Lo que se ha salvado del olvido – Diario de Cuba

Mi lectura del libro de Juan Cueto Lo que se ha salvado del olvido, en Diario de Cuba.

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Lo que se ha salvado del olvido

William Navarrete / Diario de Cuba

A la infancia se le recupera casi siempre a retazos. Los recuerdos son y, a la vez, no son, en la medida en que los hilvanamos mil veces para acomodarlos al sentido que más nos satisface, una vez emprendido el camino de la adultez. El exilio, por otra parte, es un doble abandono de esa infancia y de sus recuerdos. ¿Qué podremos salvar del olvido después de esos dos pasos – adultez y exilio – en general tan implacables con la autenticidad de los recuerdos?

Juan Cueto-Roig, autor cubano exiliado en Miami, ha publicado en la editorial Silueta un nuevo libro: Lo que se ha salvado del olvido. Posee una sustanciosa lista de títulos, entre los que cabe citar En la tarde, tarde, Palabras en fila, en clase y en recreo y En época de lilas, en lo que concierne a la poesía. También, Ex-cuetos, Hallarás lobregueces, Verycuetos y Veintiún cuentos concisos, en cuanto a narrativa. Conocida es asimismo su traducción al castellano de 44 poemas de E. E. Cummings y de Cavafis (traducido del inglés).

Ahora nos llegan estas casi memorias de infancia y, como siempre que Cueto emprende un recuento de lo vivido aparecen las dulces palabras de otros tiempos, la casa familiar de un pueblo de provincias (Remedios, en la provincia de Las Villas), las tradiciones, los sonidos y las voces más o menos nítidas que pueblan el universo del niño y que van tejiendo poco a poco su imaginario, a la vez que conformando su visión del mundo.

El recuento comienza por Caibarién, un pueblo pescador de la costa norte cubana, en donde nace el autor en fechas no tan lejanas como para justificar su cuidadosa manía de dejarnos sin cifras que lo sitúen en un tiempo real. Las imágenes son formales porque no hay tiempo para más. Un poema cubre ese instante, el de la orfandad y el de la pérdida de su madre pocos días después de su alumbramiento. A pérdidas importantes siguen casi siempre cambios profundos: por decisión del padre todos vivirán en otro pueblo, Remedios, que se convertirá con el tiempo en su verdadero relicario.

Remedios rima con tías solteronas, primas alocadas, viejas casas de maderas, una iglesia de vigas crujientes, millonarios filántropos (Eutimo Falla-Bonet), músicos célebres (Alejandro García-Caturla), mitologías pueblerinas, parrandas alegres y bulliciosas. Es una ciudad histórica, en la que no se debe vivir indiferente a su extraño destino. Cueto debe sospecharlo, incluso sopesarlo, pues a cada rato, tal vez también por necesidad, le hace breves homenajes o la recita en sus versos. A los años de infancia, de aprendizaje de la cubanía, se suman paseos bucólicos, alguna que otra escapada en familia a La Habana o  una estancia en el balneario de San José del Lago.

De los años de infancia pueblerina, del tedio y esos escasos sobresaltos que depara el reloj inamovible del tiempo en provincias, Cueto rescata en un poema las mejores imágenes que a mi juicio se han logrado para casos similares. Es su poema Mejor los patios, retomado en este libro, y del que tomo:

“Con qué ternura recostaba la iglesia / su sombra en nuestra casa. / Con qué certeza pautaban los días sus campanas / y sus párrocos los años. / Nuestra casa, más nuestra por derechos de muertes y de partos / que por ley de escrituras o contratos”.

La casa se esfuma con el tiempo. El autor es colocado en una escuela religiosa en La Habana en donde solían alojar a pobres y huérfanos. Poco después cursará estudios en el colegio de Los Maristas, donde hoy día se hallan las tremebundas oficinas de la represiva Seguridad del Estado cubano. Un año después, siguiendo esa cadena de cambios y, como señala el autor, de desarraigos, se encontrará estudiando en otra institución religiosa, esta vez más lejos: en Querétaro, México, en donde un antiguo molino colonial servía de sede a un juniorado (nombre dado a los noviciados para menores).

Al año de estar en México, y por decisión propia, aprovechando una visita de su hermana a México, el muchacho de trece años decide poner punto final a su niñez. La primera decisión importante, el paso a la adolescencia, será abandonar aquel lugar y regresar a Cuba con su hermana quien lo había venido a visitar durante su viaje de recién casada.

Combina el autor equilibradamente versos y prosa en este libro. No es un libro de memorias pálidas o de breves recuerdos, sino un trabajo ejemplar en cuanto a las posibilidades que tenemos de salvar lo salvable de nuestras vidas sin aburrir al lector y sin ofrecerle detalles que sólo nos competen. Como en las buenas piezas de teatro un apéndice de actores aparece al final: los de la vida de Juan Cueto-Roig, la familia, lo único que no necesitamos reconstituir al doblar de cada cambio, porque esté o no esté, es cosa que heredamos y nos persigue, con sus luces y sombras, aun cuando no lo queramos.

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