Las Meteoras – Grecia / en El Nuevo Herald

La bandera

La bandera monástica griega y la civil en lo alto de la roca del Monasterio de la Trinidad, en Las Meteoras

Hoy, en El Nuevo Herald, cuento mi periplo por uno de los sitios más maravillosos de Grecia: Las Meteoras y sus célebres monasterios bizantinos en lo alto de rocas descomunales que coomo gigantes avanzan sobre la llanura de Tesalia. Un tema que había dejado en el tintero y que ahora publico con fotos tomadas por mí durante ese memorable viaje.

Aquí el enlace directo al periódico: Las Meteoras / William Navarrete

Las Meteoras: rocas sagradas griegas

© William Navarrete / El Nuevo Herald, 9 de agosto 2013

Se cree que el paisaje extraño y admirable de Las Meteoras, región continental del noroeste de Grecia en que se hallan los célebres monasterios bizantinos, se debe a un fenómeno geológico que hizo de estas majestuosas rocas parte del delta de un gran río que desembocaba en la llanura de Tesalia.

Este conjunto de gigantescos peñones de rocas pulidas y grises sobre las que el hombre y su fe construyeron desde la Edad Media los célebres monasterios ha sido declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO desde 1988. Originalmente eran sitios inaccesibles, a los que sólo se podía subir mediante cuerdas y cestos suspendidos desde alturas vertiginosas. Así sobrevivieron, gracias a esta característica, al amparo de invasiones y de pillajes durante muchos siglos.

En total eran dieciocho monasterios. Hoy día se visitan seis, pero la región posee muchos sitios de interés por lo que se recomienda alojarse varios días en el pueblo cercano de Kastraki, al pie de las descomunales rocas que le sirven de telón de fondo. Es un pueblo pequeño pero no escasean hoteles y restaurantes. Además, menos congestionado que Kalambaka, población más populosa y poco acogedora a 326 kms de Atenas, a donde suelen llegar grandes grupos de turistas. Valdrá la pena, sin embargo, visitar de esta última la Catedral de la Asunción de la Madre de Dios, del siglo X, que atesora un púlpito de mármol único en toda Grecia, así como algunos frescos del siglo XII.

Desde Kastraki se puede ir al oratorio campestre de Doupiani, un sitio encantador, construido en el siglo XIII al pie de una alta roca que esconde una pequeña iglesia inaccesible en la que se venera a San Jorge. Si observamos con atención las anfractuosidades de la roca veremos pequeños cubículos que servían de prisión a los monjes que infringían las reglas estrictas de la ortodoxia monástica.

Pasaremos por delante del Monasterio de San Nicolás de Anapausa, el primero cuando empezamos la visita de las Meteoras y llegaremos al Sagrado Monasterio de la Transfiguración o de la Gran Meteora, así llamado por tratarse de una de las rocas más altas y anchas de todo el conjunto. Subir hasta él en otros tiempos era sólo posible mediante una escalera de viento o una cuerda gracias al sistema de polea. Así ascendían hombres, objetos y vituallas durante siglos. En 1923, un túnel cavado en la roca permite el ascenso a lo largo de escalones tallados en la piedra.

Este monasterio atesora además de un antiguo díptico de la Virgen ofrendado por la hermana de su fundador, una gran cruz de plata y esmalta del 1595, seis Evangelios ilustrados en Venecia hacia el 1750 y varios frescos de interés del 1552. En la cúpula de la iglesia puede observarse un imponente Cristo Pantocrátor y el rico iconostasio tallado en madera, luego dorada, data de 1791. Después de la iglesia y las dependencias se encuentra el hospital que data de 1572.

El segundo monasterio en importancia es el de San Esteban, considerado el más rico de todos y el que ofrece también mejor vista sobre Kalambaka y el valle de Tesalia. Se accede por un puente fijo y data del siglo XIV. Fue su fundador Antonio Katakousinos, hijo del rey de Serbia, Nikoforos II. Inicialmente fue monasterio de hombres pero desde 1961 ha sido ocupado por monjas que se encargan hoy de su prosperidad y mantención. La iglesia data del siglo XV y sus frescos están en excelente estado de conservación. Pueden verse manuscritos del siglo XVII, incensarios, cruces esmaltadas, cálices de plata y, sobre todo, gran cantidad de iconos como uno de la Virgen y el Niño del siglo XVI.

Le sigue el Monasterio de Varlaam, construido por un eremita de ese nombre en el siglo XIV. Fue consagrado a los Tres Jerarcas y agrandado por dos monjes hermanos a principios del XVI. El Catolicón data de 1542 y posee dos cúpulas. Vale la pena contemplar los dos frescos y los iconos de la iglesia de los Tres Jerarcas, admirados por su exquisita factura. Es importante recorrer todas las dependencias para entender cómo discurría la vida de los monjes. Al igual que los anteriores predomina en él el estilo arquitectónico impuesto por el Monte Athos, conocida república monástica de la península griega de Salónica en la que sólo pueden entrar hombres y no se admiten ni siquiera animales hembras. Por suerte, las comunidades monásticas de las Meteoras no aplican esta política restrictiva del Monte Athos que impide toda visita a las mujeres. Las influencias se reducen entonces a la estructura y concepción del espacio.

El Sagrado Monasterio de la Trinidad es el más hermoso de todos. Se alza sobre la gran roca que le da nombre y está rodeado de zonas boscosas pobladas de riachuelos. La altura es vertiginosa y permite dominar todo el valle de Tesalia hasta la sierra de los Agrafos y los montes de Kosiaka. Se estima que data del 1458, año en que el monje Dometio decidió fundarlo. Al igual que el de la Gran Meteora, el ascenso requería de una escalera de viento o de una cuerda hasta que en 1925 se tallaron los 140 escalones de piedra. En el interior pueden visitarse la iglesia de San Juan Prodomo y la sacristía.

Uno de los más antiguos es el de Rousanou, se cree que ya construido en 1288. Funciona como monasterio de mujeres pero fue abandonado durante mucho tiempo y se conservó gracias a una anciana de Kastraki que se ocupaba de abrirlo, limpiarlo y mantenerlo. Posee valiosos frescos, pero muchos de sus tesoros fueron saqueados por malhechores y lo que se ha salvado se conserva en el de la Transfiguración. Es, a mi juicio, el que posee mayor originalidad por cuanto corona toda la extensión de una estrecha y elevada roca que le da al conjunto la configuración de un rascacielo.

Construido en un sitio espectacular, justo en la hendidura de una alta y maciza roca, el monasterio de Ipapanti podrá ser visto sólo desde abajo pero no visitado ya que se encuentra cerrado desde hace mucho tiempo. Data del siglo XIV y es el más alejado de todos. Vale la pena llegarse hasta allí para admirar la naturaleza de la región y la manera en que aparece de pronto replegado en la cavidad apenas profunda de las paredes rocosas, al borde del precipicio.

Para el final dejamos el de San Nicolás de Anapausa por ser el más cercano al pueblo y porque los frescos firmados por Teofanis Strelitsas, pintor cretense nacido hacia 1500, que adornan la iglesia del monasterio, están considerados los mejores de todo el conjunto de frescos pintados en las Meteoras. Los que se ven en el interior de la nave representan escenas poco frecuentes como una de Adán poniendo nombre a los animales, de gran belleza y perfecto estado de conservación. Como todos los restantes monasterios el de San Nicolás ha sido también construido sobre una alta roca y ofrece vistas inolvidables al pie de profundos precipicios.

Muchos otros monasterios se hallan en ruinas (como el del Pantocrátor, del de San Modesto o el de Prodromo). Otros, como el del Espíritu Santo, requieren de mucha temeridad por lo muy peligroso del camino de ascenso y el mal estado en que se encuentran. Las visitas de estos monasterios secretos para quienes deseen verlo todo deben hacerse con guías que indiquen el camino y las partes accesibles.

La gastronomía local no da lugar a quejas. Existe la costumbre de ir a la cocina de los restaurantes e indicar a la dueña qué platos se desea consumir. Quesos de cabra, verduras, ensaladas de cebollas, feta y deliciosos tomates, berenjenas empanizadas y pinchos de carne de cordero con panes horneados de estilo “pita” forman parte de la comida cotidiana. Frutas y yogures caseros densos y endulzados con miel son los postres más corrientes en esta zona.

Meteoras significa en griego “colgado del cielo”. El sitio es excepcional y su visita nos permite otra imagen de una Grecia múltiple y casi desconocida, lejos de los viajes en yate a las islas y a sus pueblos blancos de tarjetitas postal. Adentrarse en la Grecia continental y ascender hasta las fronteras de Albania y Macedonia depara incontables sorpresas y garantiza inolvidables momentos.

 

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