumbra uno de los rasgos que lo marcará hasta el final de su vida: Cartier-Bresson es un viajero infatigable, un aventurero que no se conforma con recorrer mundo sino que necesita captar las imágenes que más le impactan. Del lustro 1930-1935 datan las fotografías que ha tomado en Costa de Marfil, Viena, Alemania, Budapest, Bélgica, España, Florencia, Sevilla, México y Cuba, exhibidas en la retrospectiva. Es también la época en que comienza a realizar sus primeros reportajes para la prensa.

La década de 1930 le da la oportunidad de vivir en una Europa convulsa. El joven apasionado por la imagen milita a favor de las tendencias progresistas en cada sitio adonde va. En París se codea con los miembros de la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios con quienes firma pasquines antifascistas; en México se relaciona con los intelectuales del Partido Nacional Revolucionario en el poder; en Nueva York, en donde expone en 1935 junto a Walker Evans y Álvarez Bravo, entra en contacto con la cooperativa de cineastas militantes prosoviéticos Nykino.

A partir de su estancia en Nueva York, Cartier-Bresson se acercará, gracias a su estrecha colaboración, al cineasta Jean Renoir y al universo del séptimo arte. Será entonces el asistente de fotografía de su película La vie est à nous (La vida es nuestra), así como de Partie de campagne (Partida en el campo) y, más tarde, en 1939, de La règle du jeu (La regla del juego). También realizará su primer documental como independiente: Victoire de la vie (Victoria de la vida), sobre la guerra civil española.

Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial es inmediatamente movilizado. Cae prisionero y al lograr escaparse en 1943 se incorpora, gracias al escritor Louis Aragon, a un grupo de comunistas de la Resistencia. En esa época hará una célebre serie de fotos para el vespertino Ce soir, dirigido por Aragón, sobre niños abandonados o perdidos. Al final de la guerra, le encargarán filmar la repatriación de los prisioneros (Le retour, 1945).

El año 1947 será decisivo para su carrera y definirá toda su creación sucesiva. En ese momento expone en el MOMA de Nueva York y funda con Robert Capa, George Rodger, Davis Seymour y William Vandibert, la agencia fotográfica cooperativa Magnum Photos. Sus reportajes aparecen con regularidad en revistas tan famosas como LifeHolidayParis Match e Illustrated. Fascinado por el Lejano Oriente – se había casado en 1937 con una indonesia nativa de la isla de Java–, pide ocuparse de los reportajes sobre los países de esta parte del continente asiático. Es en ese instante cuando ocurre uno de los hechos más relevantes de su carrera de reportero: una entrevista a Gandhi el 30 de enero de 1948 pocos minutos antes de su asesinato por un fundamentalista hinduista. El reportaje fotográfico de los funerales de Gandhi, enteramente filmado por Cartier-Bresson, será publicado en las páginas de Life.

A partir de este momento Cartier-Bresson es ya un fotógrafo que ha impuesto un canon estilístico. Su obra no volverá a tener la frescura y la espontaneidad de sus trabajos anteriores, aunque sí se mantendrá fiel a su propia estética, o sea, a una composición armónica en la que el instante fugaz quede atrapado y a un militantismo incondicional, siempre dispuesto a revelar los temas candentes de la actualidad política y social.

Magnum le da la oportunidad de convertirse en 1954 en el primer reportero occidental que fotografía Moscú desde 1947. Ese mismo año está en primera línea con su Leica dando fe de los dramáticos acontecimientos de la caída de Pekín en manos de los comunistas y del fin del Kuomintang. En la capital china, en plena ebullición, retrata lo que se ha convertido en una imagen icono de esa época: una marea humana que a fuerza de empujones intenta entrar en una casa de cambio para salvar algo del dinero que le queda antes de que el gobierno cambie la moneda.

De la serie de grandes reportajes para Magnum cabe citar también el de Cuba en 1963 después de la conocida crisis de misiles que puso al mundo al borde de la tercera guerra mundial. También el de las imágenes de la revolución de los estudiantes en mayo de 1968 en París.

Cuando fotografiaba en color lo hacía sin convicción pues siempre aborreció otra imagen que no fuera en blanco y negro. A partir de 1970 no acepta más encargos de parte de Magnum. Se consagra entonces a la observación más reposada y a una especie de trabajos contemplativos que ofrecen imágenes sobre detalles mínimos, gestos cotidianos o motivos sin aparente importancia. Ha realizado profesionalmente todo aquello con que había soñado. Por otra parte, se esmera en clasificar su obra, en preparar las retrospectivas de ésta y en publicar libros que condensan determinados momentos de su carrera. Carnets Mexicains 1934-1964, publicado por las ediciones Hazan de París, y acompañado de un texto de Carlos Fuentes, es buen ejemplo de ello.

Para los fotógrafos contemporáneos la estética de Cartier-Bresson significa lo que para un artista plástico de la vanguardia el arte del neoclásico o del romanticismo. Nadie pone en duda la calidad y validez de sus presupuesto estéticos, pero nadie intenta ya seguir la línea de lo que suele considerarse como fotografía clásica. Sin embargo, la manera con que Cartier-Bresson supo encausar su carrera y darle protección jurídica y financiera a su obra sí ha servido para que muchos fotógrafos se inspiren en las estructuras que mediante Magnum crearon el francés y sus asociados.

A los 10 años de su fallecimiento el Centro Georges Pompidou en colaboración con la Fundación Cartier-Bresson y la agencia Magnum revive en imágenes, gracias a la obra fotográfica de este reportero sin par, buena parte de la historia del siglo XX.

Esta entrada fue publicada en actualidad. Guarda el enlace permanente.