Hanton y las fronteras de su tiempo / El Nuevo Herald

Hanton, Autorretrato, 1947.

Hanton, Autorretrato, 1947.

Escribo sobre uno de los primeros pintores abstractos españoles: Hanton (sin acento y tal como firma. Era hora de que escribiera algo sobre Hanton y sobre el afable amigo Antón González, y de compartir con quienes no le conocen algo de lo mucho conversado las tantas veces en que nos hemos reunido en su casa en París, ciudad donde ha vivido las últimas cinco décadas de su vida al lado de la escritora Nivaria Tejera, su esposa. Aquí dejo mi artículo publicado hoy en El Nuevo Herald.

Hanton

Hanton y las fronteras de su tiempo

William Navarrete / El Nuevo Herald, 9 de diciembre de 2013

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Vive en París hace cinco décadas. Nació en la convulsa España que precedió a la guerra civil. Fue abanderado de la libertad de creación en un ambiente recoleto de provincias. También uno de los primeros pintores abstractos españoles. Cuba apareció en su vida como una visión fugaz en que ilusión y descalabro se fundieron. Se mantiene fiel a sus principios estéticos, y sobre todo, a los éticos: nunca ha traicionado sus profundas convicciones artísticas.

Hanton se llamaba Antón González cuando salió en 1937, con 8 años, de Bilbao hacia Inglaterra. Mucho de premonitorio tuvo aquel viaje en que evacuaban a 4 000 niños tras el bombardeo de Guernica y la inminencia de un conflicto que incendiaba a la península. La primera premonición era el nombre del barco: Habana (una ciudad que marcará su vida). La segunda, quien estaba detrás de aquel gesto: Oskar Kokoschka, el pintor expresionista austríaco, ya reconocido en un ámbito del que Antón ignoraba todo.

Su repatriación coincidirá con la mudanza de la familia a Zaragoza en 1938. En la capital aragonesa da sus primeros pasos en el arte. Entra en la Escuela de Artes y Oficios (1943-1947). Participa luego activamente en el famoso Estudio Goya, academia libre de pintura, sin profesores: los participantes aprenden unos de otros, intercambian experiencias y conocimientos. A pesar del estricto franquismo, de la prohibición de pintar desnudos, en el Goya la libertad es absoluta.

Fueron los años del primer Salón abstracto, en realidad llamado Primer Salón aragonés de Pintura Moderna (1949). “La gente no entendía del todo lo que veía, pero algo había en nuestra pintura que les atraía: no la rehuían”, afirma.

Indago qué le inspira desde joven la abstracción. “A los catorce años fui a Madrid, visité El Prado y el Museo de Arte Moderno (que ya no existe). Quedé admirado por lo que vi. De regreso a Zaragoza me pregunté por qué los modernos no tenían igual fuerza que los clásicos. Me dije que algo nuevo estaba por inventarse”.

En 1951 está ya en Barcelona y es el único abstracto en la exposición del Instituto Francés. Poco después, en 1955, llega a París. Su amigo Fermín Aguayo, destacado artista aragonés, lo recibe e introduce en determinados círculos parisinos. Ambos admiraban la pintura abstracta de De Staël y observaban cómo su obra evoluciona a partir de 1952 hacia una nueva figuración: a medio camino entre ambas tendencias.

París significa también encuentros importantes, algunos en las tertulias del café Raspail Vert (Montparnasse). Conoce al escultor cubano Cárdenas, a César, a Kline (inventor del monocrosmo). También a la escritora cubana Nivaria Tejera (su futura esposa). Gracias a ésta entra en contacto con el círculo de escritores que buscaban nuevos aires para las letras: Geneviève Serreau, Maurice Nadeau, Nathalie Sarraute, etc. Galeristas como Pierre Loeb, Jeanne Boucher y Lucien Durand adquieren cuadros de Antón. Este último compró 30 a la vez. El crítico Alain Jouffroy le presenta al pintor surrealista Browner quien le hace entender el Surrealismo.

Del otro lado del Atlántico, la revolución cubana triunfa. El nuevo gobierno invita a los intelectuales de la isla dispersos por el mundo a incorporarse al proyecto. Antón acompaña a Nivaria en ese viaje de regreso. En 1961, al llegar a la capital cubana, comienza a trabajar en el Consejo de Cultura. El diseño gráfico era una novedad en Cuba y conocida es la calidad estética del cartel de ese periodo. De ese proceso fue testigo Antón y a ese proceso se incorporó junto a Umberto Peña, Pedro de Oraá y otros destacados artistas locales. Participa incluso en una exposición organizada por Alejo Carpentier en la galería Habana.

Me intereso por su impresión de los años de euforia revolucionaria. “Desde el principio no me encontré a gusto”, revela. “Sentí que aquello era una prolongación del fascismo español, lo veía en los niños uniformados, cuando recitaban consignas como bajo el falangismo”. El paréntesis habanero será breve. A Nivaria Tejera le proponen la representación cultural en Roma y en París. Un año después (1962), ambos están ya instalados en la capital italiana.

Roma le permite estrechar vínculos con artistas y escritores como Georges Pirandello, Luigi Nono, Carlo Levi, Gutusso, Vespignani, De Chirico. Fue en Italia donde vio por primera vez cuadros de Kokoschka, su salvador de 20 años atrás. Evoca su encuentro con De Chirico: “Lo conocí en una recepción en la embajada rusa en Roma. Le dije que era pintor y que me parecía que estaba repitiendo demasiado sus autorretratos, entonces me invitó a visitar su estudio y ver in situ lo que estaba pintando”.

La renuncia de Nivaria como agregada cultural y la ruptura con la revolución los sitúa otra vez en París, en donde se establecerán definitivamente. Habrá una primera exposición individual en Zaragoza en 1967. También en Denia, a partir de 1970. Es en ese momento en que Antón se convierte en Hanton. Imposible detallar la actividad febril de esos años: Huesca, Madrid, Álava, La Coruña, Mallorca, varias veces Zaragoza (hasta su última exposición individual allí, en 1982).

Sobreviene un largo periodo de recogimiento en París, de interiorización de la pintura. Coincide con el momento en que deviene consejero del departamento de Conservación de Monumentos Históricos de Picardía. Sus lienzos siguen exponiéndose en muestras colectivas, la galería Artium le compra siete cuadros (2002). Cuando el Museo Camón Aznar de Zaragoza realiza en 2010 la primera gran retrospectiva de Hanton, hace exactamente 22 años que por voluntad propia no expone de manera individual.

Lo ingrato de presentar a un artista en esta sección es no poder extendernos en juicios estéticos que nos inspira. La fidelidad hacia un ideal es a mi juicio el elemento que aparece como constante en la creación de Hanton. Los volúmenes se funden en un todo de caleidoscopio. A veces una figura levita. Para ello toma forma de títere, como si estuviese a merced de algo que no podemos ver, tan profundo como la interioridad de cada ser.

Hubo también transición en Hanton hacia esa nueva figuración, hacia esa frontera de contornos moldeables que existe entre lo abstracto y lo figurativo. Como todo lo que se sitúa en las márgenes de algo, sus figuras flotan. Estamos en una tierra de nadie, ese célebre no man’s land de los anglófonos, en donde lo que perdurará es la libertad total. Flotar, levitar, volar, liberar, trascender. Verbos que esclarecerán el sentido de la obra de este gran pintor.

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