Sara Spaccino en Orvieto

Sara Spaccino vie y trabaja en Orvieto. Con plena conciencia del mundo en que vivimos defiende a capa y espada un tipo de consumo, un modo de vida que provoca más satisfacción que el desenfreno y la ligereza con que nuestra sociedad adquiere objetos, comidas, cosas… Gracias a gentes como Sara, Orvieto es una ciudad fuera de época. Allí los comercios, las pequeñas tiendas de ropas, los salones de belleza, las bodegas (como la que ella administra), verdulerías, estudios fotográficos, etc. son como lo eran hace sesenta años. Es una de las cosas que llama más la atención de esta ciudad de Umbría. Sobre todo cuando no estamos acostumbrados ya a ver a un bodeguero de bata blanca impecable anotar con un lápiz calzado con la oreja los productos que el cliente adquiere. Quienes conocen esa imagen volverán, como con la magdalena de Proust, a revivir el pasado.

A Sara Spaccino no le basta ese combate diario por conservar un estilo de vida que era el de su infancia, sino que necesita también, y sobre todo, expresar, gritar, poner a gritar, las formas que sus manos moldean en esa piedra cara a Orvieto y a la región orvetana: el tufo (toba volcánica en español), ligero, moldeable, poroso, misterioso, dúctil y a la vez delicado. Sacar formas, voces, gestos, muecas…, sacar su yo, su pensamiento, sus ideas, sus dudas, angustias y temores, de esa piedra ha hecho de ello la artista autodidácta que no esperamos encontrar en alguien que a la vez es dueña de una bodega que vende el respeto a la producción local en lugar de productos industriales, sin gusto ni gracia, que lo mismo se compran en Valparaíso que en Djakarta.

Las esculturas de Sara están expuestas y a la venta en una galería en frente a su bodega. Todo ese mundo inesperado se torna mágico cuando, con amabilidad extrema, se brinda para explicarnos cómo empezó a hacer esas piezas, por qué sintió necesidad de hacerlas. Cree en lo que hace, necesita hacerlo. Me dice que es la única manera que tiene de reberlarse contra el canon social impuesto y que, querrámoslo o no, tenemos que acatar y respetar porque es así desde que leyes, decretos y normas nos llegan de no sabemos ya dónde. Por eso el tufo o toba volcánica, materia pobre. Por eso algunos objetos desechables adheridos a sus piezas. Por eso, a veces, una piedra que tiene una forma que considera justa, se queda casi en el estado en el que la encontró porque es la naturaleza la que ha hablado antes que ella.

El taller de Sara Spaccino es el museo de la vida de todos los días, el que explica (nos explica) por qué a veces tenemos la sensación de que no estamos viviendo realmente como queremos.

Dónde: Via Arnolfo di Cambio, 6 (cerca de la iglesia San Domenico)

Webpage: Sara Spaccino

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La tienda de Sara

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