En El Nuevo Herald, escribo sobre Maira Landa

Hoy escribo en El Nuevo Herald sobre Maira Landa, escritora cubana afincada en Puerto Rico a quien tuve el placer de conocer este invierno del otro lado del Atlántico. Aquí les dejo un Sujeto sobre su obra y vida:

Pulsar: Maira Landa: una opera prima de gran expectativa

Maira Landa, una opera prima de gran expectativa

© William Navarrete

El Nuevo Herald, 7 de abril de 2013

Escritora, empresaria, líder cívica, Maira Landa, nacida en La Habana, sorprendió a muchos cuando publicó su novela Concierto para Leah (Editorial Pasadizo, 2010) que quedó entre los diez finalistas del premio Planeta de 2009. El exitoso libro – tres ediciones en menos de año después de publicado – le valió el Premio del PEN Club de Puerto Rico, en 2011.

Su trayectoria ha sido bastante original pues es alguien que se ha especializado en el mundo empresarial, aunque estudió en la Universidad del Sagrado Corazón de San Juan de Puerto Rico un máster de Creación Literaria. Esas inquietudes por las letras la llevaron a ganar varios certámenes de cuentos y poesías (como el Manuel Joglar Cacho en 2006), así como a animar en su ciudad de adopción el programa radial “Tardes de Tertulia”, dedicado a la literatura.

También fue presidenta de la Junta de Directores del Salón Literario Libroamérica, celebrado en Puerto Rico, en 2010. También colaboró durante dos años para el periódico El Nuevo Día, principal publicación en español de esa isla caribeña.

En reciente presentación en Miami la autora recuerda lo que justifica tal vez su interés por la literatura. “Tras mi maestría en Creación Literaria descubrí que es la escritura lo que deseo acapare el resto de mi vida”. En aquella ocasión aclaró que considera que el autor debe cumplir dos funciones, que no basta con entretener al lector sino que debe convertirse también en un trasmisor de mensajes en el mejor estilo humanista, una enseñanza de vida, un portador de conocimientos.

Concierto para Leah fue presentada por primera vez al público en el Teatro Tapia del Viejo San Juan, en diciembre de 2010. En esa ocasión la actriz cubana Marilyn Pupo escenificó momentos de la novela. En ella resume un pasaje doloroso de la historia: la negativa en 1939, por parte del gobierno del presidente cubano Federico Laredo Bru, de recibir a la tripulación del Saint Louis, un barco porcedente de Hamburgo en que viajaban gran cantidad de judíos. Entre ellos sitúa a sus cuatro protagonistas: una pareja con sus dos hijas menores. El barco estuvo fondeado varios días en el puerto de La Habana hasta que su capitán recibió de levantar el ancla y abandonar las aguas territoriales cubanas. Por el camino no encontraron tampoco asilo en los Estados Unidos.

La historia comienza en la Alemania nazi, exactamente en la ciudad de Bremen, cuando ya se vislumbraban las intenciones de Hitler, continúa con el viaje frustrado en el Saint Louis al que seguirá una estancia en el París de los días de la ocupación y la consecuente deportación de la familia que terminará en Auschwitz.

“Mientras escribía la novela visité Polonia. Muchas de las descripciones de Auschwitz-Birkenau y de la ciudad de Cracovia las realicé in situ“, me comenta. “Ese campo de exterminio es hoy día un Museo, pero a pesar de las seis décadas y media trascurridas se respira aún el aire de la muerte”, expresa días antes de presentar su novela en el Museo del Holocausto de Buenos Aires.

Leah, la protagonista, es violinista. Se aferra a su Guarneri como último recuerdo de la vida anterior a la desolación y al exilio. La obra, en este sentido, se convierte en una novela musical, compuesta por cuatro movimientos y una coda. La Meditación de Thaïs, un solo de violín presente en la ópera Thaïs del compositor romántico francés Jules Massenet, es parte visceral de Concierto pata Leah.

Los motivos por los que decidió incluir esta pieza en el epicentro de su trama los explica la autora: “Por una parte debido al gran lirismo y la belleza de su melodía, por otra, su analogía entre la protagonista de la ópera y la de mi novela, pues ambas mujeres se enfrentan a un proceso de meditación ante la vida que deben afrontar si desean salvar cuerpo y alma”.

La música es entonces el diapasón de la trama. Hay un momento, en medio del horror que Leah vive en el campo de exterminio, que víctima y verdugo comulgan en la misma capilla ardiente de la pasión por la música. Sabido es que muchos nazis tenían particular predilección por este arte. La escena en que Leah es forzada a tocar su violín ante el sanguinario Doctor Mengele, conocido como “Doctor Muerte”, es muy elocuente. Los personajes que desde nuestro tiempo desenterrarán toda la historia, son también músicos.

La música no está exenta de la cotidianeidad de Maira Landa. “A mi esposo y a mí nos encanta la ópera”, revela. “Nuestros viajes más memorables han sido aquéllos en los que hemos podido asistir a conciertos, ya sea en las Arenas de Verona, en las termas romanas de Caracalla, en el Royal Opera House de Londres, o en L’ Scala de Milán”. Evoca, entre sus momentos musicales inolvidables un viaje a Mallorca que coincidió con el célebre Festival Chopin en esa isla del archipiélago de las Baleares

Maira Landa se considera una viajera irredenta. “He recorrido medio mundo pero me gusta investigar y documentarme mucho antes de visitar cualquier sitio”. De hecho, viajar, leer y escuchar música son sus pasatiempos favoritos.

Me muestra con orgullo la fotografía que acompaña su libro, realizada por el fotógrafo argentino Daniel Mordzinski. Ironías de la vida tal vez, me digo, pues en estos días acabamos de enterarnos de la manera irresponsable en que el diario francés Le Monde ha echado a la basura miles de clichés tomados por este fotógrafo durante los 27 años de colaboración entre el periódico español El País y el diario francés en cuya sede Mordzinski guardaba sus archivos. Por suerte, las fotografías que le tomó a Maira Landa han quedado a buen recaudo y no han sufrido el mismo destino que miles de imágenes valiosas de artistas y escritores del mundo, ahora ya irrecuparables.

La literatura sobre el Holocausto ha sido abundante, pero siempre será insuficiente en proporción con lo que representó semejante barbarie. Maira Landa puede sentirse orgullosa de haber contribuido a que la memoria perdure, a que no olvidemos a las víctimas de este atropello. Su primera novela nos deja ante una gran expectativa: ha nacido una escritora y esperamos ansiamos ver la continuación de su obra.

Landa 1

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