Xalapa, la flor de los jarochos / El Nuevo Herald

Hoy en El Nuevo Herald mi paseíllo por Xalapa y sus pueblos mágicos con fotos que tomé durante el tiempo que estuve en el HAY Festival.

Xalapa, la flor de los jarochos / El Nuevo Herald

1- El Pico de Orizabal visto desde Xalapa

Xalapa: la flor de los jarochos
El Nuevo Herald / 13 de octubre de 2013 / William Navarrete

Veracruz es la ciudad más populosa del Estado que, a orillas del golfo de México, lleva su nombre. Sus habitantes son llamados jorochos sin que el origen de esta apelación haya sido ventilado. Sin embargo, la capital es Xalapa y se le conoce como “La Ciudad de las Flores” desde que el barón Alejandro de Humboldt, célebre naturalista alemán de principios del siglo XIX, la visitara y la llamara de ese modo.

Xalapa se halla a poco más de una hora de la urbe porteña. La rodean cerros y a los lejos vemos la cima nevada del Pico de Orizaba. Es éste el punto culminante de todo el país y su silueta empinada nos sorprende, cuando menos lo esperamos, al doblar de una calle, desde la terraza colgante de una plaza, a través de la ventana de nuestra habitación…

La altura (1 460 metros sobre el nivel del mar), la proximidad de las altas montañas y el hecho de hallarse en la frontera entre dos climas, hacen que en Xalapa el Caribe quede cerca geográficamente pero lejos en cuanto a las condiciones atmosféricas. Lo mismo lloverá, que una densa niebla cubrirá los techos bajos, o el sol aparecerá radiante antes de que el viento baje zigzagueando picos para enfriarlo todo. En el espacio de un día se puede experimentar hasta cinco variaciones climáticas. De hecho, nunca se sabe de antemano el tiempo que hará. Tampoco hace mucha falta saberlo, pues no se viene a Xalapa a tomar sol sino a impregnarse del alma de un México auténtico y hospitalario, que hará que se desmoronen los prejuicios con que hoy se suele evocar a ese gran país.

Con casi medio millón de habitantes, la primera sorpresa que depara Xalapa es el trato extremadamente afable y cortés de su gente. Discretos, humildes y muy sociables saben dar excelente acogida a quienes se les acercan. Cuando atravieso el corazón de la ciudad – el Parque Benito Juárez -, nadie se atreve a molestarme. En los rostros brillan los ojos de quienes con discresión no me pierden de vista preguntándose tal vez de dónde vengo y por qué. Basta que exprese un breve comentario a alguien que se solaza bajo sus formidables araucarias para que surja una persona dispuesta a ofrecerme las informaciones que necesito y, sobre todo, una franca amistad.

En el Benito Juárez se enamoran las parejas de jóvenes, los músicos tocan viejos danzones jorochos con guayos y marimbas, humean las calderas repletas de tamales rancheros rellenos con cerdo, los heladeros sirven nieves (helados) de guanábana, mamey y mantecado, los hombres leen la prensa o conversan con sus compañeros sentados en los sillones de limpiabotas. En una esquina de esa plaza-parque han instalado bajo una carpa un centro gratuito de internet para que no quede nadie sin acceso a las redes virtuales.

Xalapa crece, modesta y humana, desde ese centro neurálgico que reúne además el Palacio de Gobierno, el Palacio Municipal y, a sus costados, la Catedral Metropolitana, el Agora o centro cultural público, así como la Pinacotea Diego Rivera. En esta última visito una excelente muestra de homenaje al cincuenta aniversario de Rayuela, la novela de Julio Cortázar, en el marco de la tercera edición que el HAY Festival celebra en esta ciudad. De costumbre, en su lugar, la institución acoge 36 obras del célebre muralista mexicano.

Los terremotos han sido el catalizador de la altura y de esa experiencia han sacado una dimensión humana de la arquitectura. Es esa la razón por la cual la ciudad parece un pueblo apacible que crece suavemente en las estribaciones del Cofre de Perote.

La calle Xalapeños Ilustres, una arteria que parte en diagonal desde el centro, deja a un lado el callejón del Diamante (así llamado por acoger en otros tiempos negocios relacionados con esta piedra) y unas manzanas después, el de Jesús Te Ampare, de enternecedora leyenda relacionada con el amor imposible de dos jóvenes durante la época colonial. A un lado se halla la iglesia San José y detrás el Mercado Central, auténtica orgía se sabores y olores que evocan la naturaleza del trópico siempre pródiga en frutas, especias, flores, legumbres, plantas. Al final de la calle se encuentran las librerías y la Galería de Arte Contemporáneo, dedicada a promover la obra plástica de los creadores de hoy.

Al sur del parque Juárez está el recinto principal de la Universidad Veracruzana, al final del conocido Paseo de los Lagos cuyo origen es la antigua fábrica de hilados La Fama encargada de transformar el antiguo manantial Tlalmecapan en el laguito que hoy vemos. La Casa del Lago (sede de la desaparecida hilandería) es un importante centro cultural que da cabida a las manifestaciones que durante todo el año hacen de Xalapa la sede por excelencia de innumerables manifestaciones artísticas.

Abundan los jardines, algunos tan suspendidos en el tiempo que parecen haber quedado intactos desde el tiempo en que fueron plantados. Uno de ellos, el Parque Tecajetes, posee curiosas fuentes de formas piramidales y estanques en donde nadan grandes peces. El Jardín Botánico Javier Clavijero es el paraíso de coníferas y araucarias, especies que abundan y se ven en casi todos los parques de la ciudad.

A pocos minutos del centro, el Museo de Antropología es sin lugar a dudas uno de los ejemplos en el país de museografía más coherente y mejor adaptada al medio. Acoge una impresionante colección de arte olmeca. La cultura significa 4 500 años de antigüedad, el cimiento de las culturas mesoamericanas y una imponente manifestación de creatividad y estética manifiesta en piezas de significativo valor. Es el segundo museo de su tipo más importante del país y de las 17 fascinantes y colosales cabezas olmecas encontradas, siete forman parte de la colección de más de 2 500 piezas precolombinas que atesora la institución.

A la Xalapa la circundan valles fértiles poblados de cafetales y platanales. Ríos y cascadas atraviesan las plantaciones y los caseríos. Las haciendas cafetaleras fueron las primeras que se fundaron en todo México y se extienden entre Xico y Coatepec, dos localidades conocidas como “pueblos mágicos” por la belleza de su arquitectura colonial, así como por la riqueza de sus tradiciones religiosas, gastronómicas y musicales.

En Xico, a 19 kms de Xalapa, existe un popular Museo del Vestido en que se conservan las largas prendas ricamente labradas en honor a Santa María Magdalena. Se pasan un año entero cosiendo el vestido con que ofrecerán a la santa el día de su fiesta. En el altar mayor, en pose casi libidinosa, María Magdalena aparece tendida al pie de Jesús crucificado. A lo largo del templo se ven otras imágenes vestidas con trajes de campesinas mexicanas, en poses de extremo naturalismo, algo que en otras latitudes muy bien pudiera ser catalogado de interpretación libérrima del culto original. El pueblo es la patria chica regional del mole y abundan las casas de fabricación artesanal como la de la Tía Celsa, de variadas y exquisitas mezclas.

El otro pueblo mágico es Coatepec, el mayor centro cafetalero del Estado. No hay manzana sin café o moledero y el aire está impregnado del olor inconfundible del tostado y las coladas. Crece a partir del Parque Manuel de Hidalgo y bajo sus frondosos árboles la gente disfruta del frescor mientras oye las notas de una banda de marimberos. Algunas parejas bailan pegaditos unos hermosos danzones veracruzanos que en otros tiempos venían de Cuba. Las fachadas ostentan hermosos y vivos colores. No hay complejo en mezclar rojos púrpuras con verdes chillones. Un autobús abierto, concebido para que los visitantes recorran el pueblo, anuncia que Coatepec es el orgullo de Veracruz. La Catedral se viste de enormes pasos hechos con elementos naturales. El Palacio de Gobierno es imponente. En su gran patrio central artesanos y vendedores de delicias gastronómicas han instalado sus tendales. A la salida, una casona señorial me recuerda las villas que a principios del siglo XX se erigieron en toda América gracias al auge económico debido a la Primera Guerra Mundial.

Se respira paz y prosperidad en estos valles. Se presiente el gran dinamismo cultural de Xalapa y de sus pueblos mágicos propiciado por la Secretaría de Turismo y Cultura del Estado de Veracruz (SECTUR) y la Universidad Veracruzana.

El calendario de eventos incluye los Junios musicales, el Festival de Jazz, las fiestas decembrinas, la Feria del Café, las fiestas patronales (San Jerónimo, Santa María Magdalena, etc.), las del Día de los Muertos, la del Mes de la Fotografía, Festival de Teatro Universitario, el Festival Musicarte, etc. El Teatro del Estado, inaugurado en 1962, posee una cartelera de programación sostenida y variada. Desde hace tres años la ciudad acoge el HAY Festival, uno de los eventos literarios más prestigiosos del mundo.

Antes de llegar a Xalapa sabía muy poco de ella. Ahora sé que debo regresar y recorrer sin prisa sus calles, campos, haciendas y, sobre todo, confundirme entre su gente, dejar contarme y contar. Sentarse bajo los magnolios del Juárez y que el tiempo pase sin prisa significará escribir mentalmente parte de esa historia común que todos los hombres tenemos: la de nuestros mejores recuerdos y sentimientos. ¿Qué extraño que ninguna flor lleve el nombre de esta ciudad?

Xalapa, La flor de los jarochos - El Nuevo Herald - William Navarrete

Xalapa, La flor de los jarochos – El Nuevo Herald – William Navarrete

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