América Latina en la Fundación Cartier de París / El Nuevo Herald

La Fundacion Cartier

La Fundacion Cartier de Paris. Expo: América Latina

Hoy escribo en el Herald sobre la expo de fotografia de creadores latinoamericanos en la Fundación Cartier de París.

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La América Latina en la Fundación Cartier de París

© William Navarrete / El Nuevo Herald / 2 de febrero de 2004

Hace apenas unos días el escritor y premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa expresó en la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra que la urgencia para América Latina era “desterrar de una vez por todas la violencia”. Peruano y profundo conocedor del continente en que nació Vargas Llosa sabe que la violencia a todos los niveles es una de las causas del panorama desolador latinoamericano.

Desde otra óptica, anque con intenciones en la que no se excluye este tipo de denuncia, la exposición América Latina 1960-2013 que exhibe la Fundación Cartier de París en asociación con el Museo Amparo de Puebla (México), revela lo que en materia de fotografía han captado algunos artistas latinoamericanos durante las últimas cinco décadas.

El punto de partida del variado muestrario es la revolución cubana de 1959 y se extiende hasta nuestros días. No significa esto que se documente toda la convulsa historia de revoluciones, golpes militares, dictaduras de izquierda y de derecha o guerrillas que han estremecido el continente. Lo que la retrospectiva ha privilegiado es la conexión entre dimensión física y expresión independiente de los fotógrafos: en qué medida la creación se focaliza en un acontecimiento histórico determinado o da cabida, simplemente, a otros cuestionamientos circunstanciales que nada tienen que ver con hechos históricos cruciales. La muestra es, en estas circunstancias, un auténtico homenaje a la vida y a la fuerza que se desprende de ella.

Muchos son los países latinoamericanos representados, aunque han quedado excluidos por razones que ignoro todos los del istmo de América Central (desde Guatemala hasta Panamá), así como Ecuador, República Dominicana, Haití y Puerto Rico.

México – quizá por la filiación con el Amparo de Puebla – y Argentina son los más representados. Los mexicanos presentes traducen la impronta de la violencia en su cotidianeidad. Uno de ellos es Miguel Calderón cuya obra San Título (Anillos) expresa muy bien en qué medida la violencia puede ser un acto común y corriente que invade el territorio de la estética y llega a convertirse en motivo decorativo desprovisto de su sentido desgarrador. Pablo Ortiz Monasterio, otro artista del país azteca, logra el mismo efecto al superponer dos planos en Volando bajo dos planos: detrás, un muro con graffitis de revólveres encañonando a los transeúntes; sobre la acera, en primer plano, un adolescente que salta alegre y despreocupado con las armas apuntándole. Su efecto, el de la bala perdida, la idea de que salimos de casa y no sabemos si regresaremos vivos, es una señal de alerta en la obra de Ortiz Monasterio. Como lo son también bajo pacífica apariencia las fachadas de casas enrejadas del también mexicano Pablo López Luz.

También de México viene Holbox (2012), obra de Jonathan Hernández. El tema aquí es la tierra, la necesidad de su conservación y respeto. La isleta de Holbox, en el estado de Yucatán, es un paraíso terrenal donde los automóbiles no existen, las calles son de arena y los visitantes se desplazan en carritos de golf. La foto deja entrever el peligro que se cierne sobre este edén natural, pues hay pancartas que anuncian las ventas de decenas de terrenos. El espectador imagina que no tardarán en llegar los especuladores para destruir con hoteles impersonales ese sitio preservado y convertirlo en una extensión del lamentable Cancún.

Ese mismo apego a lo telúrico lo apreciamos en República de Venezuela – Mapa ecológico (1975) del italovenelozano Claudio Perna, fallecido en Holguín (Cuba) en 1997, considerado el fotógrafo conceptual por excelencia en su país. Así como la de la suizobrasilera Claudia Andújar implicada en la defensa de los indios Yanomami de la Amazonía cuyo hábitat amenazan las compañías mineras y la agricultura extensiva en detrimento de sus bosques.

Otro de los ejes temáticos es la expresión urbana. El hombre es tragado por el crecimiento desproporcionado de las ciudades o la invasión humana desmedida. En medio del caos, algunos adoptan una actitud contemplativa, meramente descriptiva. Es el caso de la boliviana Claudia Joskowicz en su entrega Every Building on Avenida Alfonso Ugarte (2011) un vídeo de esta arteria de El Alto, escenario de los conflictos entre indígenas y sindicatos por una parte y el gobierno boliviano por otro, a raíz de los yacimientos de gas descubiertos en el departamento de Tarija.

La chilena Leonora Vicuña, el argentino Facundo de Zuviaría, los cubanos José A. Figuereoa y Carlos Garaicoa, el peruano Bill Caro y la colombiana Rosario López con su serie Esquinas gordas, son también exponentes de quienes ofrecen diversos ángulos de Santiago de Chile, Bogotá, La Habana, Lima y Buenos Aires.

Consecuencia lógica de la diversidad de sustratos genéticos del continente, el tema de la identidad  sigue siendo una de las obsesiones temáticas su arte. La muestra de la Fundación Cartier da fe de ello mediante la obra irónica del argentino Marcos López, quien con su serie Pop latino fija o construye espacios en que hombres y objetos de consumo masivo se funden en una misma imagen para ofrecer esa imagen cara a Andy Wahrol: la de la “cosificación” del mundo. La mexicana Teresa Margolles, en cambio, considera que la manera de morir traduce la forma de vida que hemos vivido. Se detiene en un aspecto poco conocido de Guadalajara: su alto índice de suicidios. Margolles ha extraído de cartas de despedidas de quienes se suicidan frases que coloca en las marquesinas de cines abandonados de la ciudad. Tal vez sea una manera de recordar que no es necesario penetrar en el universo anunciado por el cintillo de un cine para descubrir un fenómeno que, por lo poco que se evoca en una sociedad ultracatólica como la de esa ciudad, puede parecernos improbable.

De la muestra forma parte también el documental de 140 minutos Revuelta(s) del artista paraguayo Fredi Casco y la directora Renata Costa, un encargo de la Fundación Cartier con vistas a esta exposición. Los autores han recorrido Argentina, Uruguay, Brasil, Perú, Venezuela, Colombia, México y Cuba entrevistando a muchos de los fotógrafos de la muestra.

Se complementa la retrospectiva con encuentros, presentaciones y proyecciones que incluyen homenajes a los escritores Roberto Bolaño y Nicanor Parra, un performance de la brasilera Rosangela Rennó y proyecciones en presencia de los directores Miguel Río Blanco y Alejandro Jodorowsky. En marzo, se anuncia un vídeo-concierto del mexicano Lázaro Valiente y una presentación del paraguayo Fredi Casco.

La exposición América Latina permanecerá en la vitrina parisina de esta fundación hasta el 6 de abril y luego estará en el Amparo de Puebla entre mayo y septiembre de 2014. Con la América Latina, vista desde Europa, sucede lo mismo que con los eternos misterios de civilizaciones perdidas: nunca será suficientemente mostrada porque raras veces es entendida. En ello, radica buena parte de la pertinencia de esta muestra que trae a París un universo que para el europeo permanece permeado de singularidad, incomprensión, fascinación y leyendas.

Dos obras del cubano José A. Figueroa en la Fundación Cartier de París.

Dos obras del cubano José A. Figueroa en la Fundación Cartier de París.

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