Los cafés de París / El Nuevo Herald

En El Nuevo Herald sobre un tema que me es familiar: los cafés de París. Por supuesto, hablo de aquellos que han ganado sus blasones a lo largo de la Historia en detrimento de los cafés que realmente frecuentamos cada día. Imposible abarcarlos todos en el un mismo artículo y esperando hablar de otros en una nueva oportunidad.

Enlace al Nuevo Herald: Los cafés de París

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El café Des Deux Moulins,   casi protagonista del exitoso filme francés Le fabuleux destin d'Amélie Poulin.

El café Des Deux Moulins, casi protagonista del exitoso filme francés Le fabuleux destin d’Amélie Poulin.

Los cafés de París

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© William Navarrete

Nada más parisino que los cafés y sus terrazas. Cafeses en los que se ha escrito parte de la historia de Europa, que han visto surgir grandes obras, movimientos artísticos, donde se le ha dado cuerpo a ideas y nombre a muchas cosas. Quien no se haya dado cita en un café de París, quien no haya arreglado el mundo en una de esas mesitas redondas expuesto a que un camarero gruñón le suelte una grosería, y en el mejor de los casos, una amable sonrisa, quienes no se han sentado a leer o simplemente a ver la gente pasar desde una terraza de café de esta ciudad no la ha vivido realmente como quienes la habitan.

Se dice que Le Procope, fundado en 1689 por el siciliano originario de Palermo Francesco Procopio dei Coltelli, es el primer café del mundo. No sé si tal aseveración es demasiado arriesgada, pero de lo que sí no cabe duda es que fue el primer café literario de París. Allí se daban cita con amigos y colegas Voltaire, Rousseau, La Fontaine, Balzac, Victor Hugo y muchos más. También los actores de la política desde finales del siglo XVIII como Robespierre, Danton, Marat y el propio Bonaparte. Fue declarado monumento histórico en 1962 y en el horario de merienda la planta baja reserva una sala a café. Durante los almuerzos y cenas los salones de sus dos pisos se convierten en restaurante. Los platos no tienen nada del otro mundo, pero la gente viene por la historia y los personajes que ha visto desfilar. Los precios no son tampoco excesivos: un expreso cuesta 2, 90 € y un capuccino 4, 70 €.

Situados en el mismo barrio que Le Procope, en el bulevar de Saint-Germain, dos instituciones de finales del siglo XIX: el Café de Flore fundado en 1887 y el Deux Magots en 1885. Al primero de ellos venían siempre Apollinaire y sus amigos André Breton, Louis Aragon y Max Jacob. Luego, en los años 1930, Jacques Prévert, Léon-Paul Fargue, Bataille, Picasso, los hermanos Giacometti, Truman Capote, entre otros. Por último, en los cincuenta, era casi el recibidor de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir con su cohorte de existencialistas. Su propietario actual, de origen serbio, creó en 1994 un premio literario que lleva el nombre del café otorgado por un jurado compuesto por periodistas a algún joven autor prometedor. En el Flore un expreso le costará 4, 40 €, un capuccino 7 € y un chocolate caliente 8, 50 €.

A apenas unos metros del anterior, Les Deux Magots fue el sitio predilecto de Verlaine, Rimbaud, Mallarmé, Elsa Triolet y Gide. También el de los Surrealistas quienes crean en 1933 el premio “Les Deux Magots” para burlarse del muy académico Goncourt. Lo frecuentaron asimismo André Breton, Robert Desnos, Raymond Queneau y era el sitio predilecto de Ernest Hemingway. Los “magots” son dos figurines chinos que adornan la única sala del café. La terraza ofrece una vista de la iglesia románica de Saint-Germain-des-Près y en verano suelen extenderla sobre la acera a lo largo de la calle Bonaparte. Un expreso le costará 4, 20 euros, el chocolate caliente a la antigua (que considero junto con el de Angelina el mejor de París) vale 7 € y cualquier infusión 6 €.

A esta parte de París se le conoce como Rive Gauche por estar en la orilla izquierda del Sena. Abundan los cafés de estudiantes cerca de La Sorbonne, en el llamado Quartier Latin (Barrio Latino), llamado así porque hasta el siglo XVIII la lengua corriente entre los universitarios era el latín. Un poco más lejos, en Montparnasse, se instalaron los bretones que llegaban de una Bretaña empobrecida buscando trabajo en París y los americanos que atravesaron el Atlántico durante las primeras décadas del siglo XX en pos de aventuras y de vida bohemia.

Entre los célebres cafés de Montparnasse que ofrecen también servicio de restaurante, se encuentran La Rotonde, Le Dôme y La Coupole. Los tres evocan formas redondeadas y forman una tríada inseparable. El primero de ellos fue fundado en 1911 por Victor Libion y se convierte en la década de 1910 en el sitio frecuentado por Picasso, Braque, Derain, Kisling, Fujita, entre otros artistas célebres. Le Dôme, el más antiguo de los tres, abrió en 1898 y se convirtió en el sitio de reuniones literarias y artísticas de la colonia norteamericana de París. Lo evocan en sus obras Ezra Pound, Anaïs Nin, Aleister Crowley, Henry Miller, Sartre, Hemingway… Por último, La Coupole, el más espacioso y probablemente una de las salas más grandes de París, verdera joya del art-deco francés, fue fundado en 1927 por dos emigrantes de Auvernia. Las columnas forman parte del patrimonio monumental de París pues fueron pintadas por grandes artistas de las vanguardias. Entre sus habitués se hallaban De Chirico, Picasso, Kisling, Man Ray, Soutine, Léger, Derain, aunque también venían semanalmente Josephine Baker, Louis Aragon, Elsa Triolet, André Breton, James Joyce, Mistinguett… En 1984, Chagall celebra su cumpleaños en la mesa 73. Fuera de los horarios de comidas se puede venir simplemente a tomar un trago en su célebre barra llamada “a la americana”.

Siguiendo el bulevar de Montparnasse, antes de que se convierta Port-Royal, La Closerie des Lilas era una guinguette (cabaret campestre) de finales del XIX. Entre los pintores de la bohemia de Montmartre que se cansan del ambiente de la colina y comienzan a frecuentar la terraza de este café se hallan Renoir, Monet y Bazille. También vienen Verlaine y Baudelaire, y más tarde el poeta Paul Fort crea sus célebres “Martes de poesía”. En 1905, durante una de esas reuniones cobra forma la idea del cubismo. Los pensadores de izquierda tuvieron siempre predilección por el sitio. Entre ellos era frecuente encontrarse con Trotsky y a Lenin y el propio Hemingway escribió allí parte de sus mejores libros de la década de 1920. Hubo luego un club cinematográfico que proyectaba películas a las que asistían Orson Welles, Tino Rossi, Jules Renard y hasta el Shah de Irán.

Atravesemos el Sena, visitemos entonces algunos de los garndes cafés de la Rive Droite. El primero de ellos, por hallarse en la céntrica plaza de Châtelet, al pie de dos grandes teatros, es el Zimmer. Fue decorado recientemente por Jacques García, y se fundó como cervecería en 1870 por alsacianos que llegaron a París tras la guerra francoprusiana. Por estar en el ámbito de los Teatros de la Ville y Châtelet lo frecuentaban Jules Verne, Marcel Proust, Toulouse Lautrec, Stravinski, Céline, Diaghiliev, Mahler, Strauss, Debussy, Zola, Nijinski, entre muchos más.

Ahora nos dirigimos al área de la famosa Opera Garnier. Casi al mismo tiempo que el más prestigioso templo del bel canto parisino, en el espíritu del Segundo Imperio, surge el Café de la Paix, inaugurado en 1862 e indisociable del Grand Hotel. Opera y café riman con personalidades del mundo artístico. Tienen mesas reservadas cada vez que asisten a la ópera Marlène Dietrich, André Gide, Oscar Wilde, Marcel Proust, Emile Zola, Guy de Maupassant, Massenet, Tchaikovski y muchos más. Un expreso 6 €, un capuccino 9 € y el chocolate caliente 12 €.

Al norte de París, en la populosa Plaza de Clichy, encontramos Le Wepler con más de setenta años de existencia. Debe su renombre a Picasso, Modigliani, Apollinaire y Utrillo que pintan en Montmartre y suelen bajar al café cuando terminan sus jornadas. Más tarde, a principio de los años 1930, Henry Miller lo incluye entre sus lugares preferidos y hasta lo coloca entre los sitios que ambientan su libro Días tranquilos en Clichy. La tradición literaria se mantiene pues hace más de diez años se creó, en asociación con la librería des Abbesses, el Premio Wepler de literatura para premiar a autores no conocidos y lejos del circuito comercial de la Rive Gauche. El café a 2, 50 €, el capuccino a 4, 60 € y el chocolate caliente igual.

Imposible mencionar todos los cafés de renombre. Los hay incluso relativamente recientes pero que no dejan indiferentes a los visitantes, ya sea por la decoración original o porque ya forman parte de la historia de la ciudad. En uno de los soportales del Louvre el famoso Café Marly, en el claustro de un antiguo convento cerca de la Estación de Este el Café A, en la calle de Lépic, antes de comenzar el ascenso de Montmartre, el Café des Deux Moulins, donde fue filmada la taquillera película El fabuloso destino de Amelie Poulin.

A los cafés habría que añadir los famosos salones de té de la Ciudad Luz. De estos hablaremos en otra oportunidad.

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