Hoy en El Nuevo Herald / Extremadura, tierra de conquistadores

Hoy escribo en el Herald sobre Extremadura y un viaje de hace dos años a esa hermosa tierra:

Extremadura, tierra de conquistadores

Fotos tomadas por mi durante ese viaje.

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Extremadura: tierra de conquistadores

William Navarrete / El Nuevo Herald / 12 de enero de 2014

Su nombre recuerda lo que en otros tiempos fue: los confines de un reino que no había definido del todo sus fronteras. Extremadura, entre Castilla, Andalucía y Portugal es, a pesar de lo mucho que se evoca su nombre, una región poco conocida de la península ibérica.

Tierra de célebres conquistadores, la región posee tres sitios declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO: dos ciudades (Cáceres y Mérida) y un monasterio (el de la Guadalupe). Por otra parte, el Monasterio de Yuste, donde pasó los últimos años de su vida el emperador Carlos V, es también Patrimonio Europeo desde el 2007.

Viajando desde Madrid es aconsejable visitar primero el Real Monasterio de la Guadalupe y la ciudad medieval de Trujillo. El primero comenzó a construirse por orden de Alfonso XI, en 1340. Estuvo ocupado por monjes de la orden Jerónima desde esa fecha y hasta la desamortización de 1835. Atesora la imagen de Santa María de la Guadalupe que ostenta el título de “Reina de las Españas” y es la patrona de Extremadura. La iglesia data del 1403 cuando fue reconstruido el edificio mudéjar (del que se conservan los ábsides) que la precedía. Su retablo mayor es una obra de gran importancia y el Sagrario de cedro sirvió de escritorio a Felipe II. Sobresale el claustro mudéjar (1389), en cuyo centro se encuentra un templete, único de su tipo en España, de barro cocido y azulejos. Es obra de Fray Juan de Sevilla. Existe también un claustro llamado “gótico”, en la sección dedicada a hospedería.

Deben recorrerse las numerosas capillas para admirar lienzos y esculturas del Renacimiento y Barroco peninsular. La capilla San José, de planta octogonal y sobreabundacia decorativa propia del barroco español es probablemente la más imponente. En el llamado Camarín de la Virgen (obra de 1696) se hallan los lienzos de Luca Giordano y los frescos de Uceda y la llamada iglesia de la Trinidad fue construida en 1736 siguiendo las pautas de la arquitectura religiosa en las Américas. La realizó el duque de Veragua quien descendía de Cristóbal Colón. Por último, visitaremos la Sacristía del siglo XVII, una de las joyas arquitectónicas del conjunto.

No lejos de la Guadalupe se halla la ciudad de Trujillo. Apacible y de indescriptible belleza es cuna de célebres conquistadores como los Pizarro del Perú. De hecho, en el centro de la localidad se encuentra la Plaza Mayor, de estilo renacentista, en la que vemos la escultura ecuestre de Francisco Pizarro. La iglesia San Martín, a un lado, data de la primera mitad del siglo XVI, aunque su campanario y algunas partes son anteriores. En el extremo opuesto, el palacete de los Pizarro, noble y majestuoso edificio de piedra de cantería, data del 1560. Muy conocido es su aparatoso balcón angular con escudo decorativo que relata en detalle la epopeya de los hermanos Pizarro durante la conquista del Perú.

Abundan en la parte alta de Trujillo los palacios renacentistas de nobles y conquistadores. El de los Orellana Pizarro, de los Chaves Cárdenas, de Barrantes-Ceravantes, de los Escobar, entre otros. También en la parte alta, separada de la baja por puertas de la antigua muralla, se halla la iglesia Santa María la Mayor (siglo XIII) con su formidable retablo mayor, obra del maestro Fernando Gallego. Es un placer perderse en las callejas de la parte más antigua y descubrir conventos, parroquias, aljibes de la época musulmana, casas señoriales, hasta llegar al Castillo (Alcazaba), una construcción andalusí del periodo omeya, erigido en el cerro llamado Cabeza de Zorro entre los siglos IX y X. Desde allí la vista de pueblos, campos y dehesas es admirable.

A partir de Trujillo puede visitarse (en auto) la región conocida como la Siberia extremeña que se extiende hasta las fronteras con Castilla La Mancha y Andalucía y cubre una zona de escasa densidad de población dedicada esencialmente a la ganadería extensiva y recursos hidráulicos. Los embalses de La Serena y el de Orellana ocupan el centro de un área geográfica cuyas poblaciones principales son Zalamea de la Serena, Castuera y Cabeza del Buey. De Castuera es originario el conquistador de Chile Pedro de Valdivia y desde el punto de vista de la gastronomía son muy apreciados los turrones de almendras fabricados allí desde la época musulmana.

En cuanto a Cabeza del Buey, es la patria chica del conquistador García de Holguín, responsable de la captura en 1521 de Cuauhtémoc (el último de los emperadores aztecas) y fundador del hato que daría origen a la ciudad cubana de Holguín. El calendario de fiestas populares de esta localidad es impresionante. Se celebran allí la cabalgata de Reyes, el día de la Candelaria, los carnavales, la Semana Santa, las Cruces de Mayo, las fiestas de San Roque y San Miguel, etc. No lejos de allí, el castillo de Puebla de Alcocer es un nido de águila construido en el medioevo (siglo XIII) cuyas torres dominan toda la planicie de La Serena.

Nos dirigimos luego a Zafra, ciudad fronteriza con Andalucía que ofrece un centro histórico de gran interés dominado por el Castillo (alcázar-palacio del siglo XV) de los Duques de Feria, hoy convertido en un prestigioso Parador de Turismo. El nombre de la villa proviene del término arabe “safar” que significaba “mercado” y denota su importancia en épocas de la ocupación musulmana. Hay dos plazas muy pintorescas (la Grande y la Chica) rodeadas de soportales, además de numerosas iglesias y conventos como el Convento de Santa Clara rehabilitado en parte para museo. La casa Aljimez y el palacete de los Escobar son otros sitios de interés.

Zafra posee gastronomía propia. Abunda la repostería artesanal fabricada por las monjas de Santa Clara pero también los establecimientos como la dulcería La Marquesita que produce los mejores tocinos del cielo de la localidad, así como el célebre dulce que da nombre al local. Otro sitio típico de Zafra es El Taxi, vetusta bodega convertida hoy en un sitio pintoresco para beber y comer en medio de sus antiguas cubas.

Corresponde ahora viajar a Mérida y a Cáceres, las dos joyas de Extremadura. A la primera se viene fundamentalmente por su rico pasado romano. El conjunto arqueológico de Agusta Emérita, fundado por Augusto en el año 25 adc. a orillas del Guadiana, convirtió a Mérida en la capital de la provincia de Lusitania. El área principal está compuesta por el teatro romano (actual sede de un importante festival) y el anfiteatro. Dispersos en el resto de la ciudad se hallan el templo de Diana, el arco de Trajano, la casa del Mitreo, el acueducto y el puente romano (con 60 arcos de medio punto y robustos pilares con tajamares redondeados). El centro de Mérida se define alrededor de la Plaza de España. Sus fachadas son el espléndido Palacio de los Mendoza (actualmente el mejor hotel de la ciudad), la Casa de los Pacheco, el Ayuntamiento y la Concatedral de Santa María.

Patrimonio de la Humanidad es el casco histórico de Cáceres, probablemente una de las mayores concentraciones en el mundo de palacios renacentistas en un espacio limitado. Por esa razón es el tercer conjunto monumental de Europa después del de Praga y el de Tallín. Entre sus muy nobles palacios veremos el los de los Golfines de Abajo y los de Arriba, el de los Ovando, Aldana, Carvajal, el de las Veletas (sede del museo de su nombre), el de los Condes de Adanero, de los Duques de Abrantes, Episcopal, el de Francisco Godoy, el de la Isla y La Generala, entre otros. Notamos las torres defensivas de la ciudad y las pocas que sobreviven coronando los techos de los palacios pues Isabel la Católica dio orden de derrumbarlas en castigo a los propietarios que defendieron la causa de Juana la Beltraneja.

El patrimonio religioso es también muy significativo. Citemos la Concatedral de Santa María (en la plaza del mismo nombre) y la iglesia de Santiago (fuera del recinto amurallado) cuyo retablo mayor de 1557 es obra del maestro Alonso Berruguete.

Al norte de Cáceres, Plasencia es la última ciudad de nuestro itinerario. Entre sus monumentos mayores se halla el conjunto catedralicio (Catedral Vieja y Nueva). La primera (de misterioso claustro y poderosas columnas en lo que queda de la nave principal) data del XIV; la segunda, del siglo XVI. Otros edificios que visitaremos son el Palacio de los Marqueses de Mirabel, la Casa de las Infantas, el Convento de Santo Domingo (excelente hotel de la cadena de Paradores de Turismo) y el Convento de San Vicente (siglo XV).

La gastronomía extremeña es básicamente campestre. Abundan las dehesas (haciendas de gran belleza) donde el pastoreo es fuente de riqueza, así como la crianza de cerdo alimentado con bellota que da a los derivados del animal una calidad excepcional. Las sopas de ajos tiernos, las migas extremeñas, las calderetas de cordero, la sopa de tomate de la Guadalupe y los quesos como la llamada torta del Casar forman parte de ese patrimonio culinario y pueden ser degustados en muchos de los restaurantes y mesones.

Extremadura es también zona de rudos inviernos y muy cálidos veranos. Por ello, se recomienda la primavera como estación ideal para recorrerla. Sus viejas piedras, sus campos a veces misteriosos y silenciosos, casi despoblados, austeros y contrastantes, así como la extrema amabilidad y hospitalidad de su gente harán de este viaje una etapa inolvidable en la vida de cualquier viajero.

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