Jacques Salès: pasión por Haití / El Nuevo Herald

Hoy escribo sobre el prestigioso abogado y escritor haitiano de cinco décadas de vida en París Jacques Salès, a quien tuve el placer de conocer durante la Feria del Libro de Saint-Louis, en Alsacia.

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Jacques Salès: pasión por Haití

William Navarrete / El Nuevo Herald, 25 de agosto de 2013

Nació en Haití en 1942 y allí cursó sus estudios primarios y secundarios antes de continuar sus estudios en la Universidad de París, en la de Harvard (1967), e incluso en la de su país natal. Hoy día es un prestigioso abogado internacional en el ámbito de la fusión y compra de empresas, derecho fiscal, arbitraje internacional y derechos aduaneros que fundara su propio gabinete hasta fusionarlo recientemente con una gran firma francesa en este ámbito.

Su infancia fue de ensueños pero rápidamente se dio cuenta “del abismo que separaba los pocos miles de personas de la grande y pequeña burguesía a la los millones de pobres sin instrucción, ni acceso a la asistencia sanitaria, sin agua corriente ni electricidad”, me dice cuando indago sobre sus primeros pasos en el país natal.

En este sentido ha trabajado el tema de litigios empresariales en América Latina, fundamentalmente con respecto a la petrolera venezolana y también en Río de Janeiro con empresas francesas y brasileras. Participó en 1986-1989 en las acciones legales emprendidas contra el depuesto presidente haitiano Jean-Claude Duvalier encaminadas a recuperar bienes y dinero malversados por el antiguo dictador. También ha sido el primer extranjero en presidir la Harvard Law School Worldwide Alumni Association.

Jacques Salès, con más de 50 años de vida en París y 45 de ejercicio del Derecho, nos sorprende ahora con un relato histórico novelado sobre la colonia francesa de Saint-Domingue, en el periodo 1779-1803. Haiti: nacimiento trágico, título de su obra, fue recientemente publicado en las ediciones France-Empire y ha tenido gran aceptación por cuanto mucho creemos conocer del origen y destino de la primera república de las Américas y en realidad lo que prima es la confusión y los prejuicios con respecto al pequeño país caribeño.

Es necesario recordar que la revuelta de esclavos de Haití de 1791 fue la primera rebelión de este tipo que logró la independencia de un país del poder colonial. Jacques Salès, con la intención de explicar el contexto de dicho acontecimiento, explica la importante participación de oficiales haitianos, tanto mulatos como blancos aristócratas, en la guerra de las Trece Colonias contra Gran Bretaña, génesis de los Estados Unidos actuales. De hecho, uno de los capítulos más enjundiosos de su libro es de la batalla de Savannah, en Georgia, en donde participaron junto al conde d’Estaing y el general Leclerc muchos haitianos libres.

Cuando leemos su voluminoso relato entendemos por qué Haití era una de las colonias más prósperas de América antes de 1791. El país representaba el 70 % de la riqueza que Francia obtenía de sus territorios de América, incluso por encima de Lusiana y Quebec. La manera en que se articulaba la sociedad esclava y la minoritaria población de terratenientes blancos con respecto a la masa esclava, además de las razones de este desequilibrio, son aspectos que esclarece pertinentemente la novela.

Para ilustrar mejor la vida durante esa antesala a la gran revuelta, el autor escoge a dos personajes de ficción: un oficial francés aristócrata y un terrateniente mulato acadaulado. Ambos, a pesar de ser obra de su imaginación, frecuentarán personajes reales de la historia francohaitiana: Toussaint Louverture, Etienne Maynaud Bizefranc (conde de Laveaux), Louis Ambroise Thomassin (conde de Peynier), Benjamin Lincoln, George Washington, Jean-Jacques Dessalines (primer Emperador de Haití), el general André Rigaud, el general Charles Leclerc, Alexandre Pétion, entre otros. El resultado es un apasionante relato del que no dudamos ni siquiera de la veracidad de aquellos personajes que han sido inteligentemente inventados.

Cuando le preguntan hasta qué punto considera importante rescatar los hechos históricos acaecidos en Haití entre 1791 y 1803 recuerda que “la masacre de 150 000 esclavos, 10 000 libertos, 9 000 colonos y 60 000 soldados, en total casi 230 000 personas es una razón más que suficiente para estimar el peso histórico de aquella revolución y su costo enorme en vidas humanos de uno u otro bando”. Semejante argumento da peso propio a su pesquisa reflejada en las casi 450 páginas del volumen.

El libro está dividido en cuatro partes. La primera se titula “El paraíso de los franceses” y se refiere, por supuesto, a la época de prosperidad de la colonia. A la segunda la ha llamado “Descenso al infierno” porque es aquí donde se narran los primeros enfrentamientos entre negros y blancos, así como los acontecimientos que dislocan definitivamente el atlas sociopolítico y económico de Haití. Le sigue “La irresistible ascensión de Toussaint Louverture”, que como su nombre lo indica cuenta los episodios relacionados con este personaje histórico, un negro esclavo liberado y cabecilla de los movimientos abolicionistas e independentistas de su país, e incluso gobernador de un Haití ya emancipado, entre 1797 y 1802, hasta su deportación en Francia al final de su vida. Por último, “Desperdicio o saga”, en donde el autor intenta entender y explicar las razones por las que el hermoso sueño haitiano se resquebrajó, tal vez una manera de indagar en los motivos por los que desde entonces el país ha sido presa fácil de gobiernos abyectos y de situaciones extremadamente complejas.

La pasión de Salès por Haití pudiera asombrarnos si consideramos que hace cinco décadas vive en Francia en donde ha fundado familia y ha alcanzado reconocimiento profesional. “Haití es la tierra de mis abuelos, donde están enterrados mis padres, donde quedan familiares y amigos y en donde he dejado recuerdos de infancia y de adolescencia”, dice. “De modo que ese lugar está profundamente anclado en mi esencia y en esa medida mi interés por mis orígenes estará siempre latente en mi obra”.

Tal vez sea oportuno revelar que Jacques Salès está emparentado con ese gran escritor criollo francés que fuera Alexandre Dumas, hijo de un mulato haitiano que fuera el primer general del ejército francés con orígenes anfroantillanos.

Al indagar sobre las costumbres de Salès me entero que prefiere escribir en su casa en Bretaña, en los paisajes idílicos del golfo del Morbihan, en el pueblo de Locmiquel-en-Baden, oyendo música clásica y lejos del tumulto y de las obligaciones cotidianas de París.

Hoy día prepara un segundo libro sobre Haití y aspira a consagrarse enteramente a las letras en cuanto abandone sus obligaciones profesionales. No cree tanto en la inspiración (a la que le achaca sólo una décima parte del nacimiento de un libro) como en el sudor del día día, con el teclado y con la letra, obligándose a escribir y aferrándose a la idea de hacerlo cueste lo que cueste. Tal vez el mejor antecedente en este sentido es la gran cantidad de textos y artículos jurídicos que ha escrito en su vida y que le han servido de punto de partida para esta nueva aventura de historiador y novelista.

Son necesarias estas y las cuartillas por venir sobre la tierra haitiana. En el contexto del Caribe las naciones que comparten geografía se ignoran, se repelen e incluso sus pueblos desconocen la historia y peculiaridades de los vecinos. Como “islas a la deriva”, parafraseando a Hemingway, las del Caribe se dan, en ocasiones, la espalda. Fue el caso con respecto a Haití cuya revolución considerada desde entonces como un mal ejemplo y como “el terror negro” que pervertiría a los esclavos de las restantes colonias, sirvió de pretexto para aislar al país y para que se le ignorara durante más de un siglo en el contexto caribeño.

Esfuerzos como el de Jacques Salès son ejemplares. Su próximo libro será también una novela sobre Haití, “en específico sobre mi juventud dorada”, revela.

Necesitamos muchos libros que dejen constancia y expliquen nuestras diferencias y similitudes. Leyendo Haití: nacimiento trágico, entendemos hasta qué punto el pasado de esta porción de la isla de La Española tiene indicadores comunes con el de las restantes islas del Caribe. A veces un nacimiento trágico equivale, en este sentido, a un final también trágico, como el que han tenido muchos de sus países vecinos.

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