Siete joyas del barroco en Sicilia / El Nuevo Herald

Un artículo hoy en El Nuevo Herald sobre mi viaje a Sicilia, recomendando la visita a las siete joyas del barroco meridional. Las fotos tomadas por mí. Para acceder directamente al periódico pulsar sobre el título del artículo.

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Siete joyas del barroco en Sicilia

William Navarrete / El Nuevo Herald, 22 de septiembre de 2013

Encrucijada de la historia, Sicilia atesora tal cantidad de monumentos que resulta imposible abarcarla en un viaje de 15 días y, menos aun, contarla en un artículo. La isla se encuentra en el corazón del Mediterráneo, entre África y Europa, y es esa situación geográfica la que la convirtió en centro donde convergieron los griegos de la Antigüedad, los romanos, los francos, vándalos, aragoneses, angevinos, musulmanes y otros tantos pueblos que dejaron si impronta en el arte, el modo de vida y las tradiciones.

Lejos de los estereotipos de Hollywood, los sicilianos no son físicamente hablando, como describen las películas de mafiosos y vendettas. Al contrario, al haber sido ocupada la isla por normandos, angevinos y otros pueblos del norte de Europa abundan allí los fenotipos propios de esas latitudes más que el de la gente más meridional. El refinamiento, la hospitalidad y la amabilidad son también rasgos que definen la personalidad de ese pueblo. Quedará más de uno sorprendido por el trato afable y la honestidad con que asumen las relaciones con sus clientes.

Entre las muchas ciudades y sitios naturales que ofrece la isla nuestro paseo se centrará en las llamadas siete joyas del barroco meridional, o sea, en siete ciudades del sureste de Sicilia que han sido declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO dado el valor monumental que las caracteriza. Son ellas: Catania, Siracusa, Noto, Modica, Ragusa, Scicli y Caltagirone.

La primera de ellas es la segunda ciudad en importancia de la isla después de Palermo, su capital. La proximidad del Etna, el mayor volcán de Europa, ha obligado a sus habitantes a adaptar sus vidas al humor del monstruo de lava y fuego. Los terremotos son también frecuentes y perdura todavía en la memoria el de 1963 que devastó buena parte de la ciudad. A pesar de estos inconvenientes naturales, Catania ha conservado su riqueza monumental.

Comenzamos por la Catedral, consagrada a santa Ágata, patrona de la ciudad, y la hermosa plaza circundante en donde se ven el Palacio Municipal, el Seminario Chierici, la Puerta Uzeda y la fuente del Elefante. En el Duomo se halla la tumba del compositor Vicenzo Bellini, así como la capilla normanda que contiene los sepulcros de varios gobernadores aragoneses. A pocos metros de ésta, la Abadía Santa Ágata es una pieza maestra del barroco siciliano, edificada entre 1735 y 1767 por Giovanni Battista Vaccarini. No falta un teatro espléndido que lleva el nombre de Bellini, muy apreciado por el público gracias a la calidad de sus programas y, evidentemente, un Museo Civico, dedicado también a la gloria y memoria del célebre compositor.

Vale la pena, antes de dejar Catania, visitar el teatro romano con capacidad para 7 000 espectadores y el pequeño odeón, también de la misma época, con aforo de 1 500. A pocas manzanas hacia el sur, el Castillo Ursino, erigido en 1250 por Federico II es uno de los pocos ejemplos de arquitectura medieval en esta ciudad. Obras de Fra Angelico, Pietro Novelli, Antonello Saliba, entre otros, se exponen en el primer piso dedicado a Museo Civico.

A orillas del golfo Augusta, se encuentra la mítica Siracusa. En realidad la parte antigua se encuentra en una isleta llamada Ortyglia a la que se llega atravesando el puente Umbertino. En cuanto penetramos en la ciudadela nos topamos con el templo de Apolo (siglo VI adC), testimonio de la antigüedad de Siracusa, ciudad fundada por los corintios dos siglos antes. Es necesario perder el camino entre sus manzanas: un laberinto de estrechas callejas las atraviesan en todas las direcciones, buscando siempre ofrecernos hermosas perspectivas del mar.

Siracusa fue la ciudad de Arquímedes, el célebre matemático. Por ello un museo de ciencia interactivo, el Arkimedeion, ha sido inagurado recientemente en uno de los palacios elegantes de la Piazza Archimede. No lejos de allí, la impresionante Catedral fue construida sobre un templo de Minerva del siglo VI adC del que se conservan las columnas macizas y la estructura original. Durante el periodo de ocupación musulmana el edificio se convirtió en mezquita para recibir más tarde la influencia decorativa del barroco siciliano. En la plaza del Duomo (que es también la del Senado) se halla la iglesia de Santa Lucía que atesora una de las obras maestras que el Caravaggio realizó allí, testimonio del paso de este talentoso pintor quien, al abandonar Malta, se instala un tiempo en Siracusa.

En la punta sur de la isleta está el castillo Maniace, construido en el siglo XIII por Federico II en donde se hallaba el templo de Hera y la villa del gobernador romano de turno. Su nombre evoca el nombre del general bizantino que expulsó a los árabes de la ciudad. Fuera de Ortyglia, en el parque arqueológico de Neapolis, se hallan el teatro griego (uno de los más vastos de la Antigüedad, concebido por el arquitecto griego Damacopos), la llamada Oreja de Dionisio (gruta que el tirano Denis transformó en prisión y cuyo eco le permitía enterarse de las conspiraciones de sus enemigos acérrimos), la tumba de Arquímides (en la necrópolis Grotticelli) y el Museo Arqueológico Regional, que atesora más de 18 000 objetos procedentes de las excavaciones cercanas.

En Siracusa abundan los restaurantes de pescado. El atún y el pez espada ahumado son las especialidades locales y existe incluso un festival gastronómico sobre el tema. El hotel Palazzo Giaraca, instalado en un elegante edificio del siglo XIX, es atendido por la familia de nobles propietarios del palacio. Algunas habitaciones disponen de una vista inolvidable del puerto.

Noto es la tercera ciudad de este itinerario. Su trazado perfectamente cuadriculado, unido a la espectacular homogeneidad de estilo arquitectónico correspondiente al barroco siciliano, la sitúan entre las ciudades más hermosas de la isla. A ello se añade el color uniforme de la piedra, de un ocre que se vuelve dorado en las horas del crepúsculo. Noto ha sufrido varios terremotos, siendo el de 1693 la causa de su trazado racional. En 1996 la cúpula de la Catedral San Nicolás se derrumbó. La estrepitosa caída provocó serios daños al edificio que, aunque restaurado, la desnudez de sus capillas y naves son indicadores de la magnitud del desastre.

Abundan en Noto los palacetes elegantes. El primero de ellos es el Palazzo Ducezio, frente al Duomo, obra de Sinatra en donde están las oficinas del Ayuntamiento. El Palacio Episcopal, el Landolina, el Nicolaci del príncipe di Villadorata y el Trigone, son una breve muestra de cuánto abunda el barroco tardío y elegante. También sus iglesias, sinfonía de curvas y contracurvas propias de la Contrarreforma, contribuyen a su encanto ingualable.

Al final de la calle Ducezio, la pasticceria Mandolfiore, frente a la parroquia de la Madonna del Carmine, vende la mejor granite de leche de almendra de todo el sur. Los cannoli, ese dulce típicamente siciliano a base de crema a base de ricotta enrollada en una masa frita, son la especialidad de la Kennedy, en la via Principe Umberto.

Como Siracusa, la ciudad de Ragusa se divide en dos partes, siendo la más antigua e interesante la que se conoce como Ragusa Ibla. Al igual que Noto, la ciudad fue reconstruida en barroco tardío después del terremoto de 1693. Esta particularidad da absoluta homogeneidad a las fachadas por el tipo de piedra utilizada en las construcciones y el estilo. La parte menos antigua posee una espléndida Catedral de la primera mitad del siglo XVIII, con fachada y escalera monumentales, además de un impresionante campanario. Una escalera de 320 escalones comunica esta zona con Ragusa Ibla.

El Duomo San Giorgio, obra del arquitecto Rosario Gagliardi, la iglesia San Giuseppe y la fachada en estilo gótico catalán de la iglesia antigua San Giorgio, además del apacible jardín Ibleo, son etapas más importantes de la visita.

Tanto Ragusa como su vecina Modica están construidas en el fondo de un profundo barranco. Cuando recorremos el sur resulta asombroso no ver indicio alguno de las dos ciudades desde la carretera. Fue Pedro I de Aragón quien convirtió a Modica en capital de esta región. La ciudad conserva parte del trazado de la antigua Mohac (ciudad árabe del siglo XI) y posee un sinnúmero de iglesias y parroquias barrocas de extraordinaria belleza. Al Duomo San Giorgio y a la iglesia San Pietro las preceden sendas escaleras monumentales. Otros edificios de interés se hallan en el Corso Umberto I: el monasterio de los Benedictinos, el Teatro Garibaldi, los palacios Tedeschi y Menenti y la iglesia Santa María del Socorro.

La heladería DiVini, en la plaza del Duomo, es de las más originales de toda la isla. Allí se elaboran helados artesanales de sabores poco usuales: cebolla, chocolate con pimienta, turrón, además de varios a base de vinos (Marsala, moscatel, vino rosado, etc.)

Es en Modica en donde se halla la casa natal del gran poeta y premio Nobel de literatura Salvatore Quasimodo. Una asociación se ocupa de mantener viva su memoria y gracias a ella podemos visitar la modesta vivienda. En el Corso Umberto I se encuentra probablemente el mejor restaurante de la Sicilia meridional en cuanto a calidad, originalidad y precios. Es la Osteria del Sapori Perduti que como muy bien lo indica su nombre salvaguarda un patrimonio culinario que se va perdiendo por culpa de la gastronomía para el turismo.

Entre las ciudades importantes de esta zona de Sicilia se halla también Scicli. Yace también al fondo de un barranco y fue importante bastión árabe antes de convertirse en residencia real normanda. Sus edificios religiosos también fueron reconstruidos en barroco tardío después del sismo de 1693. Entre éstas se destacan la de Santa María la Nueva, la Iglesia Madre, la San Bartolomeo y el convento de las Carmelitas. El Palacio Beneventano exhibe, por su parte, gran cantidad de motivos barrocos y estatuas de impresionantes juegos de curvas y formas.

Última ciudad de este itinerario por el barroco siciliano, Caltagirone es la capital del mosaico y la cerámica. Su vocación en este ámbito es ancestral y se han hallado vasijas de este material en las excavaciones de sitios prehistóricos próximos. La gran escalera monumental Santa María del Monte, con 142 escalones adornados con azulejos, construida en 1608, es el símbolo de la ciudad. Durante la fiesta de San Giacomo (24 y 25 de julio) la escalera se llena de lámparas y de figuras de ese material. En lo alto, la iglesia que le da nombre data del siglo XVII.

En Caltagirone todo recuerda la febril actividad de sus hornos alfareros. El puente San Francisco que conduce a la iglesia de ese nombre es un buen ejemplo de ello pues está recubierto de hermosos azulejos que nos recuerdan los que en ocasiones vemos en Andalucía o Portugal. El Museo Cerámico reúne, por consiguiente, piezas de todos los periodos, incluidos la Edad de Bronce y la época grecorromana.

Para visitar esta región lo más conveniente es llegar al aeropuerto de Catania. Si no se dispone de más de diez días es mejor dejar Palermo y el oeste para otra oportunidad. En ocasiones es preferible impregnarse al máximo de un sitio que intentar en poco tiempo ver más de la cuenta. El barroco tardío, estilizado y elegante de la Sicilia meridional, es una de las grandes atracciones de la isla.

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