Un viaje a la Riviera Italiana y las Cinque Terre – en El Nuevo Herald

Un viaje que realicé en 2012 hoy en El Nuevo Herald: la maravillosa Riviera Italiana y sus fabulosas Cinque Terre, acompañado de mis fotos, hoy en El Nuevo Herald:

Enlace: La Riviera Italiana / El Nuevo Herald

La Riviera Italiana: centro de tradiciones culturales e historia

William Navarrete / El Nuevo Herald, 28 de abril de 2013

Existen dos rivieras en la región de Liguria, franja estrecha de territorio entre los Alpes y el Mediterráneo. La primera de esas ellas se extiende desde la frontera de Francia hasta Génova pasando por Imperia, Savona, San Remo, Diano Marina. La segunda, la más interesante y motivo de nuestro viaje, es la que se encuentra al sur de Génova y discurre hasta la villa arsenal de La Spezia.

Los nombres de Portofino, Cinqueterre, Portovenere, entre otros, evocan tradiciones culturales e historia a la par que dolce farniente y una calidad de vida de la que pocos rincones del mundo pueden enorgullecerse.

Casi siempre se llega a esta parte de la Riviera italiana a partir Génova. Portofino es en estas condiciones nuestra primera etapa. El sitio goza de una posición geográfica privilegiada: una península sólo accesible por el sur gracias a una ruta suficientemente estrecha como para impedir una avalancha de vehículos. Esa dificultad aisló a este pueblo pesquero del golfo Tigullio durante mucho tiempo, aunque hoy día se ha convertido en uno de los sitios predilectos de la jet set internacional y su puertecillo en refugio para yates de lujo.

Cuando comienza atardecer, cuando no quedan yates en el puerto y los visitantes han tomado los autobuses de regreso Portofino vuelve a ser uno de los lugares más mágicos de Italia. La calma es absoluta, la vida parece ritmada por los botes de los pescadores mecidos suavemente por las olas del golfo. Otra solución sería aprovechar las primeras horas de la mañana antes de la llegada de miles de visitantes.

Quien venga a Portofino buscando grandes monumentos debe dar media vuelta. Aquí se viene a contemplar la conjunción perfecta del azul marino con el verde profundo de la naturaleza mediterránea, a perderse por senderos que, entre las ramas de pinos parasol, dejan entrever porciones de un azul turquesa inigualable. El castillo Brown que data de 1867 y el faro, al final del sendero que pasa frente al castillo, son los únicos monumentos significativos junto con la parroquia.

Quienes no pueden o no desean pernoctar en Portofino pueden conformarse en visitarlo durante el día. Varios autobuses recorren en diez minutos la distancia que lo separa de Santa Margherita Ligure, aunque también existe un ferry que comunica a ambos pueblos con otros del golfo. Muchas personas prefieren quedarse en Santa Margherita Ligure, mucho más grande y animado. El pueblo le disputa a Génova el título de cuna de Cristóbal Colón y tiene el encanto de los balnearios que en otros tiempos fueron referencia de elegancia cuando no se solía viajar muy lejos. Allí vive una población local auténtica, razón por la que hay más opciones gastronómicas y hoteleras.

Hay en Santa Margherita tres lujosos hoteles al estilo de los grandes palacetes de la Belle Epoque: el Miramare, el Metropole y el Imperiale Palace. Este último es un cinco estrellas y probablemente uno de los hoteles más bellos de la Riviera italiana. Para presupuestos modestos sobran opciones, desde el Park Hotel Suisse, sin gran encanto pero práctico y moderno hasta el Lido Palace, con la pátida del lujo de otros tiempos. En lo alto del pueblo, sobre una colina, la fabulosa Villa Durazzo-Centurione, de hermosos jardines y sublimes vistas del golfo, es una casona construida en el siglo XVII por el marqués de Durazzo. Acoge un museo y es centro cultural en donde se ofrecen conciertos de música clásica. La iglesia Nostra Signora della Rossa sorprenderá por su barroco exagerado.

No lejos de este pueblo, también a orillas del mismo golfo, Rapallo es tal vez un poco más popular pero también evoca con sus grandes villas, palacetes y elegantes edificios el lujo de la Belle Epoque y el prestigio de los balnearios de otra época. Su monumento emblemático es un  castillejo medieval del siglo XVI construido sobre un islote apenas separado de la tierra firme por escasos metros. Servió de defensa después del ataque y saqueo del pueblo por un pirata turco en 1549.

El tramo costero que se extiende entre Rapallo y Levanto no tiene gran interés. Sólo Levanto propiamente dicho, balneario frecuentado las familias genovesas durante el verano y también por turistas que desean recorrer la región de las Cinque Terre sin necesidad de hospedarse en las cinco aldeas de esa región. Levanto además de la playa tiene un casino municipal y posee una amplia red de agriturismos que es el nombre que reciben las casas de habitantes acondicionadas para acoger a los turistas que desean estar en contacto con la naturaleza y con el modo de vida local.

Las Cinque Terre es probablemente una de las regiones más hermosas de Italia. El Parque Nacional y sus aldeas son Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO desde 1997. Las aldeas, como indica el nombre de la región, son cinco: Monterroso al Mare, Vernazza, Manarola, Corniglia y Riomaggiore. Cada una se encuentra al pie de altas montañas abruptas que descienden hasta la orilla del mar, de modo que para viajar en auto de una aldea a otra es necesario subir una cuesta muy empinada y volver a bajar la siguiente. Existe la posibilidad de visitarlas en tren pues hay un servicio ferroviario que las conecta gracias a un sistema de túneles excavados en la montaña. Una tarjeta de 10 euros, válida todo el día, permite subir y bajar del tren las veces que se quiera y es una opción económica y segura para visitarlas.

También, y es ésta la opción ideal, se puede ir de una aldea a otra por un sendero costero que por momentos se eleva vertiginosamente, bordeando precipicios y recorriendo puentes suspendidos en el vacío. Los senderos requieren de un mínimo de condiciones físicas y es aconsejable llevar agua pues no hay fuentes ni sitios en donde obtener bebidas ni alimentos. La recompensa de tanto esfuerzo serán las vistas más sublimes del Mediterráneo italiano, la comunión perfecta entre el bosque, la montaña y el mar, además de la satisfacción de haber emprendido la ruta que los ancestros de los rivereños recorrían a diario.

De las cinco aldeas Monterroso al Mare es la que posee realmente una playa digna de ese nombre, además de ser la más grande y por esta razón la que más posibilidades de alojamiento ofrece. Tanto Vernazza como Manarola y Riomaggiore disponen de pequeños puertos en caletas exiguas donde se ve flotar las pintorescas barcas multicolores de sus pescadores. La playa de Vernazza es pequeña y su iglesia Santa María de Antioquía del siglo XIII, confundiéndose con la roca, no está exenta de interés. Las ruinas de un castillo que perteneció a la poderosa familia genovesa de los Doria corona la aldea desde un promontorio escarpado.

Una constante del paisaje de las Cinque Terre es el cultivo de viñas y cítricos utilizando el sistema de terrazas que aprovecha al máximo las partes menos abruptas de la ladera marítima del sistema montañoso. Durante siglos los campesinos de esta tierra vivieron en autarquía. De hecho, uno de los productos más cotizados de la región es un tipo de vino blanco de color ambarino llamado Sciacchetra. Otra de las curiosidades es el famoso nacimiento de la aldea de Manarola, montado para las fiestas navideñas sobre una de las colinas del pueblo y visible a gran distancia. Las miles de lucecitas que lo iluminan ofrecen un espectáculo admirable cuando se le contempla de noche.

Fuera del Parque Nacional de las Cinque Terre, en la entrada del golfo de La Spezia, se halla el pintoresco pueblo de Portovenere uno de los sitios preferidos de Lord Byron, también declarado Patrimonio de la Humanidad. Desde el siglo VI dC se tiene conocimiento de la existencia de este pueblo de pescadores. Posse un importante patrimonio religioso del que se destacan la iglesia de la Madonna Bianca construida en estilo románico en el siglo XII y la de San Pietro, en estratégica posición frente al mar, erigida entre el V y el XIII. La otra construcción importante es el Castillo Doria (1116), que domina el Mediterráneo, el golfo y la vecina isleta de Palmaria. En ese mismo golfo murió ahogado el poeta romántico inglés Shelley en 1822. Su cuerpo fue recuperado por Lord Byron y otros amigos ingleses que lo incineraron a la manera de los griegos de la Antigüedad. Su esposa Mary Shelley, autora de Frankenstein, conservó su corazón en el escritorio hasta su muerte. El golfo de La Spezia recibe también el nombre de “golfo de los Poetas”.

Nuestro viaje terminará en La Spezia, la ciudad más importante de Liguria después de Génova. No posee grandes atractivos pero es un sitio ideal para establecerse y recorrer a partir de ella toda la región. Se caracteriza por una intensa actividad militar y portuaria, dado que es también una importante base naval y arsenal. Posee además interesantes museos entre los que se hallan el Museo Civico Amedeo Lia (que atesora obras del Tintoreto, Veronés, Tiziano, Pontormo, Bellini, entre otros), el Castillo San Giorgio (reconstruido en 1343 por el dux Simone Boccanegra) y su Museo Arqueológico Ubaldo Formentini, así como el Museo Etnográfico.

La Spezia es también un sitio ideal para degustar las especialidades del golfo de Génova. El restaurante D’Angelo, en la zona peatonal (Via del Prione) ofrece una comida auténtica y familiar de calidad por precios muy módicos. En esa misma área se encuentran las heladerías, cafés y los comercios principales. Se necesita no menos de una semana para recorrer los sitios recomendados. Y siempre quedará mucho por visitar la próxima vez y, sobre todo, muchos deseos de volver.

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Portofino 31

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