Umbría: tierra secreta / El Nuevo Herald

Mi reportaje en El Nuevo Herald del domingo sobre Umbría, desconocida y sublime región del centro de Italia en la que he vuelto a estar recientemente.

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Umbría: tierra secreta

© William Navarrete / El Nuevo Herald / 27 de octubre de 2013

Umbría, pequeña región al noreste de Roma y camino de Toscana, es de las menos conocidas y visitadas de Italia. Los turistas apenas se toman el tiempo de descubrir la que hace más de 20 siglos fuera el epicentro de la civilización etrusca antes del apogeo y esplendor de la Roma antigua. La región, sin embargo, es de las más interesantes y auténticas de toda la península.

Citta di Castello será el punto de partida ideal para descubrir Umbría. La ciudad se encuentra en los confines de la región, próxima a los límites con Toscana. Bañada por el río Tíber que aquí, contrario a Roma, posee un caudal importante, estuvo bajo dominación etrusca hasta que los romanos la ocuparon. Entre los monumentos que la ennoblecen podemos citar la Pinacoteca, instalada en el Palacio Vitelli, con obras de Rafael, Luca Signorelli, Ghirlandaio, Ghiberti, el Pomarancio, entre otros grandes nombres del Renacimiento. También podemos visitar el Duomo, el campanario redondo (único vestigio de la antigua Catedral bizantina), el Palacio Comunal (sede del Ayuntamiento actual) y la iglesia San Francisco.

La ciudad es apacible y revela la auténtica naturaleza del alma umbra. La gastronomía es uno de los aspectos más significativos y nadie debe dejar de probar los vegetales rellenos de carne, la porchetta (cerdo vaciado y rellenado con especias) y las pastas con setas de bosque (el célebre fonghi porcini). Mucho de esta gastronomía llegó luego a Niza y a Argentina por haber emigrado prácticamente la mitad de la población hacia estos lugares a principios del siglo XX. Muy cerca de la plaza, en la via Borgo di Sotto, L’Osteria, es uno de los restaurantes de comida casera que ofrece mejores opciones en cuanto a calidad y precios.

No muy lejos de Citta di Castello se halla el burgo medieval de Montone, cuna de célebres condotieros, aquellos temibles mercenarios a la paga de nobles, convertidos luego en caballeros. En lo alto se encuentra la iglesia San Francisco, construida en el siglo XIV en estilo gótico y, en el centro, una plaza encantadora en donde discurre la vida pueblerina en torno a la única heladería del pueblo.

En la trastierra de Montone, el pueblo medieval de Gubbio es también una de las joyas de la región. Sus orígenes son prerromanos pero lo esencial de sus monumentos datan del Medioevo. Vale la pena destacar el Palacio de los Cónsules (siglo XIV) y el Palacio Ducal (siglo XV). Conocido por sus fiestas y ferias de carácter tradicional, muchos visitan Gubbio durante la llamada “Festa dei Ceri” (carrera espectacular que se desarrolla cada 15 de mayo) y el “Palio della Balestra”, torneo también de origen medieval que ocurre el último domingo de ese mismo mes.

Camino de Perugia vale la pena visitar la Abadía de Monte Corona, muy poco conocida, a pesar de la magia del lugar y de poseer un impresionante campanario octogonal que parece un poderoso faro, una cripta del siglo XI y un baldaquino del siglo VIII en el coro de la iglesia. Una cooperativa familiar anexa a la abadía vende productos que cultivan los propietarios de la tierra aledaña.

Antes de llegar a Perugia, la capital umbra, vale la pena visitar una de las mayores necrópolis etruscas hasta ahora descubiertas. Se trata del Hipogeo de los Volumni, del siglo III adC, hallado a principios del siglo XIX. Esta tumba, profunda y amplia, formaba parte de la gran necrópolis del Palazzone. Casi todos los sarcófagos etruscos que se encontraron en las diferentes tumbas fueron colocados arbitrariamente en en panteón de los Volumni. Los arqueólogos se debaten desde entonces por clasificarlos y ordenarlos según la tumba de la que proceden. Impresiona la cantidad de sarcófagos colocados unos sobre otros en forma de gradas. Un pequeño museo, al final de la zona arqueológica, permite completar el conocimiento de esta misteriosa cultura.

Perugia se encuentra en lo alto de un empinado promontorio. De más está decir que es prácticamente imposible entrar a la ciudad en auto. Lo mejor (y prácticamente la única solución) es dejarlo en uno de los estacionamientos al pie de la ciudad. Posee ésta la Pinacoteca Regional más importante de la región, llamada Galería Nacional e instalada en uno de los pisos del imponente Palacio Comunal. Allí podemos admirar una docena de cuadros del Perugino (el pintor del Renacimiento umbro más importante) y también del Pinturicchio. Por supuesto, otros artistas del periodo se encuentran representados. Es el caso de Piero della Francesca, Fra Angelico y Gozzoli, entre otros.

En la capital umbra visitaremos también el Duomo San Lorenzo (siglo XV), veremos la bellísima Fuente Mayor (importante pieza medieval que posee unos 50 bajorrelieves y 24 estatuillas) y recorreremos el Corso Matteotti (la arteria principal de Perugia en donde transcurre casi lo esencial de la vida citadina). De las muchas iglesias que posee la ciudad es la antigua abadía de San Pietro (siglo X), la más significativa. Parte del edificio es sede hoy día de la Facultad de Agronomía, y sus estudiantes se ocupan de mantener el interesante huerto medieval en los terrenos cultivables del edificio. El interior de la iglesia es una auténtica pinacoteca y se le considera una de las naves más ricas en cuanto a decoración de la región. Allí podrán verse obras del Perugini, de Guido Reni, Giorgio Vasari, Sebastiano del Pombo, entre otros importantes artistas del Renacimiento. Los claustros son también dignos de ser visitados.

A unos pocos kilómetros de Perugia se halla la conocida ciudad medieval de Asís, cuna de San Francisco y Santa Clara. No es de extrañar entonces que sea sede episcopal de Italia y uno de los lugares de pegrinación más importantes del mundo. A ello debemos añadir la existencia de la gran Basílica de San Francisco de Asís, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, que atesora una gran cantidad de frescos del Giotto y de Cimabue.

Muy afectada después del terremoto de 1997 las obras de recuperación de la Basílica fueron titanescas. Su increíble restauración ha sido un logro. En la llamada basílica inferior (siglo XIII) los frescos fueron encomendados a Cimabue, Giotto, Simone Martini y Lorenzetti. Tal cantidad de nombres imprescindibles de la pintura universal prerrenacentista constituye un privilegio para Asís. En la basílica superior podemos apreciar también los frescos del transepto y del ábside de manos de Cimabue y ayudantes, así como la muy impresionante serie de nada más y nada menos que 28 frescos gigantes sobre la vida de San Francisco, terminada a fines del siglo XIII por el Giotto. Si a ello añadimos el Museo, la capilla de las Reliquias y la cripta, el conjunto monumental de San Francisco de Asís, esto dará suficiente materia para dedicarle por lo menos un día entero al edificio.

La iglesia de Santa Clara (siglo XIII) en donde se venera el cuerpo de la santa y, en las inmediaciones, los sitios relacionados con la vida del fundador de la orden de los franciscanos (Rivotorto, Bevagna, Montefalco y Santa Maria degli Angeli) completan la visita de una de las ciudades más encantadoras de la península. De hecho, uno de los viajes más frecuentes a Umbría es el del itinerario franciscano, o sea, la visita a aquellos lugares que tuvieron relación con la vida y obra del santo.

Es un placer recorrer las colinas de olivares en Umbria deteniéndose en los burgos medievales del sur de la región: Trevi (incluido en la lista de los más hermosos pueblos de Italia), Spoleto (de impresionante catedral románica y sede de unos de los festivales de música clásica más importantes del mundo), Deruta (capital de la cerámica) o Cascia (cuna de Santa Rita). Muy cerca de Spoleto se halla la Fuente del Clitumno, un estanque paradisíaco descrito desde la Antigüedad por Plinio y por Virgilio. Allí se halla un templete del siglo IV dC que posee los frescos más antiguos de la región.

Dejo para el final de este recorrido por Umbría la ciudad medieval de Orvieto, sin lugar a dudas una de las más bellas y auténticas de todo el país. La ciudad alta es el centro de interés y por ella debe comenzarse la visita. Allí está el imponente Duomo consagrado a la Asunción de la Virgen María y construido en estilo gótico a partir del 1290 por orden del Papa Nicolás IV. Posee una de las fachadas más hermosas del mundo. Su forma es de tríptico y a base de relieves y mosaicos policromados que narran historias bíblicas que pueden leerse como si de un celuloile se tratara, mientras que la luz del sol va poniendo de realce, en dependencia de la hora del día, unas partes con respecto a otras.

En el interior del Duomo abundan las obras de arte significativas. La llamada Capilla San Brizio fue enteramente decorada con frescos de Fran Angelico y de Luca Signorelli, en el siglo XV. En el Palacio Soliano (a un lado del Duomo) se encuentra el Museo de la Obra del Duomo, así como el Museo Arqueológico Estatal. También existe una Orvieto subterránea, compuesta de pozos y galerías que se han ido abriendo camino a través de la toba, esa piedra porosa de origen volcánico, muy permeable y que permite que sea moldeada con facilidad.

Orvieto rinde culto a un tipo de vida que ha ido desapareciendo poco a poco de Europa: la de los pequeños comercios de barrio tal y como existían hace cinco décadas. No existen en la ciudad las cadenas de ropa y alimentos por franquicia y el visitante se extrañará de no encontrar supermercados ni locales de comida rápida. A pesar de la cercanía de Roma la ciudad ha sabido conservar un sabor a antaño y es corriente ver a los mayores sentados delante de las puertas de sus casas viendo la vida y los visitantes pasar. El encanto particular de esta ciudad hace que valga la pena quedarse en ella la mayor cantidad de tiempo posible.

Un viaje a Umbría debe hacerse partiendo de Roma o de Boloña. Lo ideal es alquilar un coche que permita movilidad pues no todos los pueblos y aldeas tienen transporte colectivo ni la red ferroviaria pudo desarrollarse debido a lo montañoso de la zona. El patrimonio cultural, culinario e histórico de los umbros no dejará indiferente a ninguno de los visitantes.

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