Auténtica y vibrante Génova, eterna rival de Venecia

© Fotos William Navarrete

Génova … la eterna rival de Venecia. Dos ciudades de las que muchos dirán, con razón, que no se pueden comparar pero que se compararon siempre (al menos entre ellas y durante siglos) en aras de la hegemonía comercial en el Mediterráneo y del poderío marítimo.

Génova no tiene las cacterísticas excepcionales de Venecia, la omnipresencia del agua que hace de esta última una ciudad-archipiélago o un relicario de islotes que el agua enaltece y socava. Posee, sin embargo, algo que Venecia con su turismo de masas y su teatralidad operática ha perdido: la auténtica vida de barrio, lugares en donde sus habitantes son los de siempre, y compran de generación en generación en las mismas triperías, carnicerías, bazares y hornos de pan locales de toda la vida. Por diez euros te pelas en un barbero estilo Liberty (ver fotos abajo) fundado en 1926, por unos doce comes, como en la mesa de la abuela, en la Trattoria da Maria en donde el ternero con berenjenas y los platos al pesto rinden honor a una cocina auténtica, familiar, casera y serás el único que no hablas con acento genovés.

Quien crea que puede adueñarse del alma de Génova o entender la ciudad en una visita corta de día y medio puede ir renunciando a este propósito. La ciudad de los Doria debe recorrerse con calma, pasar por las mismas calles de su ciudadela medieval a diferentes horas, perderse en el laberinto de sus callejas estrechas (en ocasiones fastuosas, en otras siniestras) sin mapa, sin objetivo, sin prisa ni ideas preconcebidas. A esto súmase la amabilidad y la clase de su gente. Como corresponde a quien no se siente agobiado por el turismo excesivo (los venecianos, por ejemplo), el genovés está ávido de contar, de sugerir, de informar. Sin preguntarles se te acercan, te cuentan y hasta te acompañan. ¡Cuántas veces elegantes señoras que parecían salidas de una película de Visconti nos llevaron hasta la puerta de un comercio o de una iglesia! Algo que juro nunca me pasó en Roma y menos en Venecia, en ninguna de mis múltiples visitas y estancias en ambas ciudades.

Perdiéndote en la Génova que te cuento te enamorarás de ella. Y si esto no corresponde a tu estilo ni a tu sensibilidad la odiarás seguramente para siempre. Entonces contribuirás sin saberlo (ni pretenderlo) a que siga siendo para quienes la apreciamos, de todas, la más auténtica.

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