Los pasajes de París – en El Nuevo Herald

Tercero de mi serie de reportajes sobre París. Este va dedicado a los pasajes o galerías de fines del XVIII y principios del XIX. Las fotos, todas, tomadas por mí este año.

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Los míticos pasajes de París

El Nuevo Herald / Séptimo Día / 18 de agosto 2013

© William Navarrete

El origen de los célebres pasajes de París se remonta al siglo XVIII, aunque la mayoría data de principios del XIX. Inicialmente eran simples corredores para cortar camino o protegerse de las inclemencias del tiempo mientras se atravesaban determinadas manzanas de la ciudad. Con el tiempo, los comerciantes entendieron que eran lugares estratégicos para que quienes paseaban se demoraran más de la cuenta delante de las vidrieras y terminaran comprando algo en las tiendas.

Hoy los pasajes forman parte del imaginario parisino. Aparecen no sólo en un sinnúmero de películas, sino que escritores como Breton, Aragon, Soupault y otros los han inmortalizado en sus obras.

Comencemos por los que se encuentran en el barrio de los Grandes Bulevares. Se trata del mayor tramo de manzanas que puede ser atravesado recorriendo pasajes. A partir de la calle Faubourg-Montmartre y hasta la Saint-Marc, tres largos pasillos son recorridos a diario por la locales y visitantes: el pasaje Verdeau (1847), el Jouffroy (1845) y el de Panoramas (1799).

Los tres pasajes mencionados constituyen un excelente ejemplo de arquitectura innovadora del siglo XIX. Los elementos fundamentales de su estructura son el vidrio y el hierro, algo que los coloca entre los exponentes del ferrovítreo tan al gusto de la revolución tecnológica de esa época. En el pasaje Jouffroy existe desde su inauguración en 1880 el famoso museo Grévin. Se trata de un gabinete de figuras de cera que inicialmente no era más que una galería de personajes célebres concebida por el caricaturista Arthur Meyes, fundador del diario Le Gaulois. En este mismo pasaje, una antigua librería expone en mesas colocadas sobre el corredor gran cantidad de libros y revistas antiguas. La galería Verdeau vende fotografías antiguas y en el recodo, entre ésta y el museo, el hotel Chopin posee todo el encanto parisino con el que sueñan y al que aspiran muchos turistas. Fue declarado en 1987 Monumento histórico de la ciudad.

El de Panoramas, antes mencionado, es uno de los más antiguos de París y fue abierto por el norteamericano William Thayer. Lleva el nombre de las muestras panorámicas de imágenes que se hacían cuando el cinematógrafo no existía, aquellas en las que espectador quedaba embuido en la imagen fija que se proyectaba. El hecho de que a un costado se encuentre el Teatro de Varietés lo convirtió en un sitio muy popular. De hecho, fue en él donde por primera vez se utilizó el alumbrado público de gas en 1817. Como mucho de los pasajes de París se trata de un sitio privado cuyo propietario está obligado a mantenerlo abierto durante las horas reglamentarias.

No lejos de estos tres pasajes, entre los Grandes Bulevares y el Sena hay otros tres muy importantes: la galería Vivienne, la Colbert y el pasaje Choiseul. La primera es el más elegante de todos los corredores. Data del 1826 y durante todo el siglo XIX era un lugar muy a la moda. De ese tiempo sobrevive una antigua librería: la Jusseaume, y, entre los comercios que han hecho que reviva se encuentra la boutique principal del costurero Jean-Paul Gaultier, instalado allí desde hace ya algún tiempo.

Compitiendo en elegancia con la anterior, la galería Colbert, pertenece a la Biblioteca de Francia, cuya sede se encuentra frente a una de las salidas del pasaje. En el centro, la rotonda protegida de un domo circular de vidrio es el atractivo mayor de la galería. Posee la particularidad de alojar instituciones relacionadas con la historia y el arte. La majestuosa elegancia de los mármoles, paredes, puertas y elementos decorativos lo ha convertido en sitio ideal para realizar desfiles de moda.

El pasaje Choiseul es el más largo de todos. Mide 190 metros y fue edificado en 1825. A un costado se encuentran el teatro de Los Bufos Parisinos y también es muy conocida la tienda Lavrut de materiales para pintores que se encuentra en su recinto. En este sitio vivió de niño el escritor Louis-Ferdinand Céline cuya madre poseía allí una tienda. En su novela Muerte a crédito describirá el pasaje camuflado bajo el nombre de Bérésinas, probablemente una alusión a Berezina, sitio conocido por la debacle del ejército napoleónico durante la retirada después de la invasión a Rusia en 1812. Otro hito histórico en relación con el pasaje fue la imprimería de Lemerre, responsable de las ediciones de los poetas del movimiento Parnasiano, de la segunda mitad del XIX.

La galería Véro-Dodat, cerca del Louvre, se concibió en 1826 en el estilo neoclásico típico del periodo de su construcción. El suelo de losas negras y blancas en forma de escaque y la elegancia de estucos y maderas torneadas que engalanan las fachadas de sus comercios, la convierte en uno de los pasajes más vistosos de la capital. A la entrada, del lado de la calle Bouloi, las estatuas de Hermes y de un sátiro, colocadas en los nichos a ambos lados del frontón, dan la bienvenida a los visitantes.

En medio del ajetreo del barrio del Sentier, donde se halla la mayor concentración de mayoristas de ropa de Francia, se halla un pasaje heredado de la época en que la egiptología y el orientalismo estaban de moda. Es el pasaje del Cairo, inaugurado en 1797 tras el regreso de Napoleón de su campaña de Egipto. La entrada exhibe tres efigies que representan la divinidad cósmica egipcia Hathor. En las inmediaciones se hallaba la famosa Cour des Miracles (el Patio de los Milagros) que de milagroso nada tenía sino que más bien era el refugio de bandidos, ladrones, proxenetas y cuanta fauna variopinta pululaba en el París de entonces, inmortalizada por Victor Hugo en su célebre novela Nuestra Señora de París. Lamentablemente este pasaje histórico se encuentra en muy mal estado y pocos son quienes lo visitan.

Ya en al barrio de la calle de Saint-Denis, un sector que hasta hace poco era zona de prostitución y que hoy se ha ido llenando de cafeses y boutiques a la moda, hay dos pasajes relevantes que forman también parte de la imagen romántica de París: el pasage du Grand-Cerf (del Gran Ciervo) y el de Bourg-l’Abbé, uno frente al otro, a ambos lados de la calle Saint-Denis. Los dos fueron inaugurados entre 1825 y 1828. Ambos se dedican hoy a comercios de creadores y artesanos, galerías y alguna que otra tienda de ropa. Una de las entradas del Bourg-l’Abbé fue concebida por el arquitecto de la Bolsa de París. Las elegantes cariátides que la presiden fueron esculpidas por Aimé Millet.

Otros pasajes de la capital francesa, menos frecuentados, en mal estado o simplemente cerrados pueden visitarse o ser vistos desde la acera por aquellos que se interesen realmente en este elemento urbano. Por ejemplo, el de Brady, en el corazón del barrio de emigración india y ceilanesa, posee varios restaurantes típicos de gastronomía del Indostán. El pasaje de Princes (1860), uno de los más tardíos, está dedicado a tiendas de juguetes. La elegante cúpula art-deco de su rotanda es un elemento añadido en épocas de apogeo de este estilo, en 1930. Casi desconocido a pesar de su situación estratégica, el pasaje Vendôme (1827), cerca de la plaza de la República, posee una admirable claraboya ferrovítrea y forma parte también del patrimonio declarado Monumento Histórico de la ciudad. El de los 2 Pavillons, es una estrecha calleja que conduce de la galería Vivienne al Palais Royal.

Una particularidad tienen todos los pasajes mencionados: se hallan, sin excepción, en la orilla derecha del Sena, la conocida Rive Droite, en donde la moda de darle nueva vida a palacetes y edificios abriendo estos corredores comerciales cobró mucho auge entre los propietarios de terrenos y edificios.

Una lectora apasionada de París, Nibia Rodríguez, me sugería hace algún tiempo el tema de estos pasajes parisinos. Muchos de ellos los atravieso casi a diario cuando me desplazo y tal vez por ello no pensaba que pudieran resultar muy atractivos para quienes no viven en la ciudad. El recuento que ofrezco de estos caminos bajo techo no es exhaustivo. Tampoco pretende cubrir el tema en su totalidad. Algunos de ellos son tan secretos y poco conocidos, incluso por los propios parisinos, que le toca a cada cual descubrirlos durante su visita a la ciudad. Penetre en el que se disimula detrás de una puerta en el 52 de la calle Mouffetard, en el barrio del Panthéon, para que se dé cuenta hasta qué punto París seguirá siendo aquella ciudad de los misterios evocados por Eugène Sué en su famosa novela.

Le passage du Caire à Paris

Le passage du Caire à Paris

 

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