Un viaje por la historia de Génova – El Nuevo Herald

Un viaje por la historia de Génova y sus personajes, el que realicé en enero de este año ahora contado en El Nuevo Herald.

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Génova y los personajes ilustres de su historia

William Navarrete / El Nuevo Herald (Séptimo Día)

29 de marzo de 2014

Hubo un momento en la historia del Mediterráneo en que Génova dominaba la actividad mercantil en sus costas occidentales. La creación de una República independiente en el año 1100 dC. asentó su economía sobre las bases sólidas de un tipo de gobierno electivo que dio auge y dinamismo a las relaciones mercantiles de la ciudad con otros Estados. Ya en los siglos XII y XIII Génova era una potencia naval que rivalizaba con Venecia. Las actividades financieras, la fabricación de textiles, la importación de artículos de alta demanda y la construcción naval eran los pilares del esplendor de una ciudad que llamaban La Superba.

Con el decursar del tiempo las familias genovesas (Doria, Spinola, Grimaldi y Fieschi) irán alcanzando hegemonía en materia de gobierno y finanzas. En plena expansión, la República expulsa de Cerdeña y Córcega a los sarracenos y extiende el comercio hasta Barcelona, Túnez, Nápoles, Niza y Marsella. No ha de extrañarnos entonces que esta conjunción de elementos sea el caldo de cultivo para que surjan ilustres personajes que marcarán la historia de la humanidad.

Mucho se ha discutido sobre los orígenes genoveses de Cristóbal Colón. Evocar las teorías que le disputan su nacimiento en Génova es una tarea ardua sobre la que se han volcado muchos teóricos e historiadores, aunque también no pocos fanfarrones. Hasta ahora, nadie ha probado que el llamado “descubridor” de América haya nacido en otro sitio.

Al pie de la antigua Puerta Soprana (fragmento de la muralla de Barbarroja) se halla la casa de Colón, o al menos el sitio en que vivió en su infancia. En su interior no hay mucho que ver pues fue bombardeada por los franceses en el siglo XVII y reconstruida luego. Una asociación se ocupa de mantenerla abierta. La planta baja era el taller en que el padre de Colón trabajaba telas y lanas. La ciudad ha rendido siempre homenaje a su ilustre predilecto. Un monumento de grandes dimensiones corona la plaza Acquaverde, frente a la estación del Príncipe. Además, la oportuna renovación del puerto viejo fue el resultado de los jubileos de 1992 por el cincuentenario del desembarco del Almirante en América.

Casi en la misma época, otro genovés con aspiraciones distintas pero idéntica ambición que Colón, alcanzará mucho renombre. Se trata de Andrea Doria (1466-1560), almirante al servicio del Papado y uno de los brazos más sólidos contra turcos y musulmanes. Era un condotiero, personaje al servicio de príncipes del que dependía que la nobleza conservase tierras, poder y privilegios. Al servicio del rey de Francia derrotó varias veces a la flota de España y ocupó las ciudades de Sorrento y Salerno en manos de los iberos. Luego, tras sus desavenencias con este rey funda una alianza con Carlos V y expulsa con sus hombres a los franceses de Génova recibiendo el título de Liberator y Pater Patriae. Es entonces proclamado general del mar y el emperador le otorga el título de príncipe de Melfi.

Hablar de Génova es hablar de los Doria. A Andrea le sigue en renombre su sobrino, Juan Andrea. Hombre de armas como el tío y gran marino vencedor (aunque perdedor también) de muchas batallas en el Mediterráneo desde Orán hasta Chipre. Entre sus victorias está la legendaria Lepanto (1771), batalla entre cristianos contra los otomanos en donde Miguel de Cervantes perderá la movilidad de la mano izquierda, y en la que el genovés asiste con once galeras.

Como todas las familias poderosas de Génova, los Doria poseían su plaza (consorteria) sobre la alzaban la iglesia de su propiedad y sus palacios (como el Branca Doria). Se llama San Matteo y la iglesia (siglo XIV) es de las más hermosas, enriquecida en épocas del Barroco con obras de Montorsoli, Castello y Cambiado. También podemos visitar el palacio familiar (aún en manos de los príncipes Doria), la llamada Villa del Príncipe o Palacio de Andrea Doria, construido en el XVI. Las estancias que exhiben frescos, tapices y óleos de Perin del Vaga, Ticiano y Piola están abiertas al público, así como los hermosos jardines centrados a partir de una monumental fuente de Neptuno, realizada por los hermanos Carlone.

Al igual que los Doria, los Spinola dominaron el Renacimiento genovés y su poderío se extiende hasta el siglo XX. La familia donó al Estado italiano el gran palacio del viejo Génova con el objetivo de convertirlo en sede de la Galería Nacional. Es un edificio de siete plantas construido en el siglo XVI y conserva el fastuoso mobiliario y los salones de época. En sus dos últimos pisos veremos las colecciones de pinturas (obras de Ferrari, Antonello da Messina, Louis Bréa, Rubens, Van Dyck, Strozzi), así como un excelente muestrario de cerámicas, platas y textiles.

La familia es todavía dueña de la iglesia de San Lucas, fundada en 1188 por Omberto Spinola. Transformada en el XVII por Carlo Mutone, posee uno de los interiores barrocos más bellos del casco antiguo. La Inmaculada, el conjunto escultórico de mármol del coro, fue realizado por Filippo Parodi y es una pieza de exquisita factura.

Otro personaje genovés que mencionan con frecuencia los libros de arte fue Simonetta Cattaneo, dama de la Casa de Candia y amor platónico del artista Sandro Botticelli. Durante su corta adultez residió en Florencia y por llamar su atención rivalizaron los hermanos Giuliano y Lorenzo de Médici sin que sus esfuerzos rindiesen frutos. Su rostro es el del Nacimiento de Venus (1485), célebre lienzo en que Botticelli le hará un homenaje póstumo. Simonetta murió a los 23 años. Se le considera la mujer más bella del Renacimiento.

En materia de música La Superba se enorgullece de ser la patria chica del violinista más célebre del mundo: Niccolo Paganini, nacido allí en 1782 y fallecido en Niza en 1840. En el Palacio Tursi (uno de los 80 palacios genoveses declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad) una sala conserva, tras una urna de vidrio, el famoso “Cannone”, el stradivarius fabricado en Cremona por Guarnerius del Gesu y el preferido del virtuoso músico. También veremos el “Vuillaume”, otro de los violines de Paganini, fabricado en París en 1833. Ambos son propiedad de la alcaldía de Génova. No ha de extrañarnos que el conservatorio de la ciudad lleve su nombre, así como el famoso concurso internacional de violín celebrado anualmente en el teatro Carlo Felice.

Es la razón por la que la ciudad es sede de la Feria Internacional de Música cuya edición 2014 se anuncia para esta primavera. Una cita que pretende convertirse en el evento de referencia en todo lo que atañe al ámbito musical (edición, comercialización e innovaciones técnicas).

La historia italiana debe mucho a otro genovés: Giuseppe Mazzini (1805-1872). Su casa natal en la vía Lomellini, en pleno casco histórico, es la sede del Museo del Risorgimento y atesora importantes documentos, uniformes, armas y objetos que pertenecieron a uno de los padres espirituales de la unificación italiana junto a Garibaldi y Cavour. Entre la papelería se conserva la partitura original del himno de Italia, compuesto por Goffredo Mameli y cantado por primera vez en Génova en 1847. El museo organiza además importantes exposiciones temporales de tema histórico.

Situándonos ya de cara a nuestro tiempo no podemos hablar de la ciudad sin mencionar Renzo Piano, autor del Centro Georges Pompidou (París), del Paul Klee (Berna), The New York Times Tower (Nueva York) y de decenas de relevantes edificios en todo el mundo entre los que se cuentan 16 museos. Este cotizado arquitecto genovés es también el autor de los tubos metálicos que como mástiles brotan del mar, obra conocida como El Bigo. Creador también del Acuarium, fue el encargado de renovar en 1992 los antiguamente sórdidos y caóticos muelles del puerto viejo.

La ciudad vista desde el mar es un perfecto anfiteatro asentado sobre las colinas circundantes desde donde desciende en forma de gradas hasta el puerto. Sin sus personajes – los mencionados y muchos otros que han quedado fuera del recuento como el conquistador de México Juan Bautista de Chapa -, o sin el ballet de los genoveses anónimos que cada día recorren en hormigueo constante el centro histórico medieval más grande de Europa, Génova no tendría el aura que como el velémen de los bajeles y navíos de antaño surca la imaginación de todos al oír su nombre.

 

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