Palermo (Sicilia), en El Nuevo Herald


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Mi crónica de viaje a Palermo, mítica capital de Sicilia, en el Herald de hoy.

Enlace pulsar aquí: Palermo, exuberante y secreta

William Navarrete / El Nuevo Herald / 2 de febrero de 2014

La capital de Sicilia es una ciudad compleja. Su imagen no es siempre halagüeña y abundan todo tipo de estereotipos y opiniones defendidas por personas que nunca la han visitado a veces basadas en el reflejo de ese falso espejo que fue Hollywood en una época. Palermo era para ese tipo de cine un caldo de cultivo de mafiosos con redes mundiales tentaculares.

Es cierto que la capital de Sicilia no es una ciudad cómoda. Lo primero que resulta evidente es la deficiencia de su infraestructura. Montículos de desechos se acumulan a ambos lados de la carretera entre el aeropuerto y el centro. Como en Grecia, o en todo el sur de Italia y otras áreas del Mediterráneo, la gente lanza desde las ventanillas de sus coches – poco importa donde caigan y por cuanto tiempo – latas que acaban de vaciar. Manzanas enteras de fachadas leprosas parecen haber sido bombardeadas. De hecho, muchos edificios que sufrieron el impacto de las bombas al final de la segunda guerra han quedado así desde entonces.

Detrás de estos inconvenientes la ciudad es una auténtica joya. Como suele suceder con los lugares de estereotipos muchos quedarán sorprendidos con el trato afable, cordial y muy atento de los palermitanos. Orgullosos de su pasado fenicio, griego, cartaginés, romano, normando, angevino, aragonés y español hasta la República italiana actual, han hecho de su ciudad una superposición de acontecimientos históricos capitales que se leen en calles y edificios.

Empecemos nuestro recorrido por el llamado cruce de los Quattro Canti que como indica su nombre es una esquina limítrofe de cuatro grandes barrios del centro. Los edificios que dan a ese espacio tienen fachadas ochavadas precedidas de fuentes. A pesar de la estrechez y de la poca perspectiva, el sitio es el punto de partida para las visitas turísticas en calesa.

No lejos de allí está la plaza Petroria de monumental fuente de mármol concebida en estilo manierista (1555). Los habitantes la llamaban la “fuente de la Vergüenza” por los detalles anatómicos visibles de los personajes masculinos esculpidos. A pocos metros, la plaza Bellini acoge la iglesia de Santa Catalina Virgen y Mártir, considerada una de las naves barrocas más hermosas de la capital. La profusión de estucos dorados, relieves, frescos y añadidos es sorprendente.

Hacia el sur de la plaza vemos dos iglesias frente a frente, ligeramente surelevadas y coronada una por un esbelto campanario románico y por una cúpula bizantina roja de sobrado aspecto oriental la otra. La primera es La Martorana (siglo XII), depositaria de exquisitos mozaicos bizantinos considerados los más antiguos y hermosos de Sicilia. Comparte el mismo jardincillo y una palmera con la de San Cataldo (también del siglo XII), buen ejemplo de armonía arquitectónica católico-musulmana.

Uno de los filmes que perpetúan la gloria (e imagen) de Palermo es sin lugar a dudas El Guepardo (1963), de Luchino Visconti. En la plaza Croce dei Vespri se alza el palacio que sirvió de escenografía a algunas de sus memorables escenas. Es el Gangi, propiedad de la familia Vanni Calvello, construido a mediados del siglo XVIII y un lugar privilegiado para entender la vida de Palermo en ese siglo en que vivían en ella más de 100 príncipes y 80 duques. La galería de los espejos con sus muranos y porcelanas es una de las más bellas de Europa.

Al oeste de la vía Maqueda estaremos en el barrio de la Universidad y del populoso mercado Ballaro, extendiéndose hasta la Catedral y el Palacio de los Normandos. En esta sección los jesuitas construyeron su primera iglesia en la isla (la del Gesu), ejemplo puntual de barroco siciliano. También la iglesia del Carmen, con vistoso campanario cubierto de tejas policromadas, así como el palacio Comitini (siglo XVIII), sede del gobierno provincial actual.

Zigzagueando las callejas del Ballaro llegamos a la Catedral, imponente edificio arabo-normando construido en el siglo XII sobre las ruinas de una basílica que a su vez ocupó el lugar de una mezquita. El pórtico del siglo XV protege una extraordinaria puerta de madera esculpida en el 1432. El interior de la Catedral no tiene el encanto de sus fachadas precedidas de hermosos jardines. El Museo Diocesano, a un lado del coro, conserva, entre otros objetos históricos, la corona de la reina Constanza de Aragón, fallecida en 1222.

Saliendo de la Catedral atravesamos el jardín de palmeras Villa Bonanno para pasar bajo el arco de triunfo construido por Carlos V en 1535 y llegar al complejo monumental conocido como Palacio de los Normandos. Fortaleza de origen árabe construida en el siglo IX, se convirtió en sede de la corte normanda a partir del XII. La visita comienza por uno de los edificios más espectaculares de Sicilia: la capilla Palatina, erigida por Roger II en 1132 y considerada el ejemplo cimero del arte arabo-normando. Los mosaicos bizantinos cubren sus muros y paneles interiores, incluidas las columnas, altares, capillas y hornacinas. Una orgía de tonalidades doradas y de colores ofrecen al conjunto la visión más espectaculares de esta técnica. Se completa la visita con el recorrido por los Apartamentos Reales, mucho más sobrios, a excepción del cuarto del rey Roger I que conserva sublimes mosaicos del 1154.

Al salir es aconsejable llegarse hasta la iglesia de San Giovanni degli Eremiti, también normanda (siglo XII) y coronada por cúpulas morescas. El sitio es encantador pues detrás de la iglesia se halla el claustro románico en medio de un jardín de naranjos y jazmines casi siempre en flor.

Debemos volver al centro de Palermo, exactamente al punto neurálgico que forman las vías Maqueda y Cavour. Allí se alza el monumental Teatro Massimo, segunda sala de Europa en cuanto a dimensiones con un aforo de 1 350 butacas y una escena que puede acoger a 700 actores a la vez. La acústica perfecta es también una de sus características y la Aída de Verdi puede interpretarse con elefantes verdaderos sin ningún problema. Su techo fue concecibo en estilo Liberty, sus lámparas son de Murano y se visita fuera de funciones.

Nos dirigimos ahora al barrio del puerto (Piazza Marina). Comenzaremos a partir del jardín Garibaldi rodeado de imponentes palacios. Uno de ellos, el Chiaramonte , sirvió de residencia al rey de Aragón y de sede al tribunal de la Inquisición. Muy cerca de allí, el Palacio Mirto es otro de esos nobles palacetes privados palermitanos del siglo XVIII en manos de la familia original hasta fecha reciente. Posee 38 salas que incluyen mobiliario y utensilios, vajillas, alfombras, tapices, lámparas y espejos de época. A la salida puede visitarse la cochera y los establos en perfecto estado de conservación.

Estamos muy cerca de la iglesia San Francisco de Asís, el mejor ejemplo de gótico del siglo XIV con majestuoso pórtico del 1302, exquisitas esculturas barrocas de Giacomo Serpotta y armoniosa rosácea dando luz a la nave. También de la iglesia de La Gancia (1490), una de las piezas más significativas el Renacimiento en la ciudad.

Colindante con La Gancia se halla el Palacio Abatellis, sede de la Galería Regional de Sicilia, museo que atesora obras de Antonello da Messina, Mabuse, Gagini, entre primitivos y pintores italianos del Renacimiento. El muy célebre fresco del siglo XV El triunfo de la muerte, pintado por Giacomo Borlone, vale por sí solo la visita. En las inmediaciones, el Orto Botanico, fundado en 1795, es uno de los antiguos jardines botánicos más importantes de Europa con más de 12 000 especies exóticas.

No podemos pasar por alto el barrio del MercadoVucciria, uno de los más abandonados de la ciudad con palacios majestuosos en ruina e iglesias tan asombrosas como la de la Santa Cita, la de Santa María en Valverde, el Oratorio del Rosario in San Domenico (con imponentes estucos de Serpotta y un óleo de Van Dyck en el altar) o el de Santa Cita. Es el Palermo del apogeo barroco, dorado sobre blanco, impúdico, sensual, armonioso, único en el mundo.

Palermo crece alrededor de una ensenada que llaman La Concha de Oro. En su extremo norte, a unos 11 kms., está la playa de Mondello, de turismo local. Los palermitanos van en autobuses desde el centro. El sitio es hermoso pero es corriente ver botellas plásticas y latas flotando en las aguas turquesas y excepcionalmente hermosas.

También podrán visitarse las Catacumbas del Convento de los Capuchinos (siglo XVI). Más de 8 000 momias con jirones de piel, cabellos y hasta bigotes en el caso de los hombres cuelgan de las galerías subterráneas de este sitio sorprendente y macabro que fotografiara el conocido artista cubano Jesse Fernández para el célebre libro de Dominique Fernandez en 1981.

Otro sitio de las afueras de imprescindible visita será el pueblo de Monreale, a 8 kms al suroeste de la ciudad, en lo alto de un promontorio desde donde se divisa la Concha de Oro. Allí está la célebre Catedral fundada en 1172 por el rey normando Guillermo II. Al igual que para la Capilla Palatina, la decoración de mozaicos bizantinos dorados que cubre más de 6 000 metros cuadrados de muro, es de una riqueza sin par. Un Cristo Pantocrátor  de rostro de 4 metros de altura es el icono bizantino más grande del mundo. A un lado de la iglesia visitaremos el famoso claustro y su maravillosa danza de columnillas geminadas de factura románica y capiteles medievales historiados.

En Palermo vale la pena alojarse en hoteles del centro, evitándonos así situaciones incómodas. Las mejores opciones son el Hotel Posta y el Hotel de Las Palmas, así como el Massimo Plaza. En cuanto a restaurantes la Antica Pizzeria Bellini es una excelente opción de comida barata y la Casa del Brodo ofrece un inolvidable risotto de marisco. No olvide que Sicilia es también cuna de los mejores helados del mundo y que los sabores de naranja-fresa o de cassata siciliana pueden servirse dentro de una brioche (como en un bocadillo) en las heladerías Oriol e Ilardo, entre las de mayor afluencia.

Para visitar Palermo se requiere despojarnos de prejuicios. La ciudad es secreta y no suele ofrecerse al quienes practicas el turismo fácil. Una vez que se le conquista se queda uno, para siempre, prendado de ella. Es muy probable entonces que quiera regresar muchas veces y devorarla, más que recorrerla, palmo a palmo.

Una boda en S. Francesco, Palermo.

Una boda en S. Francesco, Palermo.

Puro Palermo

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