Narbona la romana – El Nuevo Herald

Narbonne, la romane

Escribo sobre Narbona, una de las ciudades más antiguas de Francia, en donde estuve invitado en septiembre pasado durante el Festival Liberté:

Narbona la romana / El Nuevo Herald

Narbona la romana

William Navarrete / El Nuevo Herald / 15 de diciembre de 2013

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Narbona es una de las ciudades más antiguas de Francia. Se encuentra en la región de Languedoc-Rousillón, fronteriza con España. Fue fundada por los romanos en el año 118 adC. y se hallaba sobre la famosa Vía Domitia, la primera de las rutas fundadas por Roma en Galia.

La ciudad cobrará poco a poco importancia pues dicha Vía servía para comunicar la península itálica con la ibérica. Un fragmento de dicho camino es visible en la plaza del Hotel de Ville (del Ayuntamiento), centro neurálgico de la ciudad.

En el año 45 adC el emperador Julio César ubica a los veteranos de la Legión X en Narbona, y tres décadas después Octavio Augusto visita la ciudad y hace de ella la capital de la provincia romana de la Galia Narbonense. Ya en ese periodo el puerto situado a proximidad de la ciudad era el segundo puerto romano en importancia después del de Ostia.

El fin del Imperio Romano significará también la decadencia de Narbona que, a partir del año 462 dC formará parte del reino visigodo de Tolosa y a partir del siglo VIII dC caerá en manos de los sarracenos durante casi un siglo. Pero de todas las ocupaciones fue la romana la que marcó definitivamente la vocación internacional de la villa y la que hizo de ella un centro de interés histórico y artístico de primer orden.

Nuestra visita comenzará por el Horreum, galerías subterráneas del siglo 1 adC. Únicas en Europa, son pasadizos y piezas bajo tierra que formaban parte de un almacén ya desaparecido en donde se conservaban granos, aceites y otros productos.

Del otro lado del canal, muy cerca del pintoresco Mercado Central, se encuentra la iglesia Nuestra Señora de Lamourguier, edificio construido en estilo gótico catalán y priorazgo benedictino que sirve hoy de sede al Museo Lapidario. Dicha institución es la segunda más importante del mundo en materia de lápidas romanas después de su homóloga de Roma.

La colección lapidaria posee unas 2000 piezas con más de 700 inscripciones o fragmentos de éstas escritos en latín. Casi todas datas el siglo I dC y son partes de monumentos funerarios romanos desmantelados en la Antigüedad con la finalidad ser utilizardos en la construcción de las murallas. En el momento de desmantelar los muros protectores muchos pasaron a formar parte de otras fortificaciones concebidas bajo el reino de Francisco I. Ya en el siglo XVIII un arzobispo narbonense Le Goux quiso reunir las lápidas más significativas en lo que fue la primera colección de su tipo en Francia.

En el Museo Lapidario encontraremos lápidas de recintos funerarios, fragmentos de mausoleos, mojones militares, sarcófagos paleocristianos, pedazos de puertas y linteles de piedra, frisos de monumentos y tapas de sarcófagos. Muchas de las inscripciones presentan muchas veces el apellido del difunto y resulta curiosa la de un peluquero llamado Tonsor y de su hermano mellizo, también de idéntico oficio, llamado Urbanus. En las cenefas de otros linteles funerarios pueden apreciarse escenas con gladiadores, ceremonias rituales o religiosas, animales y motivos vegetales.

El centro de Narbona está ocupado por el Palacio Arzobispal, segundo conjunto de este tipo en Francia después del Palacio de los Papas en Aviñón. La parte antigua es románica y la más reciente es de estilo gótico. Su imponente fachada posee dos macizos torreones de los siglos XIII y XIV que pueden escalarse para disfrutar desde la altura del mejor panorama de la ciudad y sus alredores. Hoy día, el Palacio es la sede de la Alcaldía y también del museo de Arte e Historia, así como del Arqueológico.

A un lado del Palacio se halla la muy curiosa Catedral de San Justo y San Pastor, cuya primera piedra fue colocada en el año 1272 y enviada desde Roma por el papa Clemente IV quien había sido arzobispo de la ciudad. Setenta años después su construcción fue interrumpida y ha quedado inconclusa hasta el día de hoy. Aún así la parte construida la sitúa como la cuarta iglesia de mayor altura en Francia y su coro de 41 metros de altura, es el más empinado de todos los coros góticos el país. Muy interesante es el claustro adyacente cuyos orígenes se remontan al 1349, construido en el sitio en que se hallaba la Catedral carolingia. Sus cuatro galerías están coronadas por gárgulas y pináculos flamígeros.

La ciudad está atravesada por el Canal de la Robine de 1686 puesto en servicio por Vauban y declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO. Este curso fluvial pasa bajo el famoso Puente de los Mercaderes, uno de los escasos ejemplos de puentes habitados en Francia y una de las imágenes típicas de la ciudad.

A ambos lados del canal y de sendas alamedas de plátanos como las que vemos en todas las regiones occitana y provenzal, se encuentran los mejores restaurantes y bares de la ciudad. En cuanto a los hoteles, el llamado Hotel de France es una antigua casona con el encanto de las viejas mansiones de finales del siglo XIX y posee la ventaja de estar situado en el corazón de la ciudad.

A lo largo del año Narbona acoge un sinnúmero de festivales culturales. Los más conocidos son Horizon Méditerranée (para la difusión de las culturas mediterráneas), el Festival Trenet (en homenaje al cantante y compositor narbonés Charles Trenet y dedicado al jazz y otros géneros musicales), así como el Festival Libertad (especializado en determinado país y cuyas dos últimas ediciones fueron dedicadas a la India y a Cuba, respectivamente). De hecho, quienes se interesen en la vida y obra de Trenet podrán también visitar la casa natal de este célebre cantautor, convertida hoy en museo.

Quienes decidan recorrer los alrededores podrán visitar la fabulosa abadía cisterciense de Fontfroide (siglo XII), así como la ruta de los viñedos que incluye varias bodegas regionales de renombre como Château de Jonquières, el Grand Beaupré y el Château Capitoul.

Una estancia en una de las ciudades más meridionales de Francia no dejará indiferente a los visitantes. El clima mediterráneo permite visitarla lo mismo en verano que en invierno. La proximidad a Perpiñan, Barcelona y Carcasonne la sitúan en la encrucijada de caminos que le dieron desde épocas romanas prestigio y renombre.

La plaza del Ayuntamiento desde un torreon del Palacio Arzobispal

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